24/05/2026
Domingo de Pentecostés.
Juan 20, 19-23 Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo: Reciban el Espíritu Santo.
* Nos encontramos ante el primer final del evangelio de Juan. Antes de nuestro texto, el evangelio ha relatado la escena del sepulcro vacío (Jn 20, 1-10) y la aparición de Jesús a María Magdalena (20, 11-18). Después, se nos relatará la reacción de Tomás (20, 24-29), la aparición de Jesús en el lago de Tiberíades (21, 1-23) y el segundo final del evangelio, que concluye con una impresionante hipérbole acerca de las acciones del Resucitado, que deja abierta para el creyente la puerta de una relación abierta e interminable con Jesús, Señor de la Vida (21, 24-25).
* En este texto evangélico, que ya aparecía el segundo domingo de Pascua, la acción se sitúa “al anochecer del día de la resurrección”, el domingo, día por excelencia de la asamblea cristiana. Tiene dos momentos: la presencia de Jesús con los discípulos sin Tomás (vv. 19-23) y el diálogo de éstos con Tomás (vv. 24-25). La escena siguiente transcurre “ocho días después”, cuando Jesús vuelve a estar con los discípulos y habla con Tomás (vv. 26-29). Después, la primera conclusión del evangelio (vv. 30-31).
* A nivel eclesiológico (discipular), básicamente es un texto de movimientos, de avances, de transformación: se pasa del miedo a la alegría, de estar cerrados a ser enviados. Nada queda igual después de la Resurrección, se inicia un nuevo itinerario radicalmente transformado y transformador. ¿Sentimos esa nueva fuerza ahora que pasó la Pascua?
* A nivel cristológico, se subraya la bondad de Cristo Jesús, que no sólo no reprocha a sus amigos el abandono y la soledad en que lo dejaron, sino que les regala las primicias de su Pascua: la paz y el Espíritu Santo con el perdón de los pecados. Jesús es el mismo Jesús crucificado, pero también es el Mesías, el Señor, el Hijo de Dios, Dios mismo. ¿Tiene el papel que sin duda merece en nuestra vida?
* A nivel teológico, es impresionante la densa riqueza del misterio de Dios: Padre que envía, Hijo y Señor, Espíritu Santo. ¿Tanto dinamismo de amor de Dios no choca con nuestra modorra espiritual?
* Tres veces repite Jesús el saludo: “La paz esté con ustedes”. La paz y la serenidad interior son una marca de los discípulos “habitados” por Jesús. La paz, que es un don del Resucitado, se vuelve tarea para los discípulos en el envío. ¿Dónde urge trabajar por la paz entre nosotros?
* ¿Qué te sugiere el hecho de que volvamos a encontrarnos “tan pronto” con este texto, que prácticamente abría el Tiempo Pascual y que prácticamente lo cierra? // José Antonio Badiola Sanz de Ugarte.