23/08/2026
Muy bendecido y santo domingo a quienes siguen las redes sociales de nuestra Diócesis, las lecturas de este día son tomadas de Isaías 22, 19-23 (Primera lectura), San Pablo a los romanos 11, 33-36 y el evangelio de San Mateo 16, 13-20, las cuales, aunque no es una lectura continua con los domingos anteriores entrelazan el tema que nos llevan a seguir creciendo como discípulos.
Ya desde hace algunos domingos el tema de la fe ha sido parte central de la Palabra de Dios que nos ha venido acompañando, pues hemos visto a Pedro que por su fe se lanzó a seguir a su Maestro y caminar sobre las aguas, y aunque por temor comenzó a hundirse nos ha mostrado la necesidad de no perder de vista a Jesús (Domingo XIX del Tiempo Ordinario); el domingo pasado (XX del Tiempo Ordinario) una mujer cananea nos daba pauta para reconocer que la fe implica relación y no indiferencia ante el hermanos, es decir que la fe tiene que ser compartida.
En este domingo XXI del Tiempo Ordinario, la liturgia vuelve a mostrarnos a Pedro que nos lleva a reconocer que nuestra fe debe de ir madurando y que necesita una clara respuesta de parte de nosotros. San Mateo nos presenta a Jesús que lleva a sus discípulos a Cesarea de Filipo y mientras van avanzando les hace dos cuestionamientos, preguntas que vienen a ser fundamentales para nosotros dentro del camino discipular, y que transformarán cualquier mirada superficial en un verdadero compromiso del corazón: 《¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?》, Jesús cuestiona no sólo sobre lo que lo que han escuchado de otros, sino que nos invita a reconocer que la fe comienza en nuestra experiencia comunitaria, y que da paso a la segunda pregunta que es todavía más profunda 《Y ustedes ¿quién dicen que soy yo?》, pues la fe comunitaria se sostiene y consolida en la fe personal, y es aquí, lo considero yo, la parte central de este domingo pues ante los cuestionamientos de Jesús emerge la figura de Pedro, pues impulsado no por fuerzas humanas, sino por el mismo Padre, da el salto de la opinión a la convicción profunda 《Tu eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo》.
Es la respuesta de Pedro, su profesión de fe, las que nos invitan a hacer nuestra propia profesión de fe, pues él mismo nos muestra que la respuesta no puede ser un dato simplemente histórico congelado en el pasado y mucho menos puede ser un concepto simplemente aprendidos y memorizado, pues hoy la fe, o mejor dicho hacer nuestra profesión de fe, implica que seamos testigos, es decir el Señor espera que demos el salto de los conceptos a las acciones, solamente así podremos dar una respuesta clara y creíble. Pues si buscamos responder solamente desde el dato histórico o desde las enseñanzas que otros nos dieron, lo único que revelamos es nuestra propia distancia, y mostramos el refugio que buscamos en conceptos cómodos que quedan sólo en palabras. En cambio, cuando somos capaces de pasar de la palabra a la acción y la afianzamos desde el corazón "Tú eres mi Salvador, el sentido de mi existencia", estamos confesando quién es Jesús, pero es más afirmamos quiénes somos nosotros frente a Él: personas necesitadas de su gracia, amadas y transformadas por su misericordia, pues más que en nuestra fe madura decir quién es Jesús logramos reafirmar quién somos nosotros, ya que nuestra descripción de Jesús es el espejo exacto de la profundidad de nuestro vínculo con Él, por ello como mencionaba el Papa Benedicto XVI “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (Deus Caritas Est n. 1), nuestra fe implica encuentro con aquel en quien afirmamos creer.
Otro dato importante y que resalta en las lecturas es que ante la respuesta a Dios el confiere responsabilidades y entrega “las llaves”, como lo hizo con Eliaquín y como lo hizo con Pedro, recibir estas llaves significa que se nos ha confiado una misión sagrada: nuestros actos diarios deben abrir las puertas del Reino para los demás, pues son nuestras obras, elecciones y el modo en que tratamos al prójimo las que manifiestan quién es Jesús para nosotros. Si hablamos de un Cristo de paz pero sembramos división con nuestras palabras, nuestras acciones niegan lo que la boca profesa. Hoy más que nunca estamos llamados a ser prolongación de su amor, de su justicia y de su compasión. Que quien nos mire no vea un moralismo vacío, sino la presencia viva y operante del Hijo de Dios. Como nos recordaba San Pablo en la segunda lectura, todo proviene de Dios, todo ha sido hecho por Él y todo está orientado hacia Él, como decía el Papa Francisco “la respuesta de la fe exige ser activos en el amor a Dios y en el amor al prójimo” (Audiencia General 29 de septiembre de 2021). Nuestra mejor alabanza a Dios y nuestro mayor acto de fe será siempre un amor que sea capaz de llevarnos a ser hermanos de los otros.
Pbro. Fernando Emmanuel Reséndez Amaya