19/08/2026
Actualmente se ha visto una gran cantidad de hombres -y tristemente mujeres también- que por razones que desconocemos se apartan de su iglesia local y comienzan su propia "misión" o "iglesia" con la seguridad de que "el Señor los llamó a hacerlo. Y aunque no podemos negar -ni afirmar- que Dios verdaderamente los haya llamado para abrir esa obra, sí podemos tener conclusiones bíblicas sobre esta práctica.
En mi caminar como cristiano he conocido pastores y siervos del Señor que han abierto misiones y congregaciones cuya obra ha tenido un fruto creciente conforme pasa el tiempo; así como también he visto congregaciones y obras terminar. Y todas esas vivencias me han enseñado algunas cosas:
1. EL LLAMADO AL MINISTERIO NO ES UN ASUNTO SUBJETIVO; ES UN LLAMADO CON UNA CONFIRMACIÓN ECLESIÁSTICA
En 1 Timoteo 3 Pablo nos enseña que el llamado al ministerio es un evento que se compone de dos partes: un deseo interno y personal, y un deseo evidente y coherente con el carácter de Cristo que la iglesia local confirma. Con evidente me refiero a que el hombre (no mujer) que desea ser pastor ha desarrollado un carácter cristiano, que la misma iglesia lo ha observado con el tiempo. No se trata únicamente de hábitos cristianos que el hombre tiene, sino un estilo de vida intrafamiliar y social que aquellos cercanos a él lo pueden verificar y concluir que es un hombre de Dios.
¿Por qué la Iglesia debe de confirmar este llamado? Porque es la Iglesia la que va a crecer liderada por este hombre; y el liderazgo no se impone, se va desarrollando con el tiempo. Por eso es muy importante que el pastor de una congregación salga de la misma congregación, porque esta ha visto crecer y madurar al hombre y, sumado al deseo interno del hombre de pastorear, confirma que Dios lo ha llamado y capacitado para desempeñar el rol de pastor. UN HOMBRE QUE SE LLAMA A SÍ MISMO, SIN LA CONFIRMACIÓN DE UNA IGLESIA, TENDERÁ A DESCUIDAR LA GREY, pues no conocerá el cuidado de una congregación, ni podrá cuidarla igual.
2. EL LLAMADO DE UN HOMBRE AL MINISTERIO NO ESTÁ DETERMINADO POR SUS DONES, SINO POR SU CARÁCTER.
¡Cuántas congregaciones han escogido a su pastor por su habilidad de predicar, e ignoran que el tal no es apto para liderar! Y quiero ser claro en este punto. No todo hombre que sepa predicar es apto para pastorear; pero sí todo pastor debe ser apto para predicar. Y mayormente con su vida. Existen hombre con muy buena oratoria y una homilética tal que podría convencer a los oyentes. Pero si su vida deja mucho que desear, sus palabras, aunque santas y acertadas, quedarán sin fruto, pues serán estorbadas por la vida poco coherente con la santidad del mensaje.
Es triste, pero he sabido de personas que dejan de escuchar a los pastores porque, ellos al conocer la vida de quienes predican, le restan credibilidad a su mensaje. Y aunque no somos perfectos, no es pretexto para que nuestra vida esté divorciada de la santidad del mensaje que predicamos.
3. EL LLAMADO A INICIAR UNA MISIÓN O LEVANTAR UNA IGLESIA ES UN TRABAJO ARDUO Y DE ESFUERZO; NO ES UN ROBO DE OVEJAS.
He sabido y visto hermanos que salen de sus iglesias lastimados por el liderazgo, o por rebeldía se van de su congregación, y comienzan a servir en otra iglesia. Es triste que, por un lado, los hermanos se vayan de una iglesia porque los disciplinaron, o por diferencias con el liderazgo, congregándose en otra iglesia sin haberse despedido de su primera iglesia. Y por el otro lado, los pastores que aceptan a hermanos a sus congregaciones provenientes de otras iglesias, sin asegurarse que se hayan salido bien.
Una vez mas, el apóstol Pablo nos deja ver su corazon e integridad pastoral, pues teniendo la posibilidad y la autoridad para quedarse con Onésimo en Roma porque "le era útil" para el ministerio, al escribirle a Filemón, pastor de la iglesia en su casa, el apóstol optó por informarle del paradero de uno de los suyos (aunque esclavo) y regresarlo de donde pertenecía. ¡OH CÓMO NECESITAMOS PASTORES CON ESE CORAZÓN, CAPACES DE DEJAR A UN LADO SUS PROYECTOS POR EL BIEN DE LA IGLESIA Y LOS HERMANOS! Levantar una congregación a expensas de las ovejas de otra iglesia, no solo no es ético, sino también peligroso si no se procede con cautela al momentos de ponerlos a servir.
De modo que, el llamado a pastorear una iglesia es un llamado divino que la misma iglesia debe confirmar, acompañado de otros pastores maduros que puedan corroborar ese mismo llamado, y bendecir la entrada al ministerio. La congregación debe evaluar carácter por encima de habilidad; y este llamado no debe llevarse a cabo a solas ni a expensas de otras congregaciones.
¡Oh, que el Señor nos ayude a servirle con integridad y sabiduría, siguiendo los lineamientos que Él dejó en Su Palabra, sin estar divorsiados de la iglesia local! Es ahí donde el llamado se confirma y fortalece, no fuera de ella.