Piedras Vivas Kanasin

Piedras Vivas Kanasin Restauración y avivamiento ❤️

La liberación comienza cuando permitimos que Dios gobierne nuestra mente, emociones y decisiones, sin dar lugar al pecad...
30/08/2026

La liberación comienza cuando permitimos que Dios gobierne nuestra mente, emociones y decisiones, sin dar lugar al pecado ni a aquello que pueda alejarnos de Él.
El ejemplo de Caín muestra cómo el enojo puede convertirse en una puerta cuando no se controla. Dios le advirtió que el pecado estaba esperando y que debía dominarlo, pero Caín no escuchó y terminó tomando una decisión que trajo graves consecuencias.
De igual manera el enemigo busca influir y destruir la mente de todo ser humano, mientras que Dios restaura, libera y transforma vidas. Por eso, como creyentes e hijos de Dios, debemos cuidar nuestros pensamientos, actitudes y voluntad, permanecer en obediencia y no permitir que las tinieblas tengan control sobre ninguna área de nuestra vida.
No debemos darle lugar al enemigo; debemos buscar a Dios, hacer su voluntad y permitir que Él sea quien gobierne cada área de nuestra vida.
Pastor Francisco Euan.

Hay generación limpia en su propia opinión, Si bien no se ha limpiado de su inmundicia.Proverbios 30:12          ゚viralシ...
27/08/2026

Hay generación limpia en su propia opinión, Si bien no se ha limpiado de su inmundicia.

Proverbios 30:12

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"Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios." (Salmo 143:10)
27/08/2026

"Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios." (Salmo 143:10)

26/08/2026
Quedan cordialmente invitados este Martes 25 de agosto  con el Profeta Saúl Caballero, quién nos estará compartiendo la ...
24/08/2026

Quedan cordialmente invitados este Martes 25 de agosto con el Profeta Saúl Caballero, quién nos estará compartiendo la palabra.

Será una noche poderosa, un tiempo de bendición, y avivamiento.

Ven con tu familia y trae un invitado.

Te esperamos en punto de las 7:00pm

Podemos observar cómo el hijo pródigo se alejó de su padre buscando una vida diferente, pero terminó malgastando todo lo...
23/08/2026

Podemos observar cómo el hijo pródigo se alejó de su padre buscando una vida diferente, pero terminó malgastando todo lo que tenía y viviendo en decadencia. Cuando se quedó sin nada, recapacitó y decidió regresar arrepentido. Aunque pensaba que ya no merecía ser hijo, su padre nunca dejó de amarlo ni cambió su identidad.
Ahora bien, podemos entender que cuando nos alejamos de Dios podemos perder muchas cosas, pero al arrepentirnos y volver a Él, Dios nos recibe, nos ama y restaura. Dios es un Padre amoroso que nos recibe con los brazos abiertos, aunque nos hayamos alejado. Volver a casa es lo mejor que podemos y debemos hacer.
Pastora Fátima de Euan.

Cuando llegamos a Cristo, comenzamos un proceso de transformación. Dios conoce nuestra situación y nuestro proceso, y co...
16/08/2026

Cuando llegamos a Cristo, comenzamos un proceso de transformación. Dios conoce nuestra situación y nuestro proceso, y continúa trabajando en aquellas áreas de nuestra vida que necesitan ser rendidas a Él. Muchas veces llegamos con heridas, rechazo, falta de perdón y raíces de amargura que hemos cargado durante años sin ser concientes de ello.
Nos damos cuenta que una herida no tratada puede crecer y afectar nuestra manera de pensar, sentir y relacionarnos con los demás. Así como una pequeña piedra dentro de un zapato comienza siendo una molestia y con el tiempo provoca una herida, una ofensa guardada en el corazón puede convertirse en resentimiento, amargura y dolor. Por eso, las personas heridas pueden terminar hiriendo a otros, mientras que las personas sanadas y restauradas pueden ayudar a sanar y restaurar a quienes las rodean.
Como punto importante, debemos entender que la falta de perdón puede surgir a partir de ofensas, rechazos, decepciones o traiciones. Sin embargo, perdonar no significa negar lo ocurrido, justificar el daño o fingir que no nos dolió. Tampoco significa necesariamente reconciliarnos o volver a tener una relación cercana con quien nos lastimó. Perdonar es una decisión de voluntad: es liberar a quien nos ofendió y cancelar la deuda emocional que sentimos que tiene con nosotros.
Como hijos de Dios, no debemos permitir que el dolor, el resentimiento o la ofensa permanezcan gobernando nuestro corazón. Aunque lo que nos hicieron haya sido injusto y nos haya causado dolor, estamos llamados a perdonar y entregar esa situación a Dios, confiando en que Él puede sanar nuestras heridas y restaurar nuestro corazón. El perdón no cambia lo que ocurrió, pero sí cambia la manera en que permitimos que aquello afecte nuestra vida.
Es importante enfatizar que el tiempo, por sí solo, no sana las heridas. Cuando una ofensa no se procesa correctamente, en lugar de desaparecer puede hacerse más profunda.
Por eso, no debemos esperar que con el paso de los años el dolor desaparezca por sí mismo; es necesario llevar esas heridas delante de Dios y permitir que Él obre en nuestro corazón.
El verdadero perdón implica renunciar al deseo de venganza, soltar el resentimiento y dejar de permitir que aquello que nos hicieron gobierne nuestra vida. Perdonar no significa olvidar lo ocurrido ni decir que estuvo bien, sino decidir que esa situación ya no tendrá control sobre nuestras emociones, nuestra paz ni nuestra relación con Dios. Al perdonar, dejamos de cargar con una ofensa que nos limita y permitimos que Dios traiga sanidad y restauración a nuestro corazón.
Las ofensas son inevitables, pero lo importante es decidir qué hacemos con ellas. El enemigo puede utilizar una ofensa como una trampa para llevarnos al rencor, al orgullo y a la pérdida de paz. La verdadera trampa no está solamente en lo que nos hicieron, sino en permitir que esa ofensa permanezca en nuestro corazón.
Existen actitudes que nos hacen más vulnerables a la ofensa, como la inseguridad, la inmadurez espiritual, el orgullo y la sensibilidad excesiva. La verdadera madurez espiritual se refleja en cómo reaccionamos cuando somos heridos.
La falta de perdón tiene consecuencias espirituales, emocionales, personales y, especialmente, en nuestra fe. Por eso debemos recordar que la falta de perdón no castiga al ofensor, sino que mantiene prisionero a quien guarda la ofensa. Perdonar no significa justificar lo ocurrido, sino decidir soltar el dolor, entregarlo a Dios y no permitir que siga gobernando nuestra vida.
Perdonar es una decisión de obediencia y libertad que permite a Dios sanar nuestro corazón, recuperar nuestra paz y evitar que nuestras heridas afecten a los demás.

Hermano Marco Dominguez

El significado de la cruz está estrechamente relacionado con el nuevo nacimiento y el valor que damos a las cosas de Dio...
09/08/2026

El significado de la cruz está estrechamente relacionado con el nuevo nacimiento y el valor que damos a las cosas de Dios. La cruz representa poder para quienes creen, por lo que lo que Cristo hizo por nosotros no debe tomarse como algo común, sino como una obra de amor, sacrificio y gran valor.
Ahora bien, uno de los puntos principales es comprender que Dios vive en un presente eterno, por lo que aquello que para nosotros todavía pertenece al futuro, para Él ya está establecido. Como hijos de Dios, debemos confiar en sus promesas y, mediante la fe, la oración y la obediencia, preparar nuestra vida para que aquello que Dios ha determinado pueda manifestarse en nuestro presente.
Es bien sabido que, como seres humanos, solo nos movilizamos cuando damos valor a algo. Cuando algo realmente nos importa, mostramos interés, esfuerzo y compromiso. De la misma manera, si verdaderamente valoramos lo que Cristo hizo en la cruz, nuestra vida debe reflejarlo mediante nuestras acciones, obediencia y disposición para servir a Dios. La parábola de la moneda perdida nos enseña precisamente que aquello que tiene valor merece ser buscado y recuperado.
También es importante comprender que Cristo no solamente perdonó nuestros pecados, sino que nos dio una nueva identidad y una nueva vida. Antes de conocer a Cristo estábamos mu***os espiritualmente, pero mediante su sacrificio fuimos recreados y llamados a vivir conforme a nuestra nueva naturaleza en Él. Por esta razón, no basta con asistir a una iglesia, participar en algún ministerio o cumplir determinadas prácticas; es necesario experimentar un verdadero nuevo nacimiento.
La evidencia de ese nuevo nacimiento debe manifestarse a través de los frutos del Espíritu Santo y de un cambio genuino en nuestra conducta. Una persona que realmente ha nacido de nuevo desarrolla hambre por la Palabra de Dios, desea aprender, crecer espiritualmente y acercarse cada día más a Él.
Como hijos de Dios, debemos darle el verdadero valor a su presencia, a su Palabra y a la obra de Cristo. La manera en que asistimos a los cultos, nuestra puntualidad, nuestro compromiso y nuestra disposición para servir también reflejan cuánto valoramos las cosas del Reino.
En conclusión, cuando damos verdadero valor a Dios y a lo que Cristo hizo por nosotros, nuestra fe deja de ser solamente palabras y comienza a reflejarse en nuestra manera de vivir. Valorar la cruz significa reconocer el sacrificio de Cristo, vivir conforme a la nueva vida que Él nos ha dado y demostrar, mediante nuestras acciones, que verdaderamente hemos nacido de nuevo.

Apóstol Javier Segura

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Kanasín

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