Iglesia Cristiana "Sólo Cristo Salva" El Progreso

Iglesia Cristiana "Sólo Cristo Salva" El Progreso Iglesia Cristiana "Sólo Cristo Salva" El Progreso, municipio de Las Margaritas, Chiapas.

Un lugar especial para buscar a Dios y escuchar la palabra que Él tiene para tí en la biblia.

25/08/2026

Devocional del 25 de agosto de 2026

Cómo acercarnos más a Dios

Cada pequeño paso hacia Dios puede llevarnos a una intimidad más profunda con Él.

Salmo 139:1-4 Reina-Valera 1960

1 Oh Jehová, tú me has examinado y conocido.
2 Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme;
Has entendido desde lejos mis pensamientos.
3 Has escudriñado mi andar y mi reposo,
Y todos mis caminos te son conocidos.
4 Pues aún no está la palabra en mi lengua,
Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda.

Pasar tiempo con Dios no ocurre por accidente. Como sucede con cualquier relación significativa, la cercanía con Él requiere intencionalidad y...

Sinceridad en cuanto a nuestra realidad. No podemos acercarnos a Dios fingiendo que todo está bien. Él ya conoce nuestras luchas, dudas y fracasos. Quiere nuestro yo real, no una versión pulida. La confesión no es informarle algo nuevo, sino ponernos de acuerdo con Él sobre nuestra condición.

Disposición para confiar en Él. La intimidad crece al conocer a Dios. Cuanto más entendemos su fidelidad, bondad y amor, más nos acercamos a Él. Confiar no elimina las preguntas, pero nos ancla en lo que sabemos de Él.

Vulnerabilidad delante de Él. Abrir el corazón a Dios y dejarle ver nuestros miedos, decepciones y anhelos. A diferencia de otras relaciones, donde la vulnerabilidad puede llevar al rechazo, el Señor nos conoce por completo y aun así nos ama.

Dios nos diseñó para relacionarnos con Él. Siempre está disponible y presente. Incluso los pequeños pasos —una oración sincera, leer su Palabra o guardar silencio en su presencia— nos acercan más (Sal 145.18). Él nos encuentra en cualquier situación.

Charles Stanley

BIBLIA EN UN AÑO: Lamentaciones 1-2

24/08/2026

Devocional del 24 de agosto de 2026

El Señor Jesús es más fuerte que nuestros temores

Aunque las tormentas puedan rugir a nuestro alrededor, el Señor Jesucristo sigue presente; Él es nuestra calma en medio de la tormenta.

Marcos 4:37-39 Reina-Valera 1960

37 Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba.
38 Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?
39 Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza.

La noche en que el Señor Jesús calmó la tormenta en el mar de Galilea, los discípulos estaban aterrados. Ver una tormenta desde la orilla es distinto a estar en la barca, con las olas y la lluvia golpeando.

Todos enfrentamos tormentas: crisis, rupturas, presiones y circunstancias abrumadoras. En medio de ellas podemos clamar: “Señor, ¿dónde estás?”. Pero Él no ha cambiado de lugar; el problema no es su ausencia, sino que el miedo nos impide verlo con claridad.

Recuerde quién es Jesucristo: su voz manda sobre la naturaleza. Es soberano sobre toda tormenta que enfrentamos (1 Jn 4.4). Nuestro Salvador conoce nuestra fragilidad (Sal 103.13, 14), no nos observa desde la distancia, sino que está presente en medio del caos y habla paz a nuestro corazón aun cuando las circunstancias no han cambiado.

Con dos palabras, el Señor calmó una tormenta de manera instantánea. A veces, Él calma nuestras tormentas con la misma rapidez. En ocasiones, nos calma en medio de ellas, dándonos su paz mientras las olas siguen rugiendo. De cualquier manera, Él es fiel. Cuando nos volvemos al Señor con confianza, descubrimos que su presencia siempre es más que suficiente.

Charles Stanley

BIBLIA EN UN AÑO: Jeremías 51-52

23/08/2026

Devocional del 23 de agosto de 2026

La seguridad de la salvación

Gracias a la victoria de Cristo en la cruz, tenemos la bienaventurada seguridad del gozo, el perdón y la vida eterna con Él.

1 Corintios 15:3 y 4 Reina-Valera 1960

3 Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras;
4 y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras

¡La salvación llena de gozo a los creyentes! Cuando entendemos lo que Dios ha hecho, la confianza se convierte en nuestro fundamento para vivir con paz y propósito.

Todos comenzamos en el mismo lugar: separados de Dios por el pecado, incapaces de cerrar la brecha (Ef 2.12). Ninguna cantidad de buena conducta o esfuerzo puede reconectarnos con Dios. Estamos espiritualmente mu***os, en desesperada necesidad de rescate.

La buena noticia es que el Señor Jesús derramó su sangre por nuestros pecados (Ro 6.23). Su muerte en la cruz no fue un final trágico, sino la victoria sobre el pecado y la muerte. Cuando confiamos en Él como Salvador, Dios nos declara perdonados.

Dios no nos salva para dejarnos solos. Envía su Espíritu Santo a toda persona que pone su fe en Jesucristo (Ro 8.11). El Espíritu nos guía a la verdad, transforma nuestros deseos y nos capacita para vivir de manera que honre a Dios.

Esto es lo que ofrece la salvación: perdón, una vida nueva, la presencia de Dios en nosotros y la promesa de la eternidad con Él. El Señor Jesús es el camino a la vida eterna (1 Jn 5.11, 12), y el Espíritu Santo provee todo lo que necesitamos para caminar con Él. ¡Qué bendita seguridad!

Charles Stanley

BIBLIA EN UN AÑO: Jeremías 49-50

22/08/2026

Devocional del 22 de agosto de 2026

Cómo superar los celos

No tenemos que vencer los celos por nuestra propia cuenta; Dios quiere transformar nuestro corazón y hacernos libres.

Salmo 37:4-6 Reina-Valera 1960

4 Deléitate asimismo en Jehová,
Y él te concederá las peticiones de tu corazón.
5 Encomienda a Jehová tu camino,
Y confía en él; y él hará.
6 Exhibirá tu justicia como la luz,
Y tu derecho como el mediodía.

Ahora que entendemos qué son los celos y su impacto, veamos cómo superarlos. No se trata de esforzarnos más, sino de permitir que Dios transforme nuestro corazón. Aquí hay cinco pasos prácticos:

1. Reconozca los celos. Sea sincero con Dios; la confesión es el primer paso hacia la libertad.

2. Identifique lo que revelan. Al analizar su envidia, pregúntese: ¿Qué creo que necesito para ser feliz? ¿Qué temo perder?. Estas preguntas pueden revelar los deseos más profundos de su corazón.

3. Llévelos a Dios una y otra vez. Hágalo una práctica frecuente, no una oración aislada. Pida al Espíritu Santo que le revele los pensamientos de celos, y recuerde que la gracia de Dios siempre está disponible.

4. Vea a los demás como Dios los ve. Hacer esto le ayudará a reconocerlos como hijos amados de Dios.

5. Enfóquese en la fidelidad de Dios. Los celos nos ciegan a las cosas buenas. Pero cuando nos deleitamos en el Señor, Él transforma nuestros deseos (Sal 37.4).

Vencer los celos es un proceso, no una solución rápida. Pero con la ayuda de Dios, el poder de la envidia puede ir perdiendo fuerza con el tiempo.

Charles Stanley

BIBLIA EN UN AÑO: Jeremías 46-48

21/08/2026

Devocional del 21 de agosto de 2026

Las consecuencias de la envidia

Comprender la envidia y su impacto destructivo puede animarnos a confrontarla y superarla.

Romanos 13:13 y 14 Reina-Valera 1960

13 Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia,
14 sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne.

Al aprender sobre la naturaleza de los celos, quizás usted se dé cuenta de que lucha con este problema. Si es así, es importante abordarlo. Sin control, la envidia no se queda solo en la mente; se desborda y causa gran daño (Pr 14.30), como...

Relaciones rotas. Los celos crean distancia con quienes envidiamos. Nos vuelven críticos, nos alejan y nos dificultan alegrarnos por sus éxitos.

Insatisfacción constante. Cuando nos enfocamos en lo que otros tienen, dejamos de valorar lo que tenemos. La envidia nos hace buscar satisfacción en otro lugar, sin que la encontremos.

Energía desperdiciada. La energía que invertimos en compararnos con otros podría usarse para crecer, fortalecer relaciones y cumplir nuestro llamado. Los celos nos estancan.

Amargura y resentimiento. Lo que comienza como “ojalá yo tuviera eso” puede convertirse en resentimiento que envenena nuestra perspectiva.

Pérdida de paz. Los celos y la paz no pueden coexistir. La envidia nos roba el contentamiento y el descanso.

Comprender dichas consecuencias puede motivarnos a enfrentar este problema. Con la ayuda de Dios, podemos iniciar el camino hacia la sanación y la restauración.

Charles Stanley

BIBLIA EN UN AÑO: Jeremías 41-45

20/08/2026

Devocional del 20 de agosto de 2026

La fuente de los celos

Cuando los celos se apoderan de nosotros, Dios ofrece contentamiento en su lugar.

Gálatas 5:17-21 Reina-Valera 1960

17 Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.
18 Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.
19 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,
20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías,
21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.

Los celos son una de esas emociones que pueden tomarnos por sorpresa. A veces no reconocemos la envidia hasta que empezamos a comparar nuestras circunstancias con las de otros: sus éxitos, sus relaciones o sus oportunidades. Es una lucha común, pero no por ello menos dañina.

Los celos surgen desde adentro, no de circunstancias externas. Podemos pensar: Esa persona no debería tener tanto; no lo merece. Pero ese razonamiento revela el problema real: los celos están arraigados en nuestro propio sentido de merecimiento o en la inseguridad. En Gálatas, Pablo los incluye entre las obras de la carne: actitudes y acciones que se oponen al carácter y a la obra de Dios en nuestra vida (Ga 5.17-21).

Los sentimientos de codicia pueden llevar a comparaciones poco saludables, que a menudo se convierten en competencia con otros. Si no se controlan, la envidia engendra resentimiento y daña las relaciones.

Aunque los celos son una lucha común, no tienen lugar en la vida del creyente. Cuando surjan pensamientos de envidia, debemos llevarlos al Señor. Él comprende nuestras luchas y nos da gracia para hallar contentamiento en lo que nos ha dado, en lugar de enfocarnos en lo que otros tienen.

Charles Stanley

BIBLIA EN UN AÑO: Jeremías 37-40

19/08/2026

Devocional del 19 de agosto de 2026

Permanecer en la luz

Dios nos invita a experimentar una comunión íntima con Él. Andar en la luz es nuestra respuesta a su llamado.

1 Juan 1:8-2:2 Reina-Valera 1960

8 Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.
9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.
10 Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.
1 Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.
2 Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.

Como vimos ayer, Juan usa la imagen de las tinieblas y la luz para describir la diferencia entre una vida de pecado y una vida en Cristo (1 Jn 1.5-7). Dios es luz pura y perfecta que brilla a través de una persona obediente. Pero cuando permitimos que la oscuridad del pecado entre en nuestra vida, surge el conflicto.

La manera de mantener un espíritu puro en este mundo es confesar el pecado (1 Jn 1.9). Somos limpiados por la obra del Señor Jesucristo en la cruz, y nada puede cambiar la identidad de un creyente redimido como hijo santo de Dios. Sin embargo, el pecado sí interfiere con nuestra comunión con el Señor (Is 59.2).

Lo que restablece esa relación es la confesión a Dios, que consiste en reconocer que nuestras acciones, pensamientos o palabras van en contra de su voluntad. Aunque es fácil hacer una confesión general, como: “Perdóname si he pecado contra ti”, la manera más efectiva de eliminar la oscuridad de nuestra vida es reconocer nuestras transgresiones. El Espíritu Santo no convence de forma general; Él señala nuestro pecado con exactitud.

Los creyentes que reconocen su pecado y asumen su responsabilidad se mantienen en una relación correcta con el Señor. La carta de Juan confirma el deseo de Dios de expulsar la oscuridad y mantenernos en la luz de su amor.

Charles Stanley

BIBLIA EN UN AÑO: Jeremías 33-36

18/08/2026

Devocional del 18 de agosto de 2026

Cómo la comunión difiere de la salvación

Confesar nuestros pecados restaura nuestro gozo de la presencia de Dios.

1 Juan 1:5-7 Reina-Valera 1960

5 Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él.
6 Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad;
7 pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.

La primera epístola de Juan no tiene como tema principal la salvación, aunque enseña la importancia de confesar el pecado. Fue escrita a personas que ya tenían una relación con Dios, pero necesitaban recordar cómo mantenerse en comunión con Él. El Padre celestial desea que sus hijos disfruten de su presencia, pero el pecado sin confesar puede obstaculizar esa comunión.

Los creyentes hemos nacido de nuevo (2 Co 5.17), pero aún no somos perfectos y seguimos enfrentando la tentación. Nuestros cuerpos tienen deseos naturales de descanso, alimento y placer. Cuando esos deseos están bajo la dirección del Espíritu Santo, vivimos con gozo y honramos a Dios. Pero cuando permitimos que nos controlen, nos alejamos de la comunión con Él y “andamos en tinieblas” (1 Jn 1.6).

Es importante entender que “andar en tinieblas” no significa perder la salvación; quienes han recibido a Cristo como Salvador nunca perecerán (Jn 10.28, 29). Más bien, significa vivir de una manera que debilita nuestra conciencia de la presencia de Dios.

Nuestro Padre celestial quiere que vivamos en comunión con Él para experimentar la plenitud del gozo. Esto sucede cuando pasamos tiempo en su presencia (Sal 16.11), nos alineamos con su voluntad y lo damos a conocer a quienes nos rodean.

Charles Stanley

BIBLIA EN UN AÑO: Jeremías 31-32

17/08/2026

Devocional del 17 de agosto de 2026

La paciencia: Nuestro don de servicio

El fruto que se produce en nuestro interior está destinado a ser usado para la gloria de Dios.

Colosenses 3:12 y 13 Reina-Valera 1960

12 Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia;
13 soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.

En la lectura de hoy, el apóstol Pablo anima a los cristianos a “[vestirse] de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia”. En otras palabras, no nacemos con estas cualidades ya formadas. Más bien, las desarrollamos al aprender a imitar a Jesucristo, “soportándonos y perdonándonos unos a otros”.

El Espíritu Santo nos conduce con fidelidad en el desarrollo del fruto espiritual; nuestro Padre celestial nos provee luego de oportunidades para usar y perfeccionar aún más estos atributos.

Por ahora, enfoquémonos en la paciencia. Solemos definirla solo como “esperar”, pero también implica perseverar. Cuando soportamos a otros, como Pablo nos exhorta a hacer, no solo esperamos que cambien; los acompañamos en sus dificultades y persistimos en ayudarles. Cuidamos, escuchamos y servimos. En un mundo que exige resultados inmediatos, la paciencia es un regalo valioso que podemos ofrecer a los demás.

Dios incluyó la paciencia en la lista del fruto espiritual (Ga 5.22, 23), lo que indica que esta cualidad es posible para todo creyente. Sean cuales sean los dones que usted posea, la paciencia es un atributo con el cual puede revestirse. Practíquela para la gloria de Dios y como una manera de servir a los demás.

Charles Stanley

BIBLIA EN UN AÑO: Jeremías 28-30

16/08/2026

Devocional del 16 de agosto de 2026

Las recompensas de la paciencia

Al esperar en el Señor y alinearnos con su voluntad, experimentamos la plenitud de su gracia y fidelidad.

Salmo 40:1-3 Reina-Valera 1960

1 Pacientemente esperé a Jehová,
Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor.
2 Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso;
Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos.
3 Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios.
Verán esto muchos, y temerán,
Y confiarán en Jehová.

Las Sagradas Escrituras contienen muchas historias de personas que esperaron años antes de que las promesas de Dios se cumplieran. Esperar en el Señor desarrolla nuestro carácter y fe en Él.

Veamos hoy a David. Él era el heredero elegido para el trono de Israel, pero pasó años esquivando la furiosa persecución del rey Saúl. A pesar de tener dos oportunidades diferentes para vengarse, David resistió la tentación y le perdonó la vida a Saúl. Eligió esperar el tiempo de Dios para su coronación en lugar de deshonrar al Señor matando al rey ungido.

En el Salmo 18.16-19, Salmo 139.14 y otros, David revela su clara conciencia de la obra del Señor en su vida. El rey pastor no solo ascendió al trono mediante la paciencia; también aprendió que el camino de Dios es siempre el mejor. Creció en su compromiso de confiar en el Señor en lugar de forzar los resultados mediante sus propias acciones.

No podemos forzar los tiempos de Dios, y nuestra paciencia no nos gana su favor, pues este ya nos ha sido dado por gracia. Sin embargo, esperar en el Señor sí nos transforma. David no fue bendecido porque fuera especial ni porque lo hubiera merecido. Fue bendecido porque Dios es fiel a sus promesas. Y esa misma fidelidad también se extiende a nosotros cuando esperamos en Él.

Charles Stanley

BIBLIA EN UN AÑO: Jeremías 25-27

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