Misión San Pablo Apóstol

Misión San Pablo Apóstol Cristianos, Luteranos, Conservadores, Libres y Vivientes...

“…desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación,” (1 P...
01/05/2026

“…desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación,” (1 Pedro 2:2)

Una de las etapas más hermosas de la vida es la niñez. La vida que se tiene está marcada por la aventura y el aprender siempre algo nuevo. Incluso para los que son espectadores, la niñez está caracterizada por todo un futuro sin suceder que, por algunos años, puede esperar. Esta hermosura, no obstante, solo es posible cuando el contexto en el que se desarrolla la infancia tiene cubiertas, o al menos cuidadas, todas las necesidades integrales del menor.

La Resurrección de Jesús fue el milagro que hizo posible a través de hechos históricos un nuevo nacimiento. Los que morimos con Cristo en el Bautismo somos resucitados con Él a una nueva vida que puede extenderse por años en este mundo. De muchas maneras, iniciarse en los caminos del Señor es verdaderamente un volver a dar los primeros pasos de esto que llamamos vida cristiana. Y de la forma en la que un niño se conoce a sí mismo conociendo a su familia, también aprendemos más de nuestra condición al conocer a nuestros hermanos para juntos crecer en el conocimiento último de nuestro Dios. Todo esto es posible, no obstante, solo porque Jesús ya se ha encargado de todos aquellos elementos y garantías que posibilitan un crecimiento cristiano pleno. De éstos, el más importante es, ciertamente, nuestra eternidad. Pues solo así, como hijos del Padre y hermanos de Cristo, podemos aventurarnos en el misterioso mundo de la vida en Él sabiendo que un día comenzaremos una nueva travesía en gloria que nunca tendrá fin.

—Oración de la Noche—

Gracias, Señor, porque me has hecho hijo tuyo. Porque me has dado una vida en Cristo tan hermosa como la niñez, y porque puedo aventurarme en ella porque tu Hijo ha cuidado de todos los detalles Ayúdame en mis pasos y dirígelos. En Cristo Jesús, Amén.

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“…El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió; y el que me ve, ve al que me envió. Yo, la luz, he venido a...
29/04/2026

“…El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió; y el que me ve, ve al que me envió. Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas.” (S. Juan 12:44–46)

Las aplicaciones de los dispositivos móviles son intrincados de código impresionantes que resuelven muchas de nuestras necesidades funcionales. Lo increíble es que cualquier persona puede hacer uso de ellas sin necesitar grandes conocimientos de la ciencia computacional. Todo a través de un click en los íconos y botones interactivos.

La Resurrección de Jesús es por sí mismo el milagro más hermoso de toda la historia y existencia cristiana. Es la victoria de todo creyente sobre las asechanzas del maligno y el Averno, y es la razón por la que siempre somos más que vencedores. Sin embargo, para el resto de personas en este mundo, la Resurrección ha sido una bofetada de argumentos —en el mejor de los casos— contra su incredulidad, si no tomamos en cuenta que la mayoría de nuestros conocidos y amigos ni siquiera han oído del Nombre de Jesús. En este contexto, nuestro testimonio se vuelve la primera oportunidad que ellos tienen de comenzar a dibujar a la Persona de Jesús. Y es que aún si no le conocen a Él directamente, al menos deberían poder entender que es posible vivir de forma diferente, que el gozo es posible a pesar del dolor, y que hay algo más allá de la sepultura. Lo crucial es que este mostrarse hacia otro no sea un mero ejemplo sino un verdadero testimonio, para que sea Cristo a quien conozcan y no a nosotros, que perciban su misericordia y su interés en su eternidad hasta que por su Palabra puedan venir a Él cara a cara.

—Oración de la Noche—

Gracias, Señor, porque me has hecho mensajero tuyo para testimonio a las naciones. Ayúdame a mostrar a Cristo y a ser imitador suyo para que muchos más te conozcan. En Cristo Jesús, Amén.

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“…Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las vi...
28/04/2026

“…Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable…” (I Pedro 2:9)

El protocolo real inglés estipula que en el momento en el que el monarca muere, su hijo o hija mayor, y heredero, le sucede inmediatamente en el trono del Reino Unido. Sin embargo, tan solo unas horas después del fallecimiento, la ley requiere que el nuevo soberano sea proclamado públicamente aún cuando, por derecho, ya es rey, y a pesar de que pasa más de un año de luto hasta que la coronación tiene lugar.

La Resurrección de Jesús es el ejemplo y primicia de la más grande aspiración cristiana. Todos cuantos hemos creído y esperado en Él, aguardamos con emoción y expectativa el día en el que la gloria que hace dos mil años irrumpió en su tumba, venza también nuestros sepulcros y nos revista de inmortalidad. La existencia cristiana, no obstante, es un tanto más compleja. Pues desde el momento en que somos sepultados con Jesús en el Bautismo, o somos convertidos de muerte a vida por el Evangelio, somos por derecho y en toda plenitud, cristianos e hijos de Dios. Este detalle es importante especialmente porque a veces nuestro caminar en el mundo no parece ser muy distinto al de los demás. No por nuestro pecado exclusivamente, sino porque también nosotros sufrimos por los ataques del maligno. Es decir que aunque no lo parezca, en Cristo Jesús somos plenamente hijos y herederos por derecho y mérito suyo. Y de igual manera esto aplica a nuestra victoria, pues aun cuando tengan que pasar siglos para que nuestro sepulcro sea abierto, la gloria de Cristo ya es nuestra gloria, y su eternidad es también la nuestra.

—Oración de la Noche—

Gracias, Señor, porque fui hecho hijo tuyo desde el día que me llamaste, y aunque aun falte tiempo para estar en tu gloria. Ayúdame a estar cierto de la victoria de tu Hijo aún cuando el mundo lastime. En Cristo Jesús, Amén.

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“A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos… a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dio...
27/04/2026

“A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos… a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.” (Hechos 2:32, 36)

Por siglos, todo acto o mandato oficial debía estar adecuadamente respaldado por un sello real. En tiempos en los que la comunicación inmediata era muy limitada, era esencial tener una garantía que legitimara todo lo que se hacía o decía. Especialmente porque muchas veces las relaciones entre regiones y súbditos con las coronas no era la mejor, sin mencionar que muchos abusos se cometieron ilegítimamente a nombre de los reyes.

La Resurrección de Jesús fue un milagro sin duda maravilloso. Un hecho que confirmó el poder del Señor, y que exhibió públicamente a los que dudaron de su Palabra. Este acto increíble, no obstante, no fue una invención de Jesús. A lo largo de los siglos el Espíritu había ido desarrollando toda una argumentación histórica y profética que diera legitimidad a la Resurrección. Y es que, además de darle un sentido muchísimo más profundo a los Salmos de David, la Tumba vacía vino a cumplir las Escrituras que hablaron de ella y, al mismo tiempo, se sirvió de ellas para reiterar que Cristo Vivo era más que otro simple truco de un charlatán o sus conspiradores. Por eso San Pedro en su primer Sermón dijo claramente que Jesús no solo “resucitó,” sino también que “fue resucitado" por el mismísimo que ahora le hacía Señor y Cristo. Así, la Resurrección no fue el hecho de un solo hombre, sino el milagro legitimado por el Padre, profetizado por el Espíritu, y ejecutado por el Hijo de vida.

—Oración de la Noche—

Gracias, Señor, porque la Resurrección confirma las Escrituras y reitera tu fidelidad por las edades. Ayúdame a ir conociendo más de tus promesas y a ver su cumplimiento en la Resurrección. En Cristo Jesús, Amén.

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“Nosotros amamos porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19).Juan le escribe a una comunidad confundida y herida, recordánd...
26/04/2026

“Nosotros amamos porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19).

Juan le escribe a una comunidad confundida y herida, recordándoles que el amor verdadero no nace del corazón humano sino del corazón de Dios. Qué lindo sabes que no hay que fabricarlo, ni producirlo. Esta es una verdad liberadora: “Dios nos amó primero”. Y toda capacidad de amar viene de la iniciativa de Dios, no de nosotros. Y esta palabra nos consuela no solo por nuestra vida diaria, sino especialmente cuando pensamos en esos seres queridos que hoy están lejos de Dios.

A veces duele ver a alguien desconectarse de la fe, alejarse de la iglesia, perder el rumbo o cerrar el corazón. Uno quisiera hacer algo, forzar un cambio, dar el consejo perfecto… pero este versículo nos recuerda algo más grande: el amor de Cristo llega antes que cualquier intento humano. Eso significa que ese ser querido que amas —aunque hoy esté lejos— no está fuera del alcance del Resucitado. Cristo lo amó primero. Cristo sigue amándolo hoy. Cristo sabe cómo llegar a lugares donde tus palabras no entran. Y donde tú solo ves distancia, Él ve un camino abierto por Su gracia. Descansa en esta buena noticia: el amor que hay en tu corazón no es fruto de tu fuerza ni de tu disciplina, sino obra del Cristo resucitado que te amó primero. Su amor sostiene tu fe, renueva tu ánimo, te capacita para amar y te recuerda que cada paso lo das sostenido por Él. Entonces, ¿cómo vivo yo, sabiendo que Jesús resucitó y sigue presente aquí mismo? Vivo amando sin cargar la presión de producir amor por mi cuenta. Capacitados por el Espíritu, podemos vivir descansando en que Jesús resucitado nos amó primero, nos sigue amando hoy y, desde ese amor fiel, sostiene nuestra vida y también obra en los corazones que no podemos alcanzar.

- Oración de la Noche-
Padre nuestro, gracias porque Jesús resucitado me amó primero y porque Su amor tiene poder para buscar a los desconectados, alcanzarlos y traerlos de vuelta. En el nombre de Jesús, amén.

Diaconisa Noemí Guerra
© Copyright 2026 Cristo Para Todas Las Naciones

“Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo h...
25/04/2026

“Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré. Jesús le dijo: ¡María! Volviéndose ella, le dijo: ¡Raboni! (que quiere decir, Maestro).” (S. Juan 20:15--16)

Una de las escenas más icónicas de cualquier historia dramática audiovisual es la que incluye una bofetada. De hecho, los actores más renombrados son los que las ejecutan sin necesidad de trucos. Una bofetada, no obstante, a veces puede ser una herramienta (no muy recomendable) como estímulo físico brusco para “sacar” a una persona momentáneamente de un estado de bloqueo.

La Resurrección de Jesús fue la muestra más visible del llamamiento de vida que nuestro Dios ha hecho a cada cristiano que ha mu**to con su Salvador. La vocación cristiana, antes que otra cosa, es una vocación o llamado a la vida, la cual no solo se muestra en nuestro evangelismo y quehacer cotidiano, sino que se vive en abundancia conforme quitamos de nosotros los, a veces testarudos, residuos de nuestra pasada mortalidad. Esto es lo que de una forma mute especial sucede en nosotros cuando escuchamos la voz del Señor. Al igual que cuando Jesús llamó a María mientras lloraba, a menudo el Señor precisa llamarnos con firmeza en su Palabra para así sacarnos del camino en el que seguramente estamos cayendo. Lo triste es cuando las Palabras de nuestro Dios no bastan, y es necesario que su creación —llámese gobierno, salud, o naturaleza en sí— nos haga reaccionar. Cualquiera sea el caso lo más importante que nos enseña el Cristo resucitado es que una vez que las palabras o la bofetada nos saquen de estado de bloqueo espiritual en el que estamos, a quien veremos claramente delante de nosotros será al hermoso Jesús que nos lleva de muerte a vida.

—Oración de la Noche—

Gracias, Señor, porque me sacas de mis bloqueos espirituales o emocionales. Gracias porque Te interesas en mis eternidad. Y porque sé que una vez devuelto es a Jesús a quien encuentro. En Cristo Jesús, Amén.

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“El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.” (S. Juan 6:54)Una de ...
24/04/2026

“El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.” (S. Juan 6:54)

Una de las características más destacadas del cine y la televisión de buena parte de la segunda mitad del s.XX fue ofrecer más que solo diversión. Muchas de las inolvidables proyecciones más importantes del entretenimiento norteamericano incluyeron como acompañamiento, y a veces como argumento, las hermosas obras del arte clásico musical con el noble fin de enriquecer a las infancias y acercarlas al arte internacional.

La Resurrección de Jesús fue el evento histórico en el que nuestro Dios expresó la plenitud de sus promesas y la nueva realidad posibilitada por la victoria de su Hijo en la Cruz. Es natural que nuestra primera aproximación a tan sublime manifestación divina sea desde la crudeza que todavía representa para nosotros la crucifixión. Las lágrimas de quienes vieron al Señor después de aquel hermoso domingo, ciertamente eran por el gozo de volver a verle, pero sin duda seguían estado informadas por todo el dolor que hasta hacía unos días habían vivido con Él. La Resurrección, no obstante, es más que otra parte del existir humano. Es por sí misma la introducción de la vida en el mundo, y el acercamiento tangible y experimentable de la eternidad y su gloria a la ignorancia humana. Cercanía por la que hoy vivir por siempre en plenitud no es más un simple anhelo sino una realidad.

—Oración de la Noche—

Gracias, Señor, porque en la Resurrección de tu Hijo acercaste a mi condición la eternidad en gloria que solo a ti pertenece. Gracias porque puedo vivirla desde hoy y porque camino hacia esa realidad. En Cristo Jesús, Amén.

[Image: free-images.com]

“Acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: Pero ¿entiendes lo que lees? Él dijo: ¿Y cómo podré, si al...
23/04/2026

“Acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: Pero ¿entiendes lo que lees? Él dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? Y rogó a Felipe que subiese y se sentara con él.” (Hechos 8:30–31)

Una de las características epistemológicas más importantes de la adquisición de conocimiento es su individualidad. El conocimiento científico, por ejemplo, comienza y sucede primero en la mente del investigador que procesa y analiza la información. Lo interesante, es que cualquiera sea la información adquirida, esta nunca surge en el individuo que la analiza, sino que proviene del exterior en donde se la encuentra.

La Resurrección de Jesús, como dice una antigua liturgia, fue la restauración de la vida como imperativo divino para su pueblo, que vino después de que el Señor venciera a la muerte en la Cruz. La razón por la que los cristianos pensamos, vivimos, y esperamos diferente es porque nuestra nuevo entendimiento, nuestra nueva vida, y nuestra nueva esperanza han venido de un milagro completamente distinto al que impera en el resto del mundo. El detalle es que, al ser tan sobrenatural, entenderlo, vivirlo y esperarlo no sucede de un momento a otro en el que escucha de ello. La fe y vida de Cristo no simplemente aparece en el ser humano. La Escritura, por tanto, es el eslabón faltante o vínculo entre el que percibe y lo que es percibido. A través de esa misma Palabra por la que fue hecho el universo, el Espíritu de Dios subjetiviza la verdad eterna de Dios para que verdaderamente se vuelva nuestra. Y así, también la vida que histórica y objetivamente reinauguró Jesús en su Resurrección puede vivirse en parte desde ahora, hasta el día en que se haga también nuestra vida sobrenatural y eterna en gloria.

—Oración de la Noche—

Gracias, Señor, por la bendición del Texto bíblico. Porque en él tu has roto la distancia entre tu gracia y mi condición, y porque en la Escritura los dones de Cristo se vuelven míos. Ayúdame a conocer más y más de tí. En Cristo Jesús, Amén.

[Image: free-images.com]

“Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os da...
22/04/2026

“Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará;” (S. Juan 6:27)

La cultura vegana, es uno de los movimientos socio-alimenticios más controversiales de nuestro tiempo. A diferencia de un vegetariano, una persona vegana evita comer cualquier alimento de origen animal. Su dieta se basa en semillas, cereales, frutas y verduras, junto con otros alimentos artificiales. El problema de esta dieta no es que no ofrece los nutrientes necesarios para quien la ejerce, sino que en la mayoría de los casos, lleva a la muerte.

La Resurrección de Jesús fue el milagro que vino a cristalizar y posibilitar la nueva vida que Jesús estableció con su cuerpo y su sangre en la Eucaristía. Cualquier escéptico de Jesús antes de su Resurrección habría puesto en duda que tuviera el poder de dar vida eterna. Después de todo, hasta entonces ni siquiera en el Israel de las Escrituras casi ningún personaje había esquivado a la muerte. Si la misma Creación en decadencia con esfuerzo logra sostener nuestra vida con sus nutrientes —cuando bien consumidos— ¿Cómo podría un hombre mortal ofrecerse a sí mismo para dar vida a otros? La diferencia entre el alimento de este mundo y el pan y vino que el Señor nos participa en su mesa, es que es el cuerpo y la sangre del único ser viviente que ha vencido a la muerte y a establecido por su Persona en victoria un nuevo alimento que permanece para siempre. Y, con ello, aun cuando nuestra dieta humana eventualmente no consiga sostenernos, la vida en Cristo permanece para el día postrero.

—Oración de la Noche—

Gracias, Señor, porque me nutres con la eternidad natural a tu Hijo mediante mi participación de su mesa. Ayúdame a vivir para siempre en la victoria de la Resurrección. En Cristo Jesús, Amén.

[Image: free-images.com]

“…¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces? Nuestros padres comieron el maná en el des...
21/04/2026

“…¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces? Nuestros padres comieron el maná en el desierto… Y Jesús les dijo…No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo.” (S. Juan 6:30-32)

Una de las acciones más desesperantes de cualquier gobierno ante una tragedia es la condena pública de los hechos. Palabras supuestamente cargadas de severidad que lo único que consiguen es expresar el posicionamiento del sector público, pero ni consiguen justicia ni resarcen el daño causado. Esto empeora cuando, además, ninguna acción concreta ocurre después de la condena pública, una omisión que hace aún más vacías las palabras previas.

La Resurrección de Jesús como acto divino de confirmación, vino a dejar en claro que todo lo que Jesús había dicho como un simple maestro de Israel había resultado verdadero ante la cara de los peores de sus desertores. Su predicación había sido demostrada como poseedora de la autoridad que tanto se había resistido, sus milagros y señales habían resultado más que solo charlatanería y su blasfemia cada vez lucía más como verdadera profecía. El Señor, no obstante, había dicho y hecho mucho más que cosas increíbles entre Israel. Jesús había prometido la salvación y vida eterna que la humanidad había esperado por milenios. Tan altísima promesa, requería de algo más que solo palabras para ser relevante a un mundo caído. Un milagro que diera cumplimiento al Templo y pasara por encima de la muerte, y que, consiguientemente, fuera ejecutado por alguien mayor a un mero hombre de grandes palabras. La resurrección es ese milagro que fundamenta a nuestra fe y hace de ella más que solo creer.

—Oración de la Noche—

Gracias, Señor, porque en la Resurrección de tu Hijo confirmaste y ejecutaste todas tus promesas para mi salvación. Ayúdame a vivir sobre esa certeza y a saberme salvo por su victoria. En Cristo Jesús, Amén.

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“Y pusieron testigos falsos que decían: Este hombre no cesa de hablar palabras blasfemas contra este lugar santo y contr...
21/04/2026

“Y pusieron testigos falsos que decían: Este hombre no cesa de hablar palabras blasfemas contra este lugar santo y contra la ley; pues le hemos oído decir que ese Jesús de Nazaret destruirá este lugar, y cambiará las costumbres que nos dio Moisés. Entonces todos los que estaban sentados en el concilio, al fijar los ojos en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel.” (Hechos 6:13-15)

Las campañas de desprestigio son una herramienta para desestabilizar y, potencialmente, vencer sin confrontar a un contrincante o argumento contrario para el cual no se tiene contrargumentos o evidencias mejores. Son muy usadas en la política y demás pugnas irracionales porque son más fáciles de implementar que la aceptación de errores o deficiencias en el discurso propio. Por ello no solo son muestras de cobardía sino también de ignorancia.

La Resurrección de Jesús fue lo peor que le pudo haber pasado a la Sinagoga de Satanás desde el primer siglo y hasta nuestros días. Todo el discurso de menosprecio y condena al ministerio del Señor había sido exhibido públicamente por la Tumba vacía pues el que se había hecho a sí mismo Dios acaba de demostrar que lo era, y el que se decía Salvador de Israel había justo restregado en la cara del Sanedrín su victoria. Lo más triste de la maldad humana y su arrogancia es que la Cruz y el Sepulcro, en lugar de ser la oportunidad perfecta para que ante el error los hijos de Satanás se arrepintieran, lo mejor que pudieron hacer desde su humillación fue idear toda una campaña de desprestigio, tan cobarde y de ostentosa ignorancia, en la cual el miedo y la desinformación del pueblo lograrán lo que sus inexistentes argumentos jamás podrían. Sin embargo, aún así tanto San Esteban como, eventualmente, San Pablo serían alcanzados y redimidos por aquel que habiendo vencido a la muerte, ha vencido a Satanás, sus hijos y sus sinagogas continuamente y hasta su regreso en Gloria.

—Oración de la Noche—

Gracias, Señor, porque tu Palabra vence aún sobre el juego sucio y cobarde. Gracias porque tu Evangelio alcanza a los que están en medio de ignorancia y cobardía. Fortaléceme en tu Verdad. En Cristo Jesús, Amén.

[Image: free-images.com]

“Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas Él se desapareció de su vista. Y se decían el uno al otro...
20/04/2026

“Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas Él se desapareció de su vista. Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?” (S. Lucas 24:31-32)

En nuestro día a día nuestro cerebro procesa millones de datos sensoriales del entorno y construye con ellos nuestra percepción de la realidad. Si bien la mayor parte se almacena subconscientemente, los conscientemente procesados se organizan en distintos sistemas como el recuerdo y la familiaridad. Cuando datos nuevos coinciden con otros ya almacenados de forma especial o inusual experimentamos los famosos ‘Déjà Vu.’

La Resurrección de Jesús fue un acontecimiento tan increíble y sobrenatural, que la mayoría de los discípulos tuvieron que encontrarse con el Señor en carne y hueso —literalmente— para comenzar a creerlo. Lo extraño es que algunos requirieron más que solo Jesús estando presente. El camino a Emmaus fue un recorrido hermoso por el que vemos cuán paciente y presente es el Señor para con los suyos. Un trayecto de máximo tres horas que, aunque pareciera tan interminable como su conversación, no logró hacer que los discípulos reconocieran al que iba con ellos. Tristemente, ni siquiera el Jesús que hacía tres días había mu**to era igual al que ellos habían imaginado durante tres años. Cómo esperar, entonces, que el Cristo Resucitado les fuera familiar. Por ello, esa noche el Señor regresó a la mismísima esencia de su relación con ellos, no una basada en expectativas o ilusiones, sino aquella establecida en su mismo Cuerpo y Sangre. Solo entonces cobró sentido todo lo que habían vivido, y reconocieron al que les había venido. Ese mismo Jesús a la mesa es el que siempre nos acompaña.

—Oración de la Noche—

Gracias, Señor, porque siempre me llevas al fundamento de mi relación contigo en el cuerpo y sangre de tu Hijo. Abre mis ojos a las Escrituras para ver a Cristo Resucitado. En Cristo Jesús, Amén.

[Image: The Emmaus Road II, Daniel Bonnell, 2018]

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