20/04/2026
El Evangelio de este domingo, según san Lucas (cf. Lc 24), nos introduce en uno de los relatos más cercanos y significativos de la experiencia pascual: el camino de los discípulos de Emaús. En él se revela el itinerario interior de todo creyente, especialmente cuando atraviesa momentos de crisis, desilusión o pérdida de esperanza.
A lo largo del camino, los discípulos expresan su decepción: “nosotros esperábamos…”. Es la voz de la frustración, de la esperanza herida, del desconcierto ante lo que no salió como se esperaba. También nosotros, en más de una ocasión, transitamos nuestro propio Emaús. Sin embargo, el Resucitado se hace compañero de camino: se acerca, escucha, y con su Palabra ilumina el sentido de lo vivido. Y finalmente, reconocerlo en la fracción del pan.
Por eso, aprender a descubrir su presencia en la Eucaristía y permanecer en la comunidad —sin “alejarnos de Jerusalén”— es fundamental. El creyente no puede sostener su fe en soledad; lejos de Cristo y de la comunidad, fácilmente aparece la desolación.
Hoy también el Señor camina con nosotros: en nuestras dudas, en nuestras crisis y en nuestras pérdidas. Y nos invita a tres actitudes fundamentales:
1. Reconocer su presencia en el camino
2. Escuchar su Palabra que ilumina
3. Reconocer su presencia en la Eucaristía
Señor, quédate con nosotros.
Abre nuestros ojos para reconocerte.
Haz arder nuestro corazón con tu Palabra.
Y concédenos la gracia de vivir en comunidad y de volver siempre a ti.
Amén.