23/05/2026
EN EL SILENCIO EL ESPÍRITU SANTO HABLA
En el Cenáculo no había ruido, había espera.
No había certezas humanas, había promesa de Dios.
No había fuerza, había oración.
María y los apóstoles permanecieron unidos, aguardando el don que Jesús había prometido: el Espíritu Santo. Y allí, en medio del miedo, la fragilidad y el silencio, comenzó a prepararse el nacimiento misionero de la Iglesia.
Pentecostés nos recuerda que Dios no abandona a los que esperan con fe. El Espíritu llega cuando el corazón se abre, cuando la comunidad ora, cuando dejamos que el fuego de Dios venza nuestras sombras.
Hoy también necesitamos volver al Cenáculo:
orar más, confiar más, esperar más…
porque el Espíritu Santo sigue descendiendo sobre quienes se dejan transformar.
Ven, Espíritu Santo.
Enciende nuestra fe, renueva nuestra esperanza
y haznos testigos valientes del Evangelio.