15/04/2025
A lo largo de generaciones, algunos practicantes de la Regla de Osha han difundido la idea de que durante la Semana Santa no se deben realizar actos rituales, consultas ni obras espirituales. Incluso se recurre a tapar los elementos sagrados con paños blancos, todo en nombre de un "respeto" que, al preguntarse, resulta ambiguo: ¿a qué o a quién se está rindiendo homenaje, y por qué interrumpir la actividad ritual de una religión africana por conmemoraciones impuestas por el cristianismo?
Estas prácticas, que se han transmitido por tradición, carecen de fundamento en los principios originales de la Regla de Osha y en la cosmovisión yoruba. Son legados de la época colonial, fruto de un sincretismo que se entendió de manera errónea y que surgió como una estrategia de supervivencia; los africanos debieron ocultar sus creencias detrás de símbolos católicos para poder preservar su fe. De esta adaptación forzada nacieron costumbres que, erróneamente, se han convertido en normas de "respeto" inexistentes en los textos sagrados, los patakíes o en las tradiciones de los mayores.
Durante la época colonial, los africanos esclavizados se vieron obligados a adoptar públicamente el catolicismo, dejando de manifestar abiertamente sus creencias. Sin embargo, no abandonaron a sus divinidades; en cambio, se sincretizaron, identificándolas con santos católicos. Así, Shangó se asoció con Santa Bárbara, Yemayá con la Virgen de Regla, Eleguá con el Santo Niño de Atocha, entre otros. Esta táctica permitió la continuidad de la fe ancestral, pero también llevó a confusiones, ya que se llegó a pensar que los Orishas son santos y que, por ello, deben regirse por el calendario católico.
Es importante aclarar que los Orishas no son santos. Nunca han sido canonizados ni encajan en la narrativa cristiana del pecado y la redención. Son divinidades ancestrales africanas, íntimamente ligadas a la naturaleza, la energía vital, los ciclos de la vida y el destino. La dinámica de sus caminos no se detiene ante la muerte o resurrección de un mesías extranjero, pues su función en el mundo es completamente distinta.
El acto de cubrir con telas blancas los elementos sagrados durante la Semana Santa no forma parte de ninguna enseñanza o liturgia legítima de la Osha. No se recoge en ningún itá ni figura en tratados consagrados. Esta costumbre, adoptada por temor y no por verdadero conocimiento, tiene sus orígenes en épocas de fuerte represión, cuando los mayores solían ocultar sus símbolos para evitar el ridículo o la censura en una sociedad profundamente influenciada por el cristianismo.
En la actualidad, continuar con esta práctica no es una muestra de respeto, sino un reflejo de la ignorancia disfrazada de devoción. Honrar a los Orishas implica conocerlos y cumplir con su liturgia todos los días, de acuerdo con sus propios tiempos y requerimientos, sin dejarse condicionar por un calendario impuesto por otra tradición. Si un ebó está señalado para un día específico o si una rogación debe realizarse, se cumple, sin importar las festividades católicas. El calendario cristiano conmemora un acontecimiento que no afecta la esencia ni el poder de divinidades como Yemayá o Ogún.
En la cosmovisión yoruba, el verdadero respeto está vinculado con el cumplimiento de compromisos, la palabra dada, el honor y la responsabilidad espiritual. Los tiempos sagrados en la Regla de Osha se determinan según las necesidades del espíritu, a través de consultas al oráculo, los ciclos lunares y solares, los signos del año y las promesas asumidas. No existe ningún Odù o tratado que estipule que en Semana Santa no se debe trabajar, ni que el Viernes Santo sea un día de luto para los Orishas; esos conceptos pertenecen al universo católico.
Si se adopta el calendario y las doctrinas de otra religión, se pierde la esencia de la verdadera práctica de la Osha, quedando como una imitación sin autonomía propia. La Regla de Osha tiene su lógica interna, su espiritualidad y su sistema, independiente de cualquier validación externa.
El sincretismo, entendido correctamente, fue una herramienta de supervivencia y no un modelo doctrinal a seguir. Asumir que Shangó es igual a Santa Bárbara o que los Orishas se abstienen de sus actividades por el luto de Cristo es perpetuar una herencia colonial que contradice el verdadero homenaje a los ancestros.
Es momento de que los practicantes afro-cubanos se despojen de estas herencias impuestas y vivan su fe de manera clara y autónoma. Negarse a actuar en Semana Santa por razones personales es una elección, pero justificarlo en base a la creencia de que los santos se ofenden es una falsedad. Los Orishas no se rigen por conceptos ajenos a su estructura espiritual, como el pecado original o la redención pascual; su existencia sigue una lógica propia y profunda.
La práctica auténtica se basa en el conocimiento y no en el miedo o la culpa. Si un Orisha ordena realizar un acto ritual en Viernes Santo, se lleva a cabo; lo mismo ocurre si se debe consagrar a un iyawó el Sábado de Gloria o realizar una misa el Domingo de Resurrección. El único compromiso real de un practicante de Osha es con su fe, sus ancestros y sus divinidades. Todo lo demás es una tradición prestada.
En síntesis, la Regla de Osha no es una manifestación del catolicismo, aunque durante siglos se haya visto obligada a asemejarse a él. No requiere ocultar sus fundamentos mediante mantos blancos para satisfacer doctrinas ajenas, ni debe guardar silencio ante la conmemoración de un salvador externo. La verdadera identidad de la Osha se manifiesta cuando se practica en plenitud, respetando sus tiempos y directrices. Solo a partir de la reflexión personal –preguntándose si se está viviendo verdaderamente la fe ancestral o se continúa con un disfraz impuesto– se puede alcanzar una liberación y un conocimiento profundo que permitan vivir la espiritualidad de manera plena y autónoma.