15/07/2026
Vivimos en una época que busca resultados rápidos, pero el Evangelio nos enseña que todo lo que realmente vale la pena requiere constancia, sacrificio y fidelidad.
La santidad no se alcanza por casualidad. Se construye en las pequeñas decisiones de cada día: levantarse cuando cuesta, cumplir con el deber, cuidar el cuerpo como templo del Espíritu Santo, estudiar con responsabilidad, trabajar con honestidad y perseverar en la oración, incluso cuando no se sienten consuelos.
Jesús nunca prometió un camino fácil, pero sí una meta que vale infinitamente la pena.
«El que quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y me siga.» (Lc 9,23)