17/05/2026
SANTOS QUE ILUMINAN NUESTRAS VIDAS.
HOY CELEBRAMOS LA SOLEMNIDAD DE LA ASCENCIÓN DEL SEÑOR.
Hoy, 17 de mayo, Séptimo Domingo de Pascua, la Iglesia universal celebra la Solemnidad de la Ascensión del Señor Jesús al Reino de los Cielos.
Cristo corona su victoria elevándose por entre las nubes cuarenta días después de haber resucitado. Deja, pues, este mundo para volver al Padre.
Dicho acontecimiento –hay que recordarlo siempre– no debe ser entendido como que el Señor deja abandonados a aquellos que lo han seguido. Todo lo contrario. Jesús vuelve al Padre, sí, pero ha de enviar muy pronto al Espíritu Santo, el Paráclito, para que interceda por los hombres y fortalezca a todos los llamados a proclamar el Evangelio
Vivimos el tiempo de la promesa: La Solemnidad de la Ascensión nos dice que Jesús, aunque ascendió al cielo para morar gloriosamente a la derecha del Padre, está todavía y siempre entre nosotros: de ahí viene nuestra fuerza, nuestra perseverancia y nuestra alegría, precisamente de la presencia de Jesús entre nosotros con el poder del Espíritu Santo. Papa Francisco, Regina Caeli, 24 de mayo de 2020. "Necesitamos custodiar el don de la comunicación como la verdad más profunda del hombre, hacia la cual orientar también toda innovación tecnológica." Papa León XIV.
VII Domingo de Pascua: “Enseñen a todas las naciones”
La lectura del Evangelio está tomada del relato de San Mateo (Mt 28, 16 - 20). En este pasaje Jesús se aparece en un monte frente a los discípulos. Algunos de ellos son presa del temor y las dudas aún cuando han sido testigos de los más grandes portentos. Y es que la debilidad humana siempre está presente.
Es justamente en esas circunstancias donde Jesús aprovecha para explicitar cuán grande es su poder, cuán grande es la misión a la que están llamados los apóstoles y que no hay espacio para el desánimo o la melancolía: “Enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Dios Uno y Trino estará con nosotros siempre –no a ratos– “hasta el fin del mundo”. Hay que anunciar y dar testimonio de Cristo sin temor.
Hace más de veinticinco años, San Juan Pablo II reflexionaba en torno al pasaje del Evangelio de hoy: “... Nos lleva de Jerusalén a la región septentrional de Galilea, a un monte. Allí tiene lugar una epifanía de Cristo, en la que el Resucitado se revela a los Apóstoles (cf. Mt 28, 16-20). Se trata de un solemne acontecimiento de revelación, reconocimiento y misión. En la plenitud de sus poderes salvíficos, él confiere a la Iglesia el mandato de anunciar el Evangelio, bautizar y enseñar a vivir según sus mandamientos. La Trinidad emerge en esas palabras esenciales que resuenan también en la fórmula del bautismo cristiano, tal como lo administrará la Iglesia: «Bautizad (a todas las gentes) en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28, 19).” (P. Juan Pablo II. AUDIENCIA GENERAL, Miércoles 10 de mayo de 2000).