22/07/2024
ELEEE…Como decía PAROTO.
AGUA ZARCA y SUS APODOS
Nuestro pueblo como todos los pueblos de la franja que pertenece a la costa chica de Guerrero, son buenos para poner apodos a la gente. Nadie se les escapa.
Los buenos para poner apodos en nuestro tiempo: (años 1960 y 1970), eran Agustín Ramírez Morales, conocido como Cute Viejo, Ramon Salado Chávez, apodado el Paroto, Miguel Ramírez Ávila, conocido como Mike y Viliulfo Ramírez Ávila el Dunga, entre otros, buenos para poner apodos.
En esos años, la chamacada andábamos sueltos, nos mantenía el monte, descalzos, chorreados, y mugrosos, nos íbamos al arroyo grande, a pescar, camarones, endocos, jalmichis a recoger nanches, a sacar camote, a matar iguanas y palomas. Luego Nos metíamos al terreno de Floriberto García Morales, apodado el Tote, a cortarle los mangos tiernos, nos gustaba cuando estaban atenques, - claro, siempre estábamos con el ojo metido en el camino, cuidando que no se asomara Ulises, el hijo de Tote, a quien le decíamos simplemente Culiche.
Comíamos de todo, - pipines, bonetes, guamúchil etc… y nunca nos enfermábamos del estómago, cosa rara; si nos espinábamos, cortábamos una de esas espinas de carnizuelo, utilizándola como aguja, para sacarnos la espina enterrada en el pie.
La de nosotros, (Generación 1960-1970), fue la última generación de oro, la original.
Ya no alcanzamos la vaselina, ni los pantalones acampanados, que utilizaron las generaciones de los 50 y 60 - ¡Pero cómo nos divertimos ¡
Para no olvidarme de Paroto, ya que es el prototipo de la historia, a este le gustaba hacernos pelear, siempre andaba con su short color verde, descamisado, y cuando nos llamaba, era porque ya tenia a un chamaco esperando para el pleito.
“Pinta la raya” – y el que la pise primero… si uno de los contrincantes no se animaba a pisar la famosa raya pintada por Paroto, este, pasaba al segundo nivel, entonces ponía su mano enfrente de los dos chamacos y les decía que la escupieran, quitando la mano para que la saliva le callera en la cara al otro.
Esa estrategia nunca fallaba, ahí era donde se trincaban los dos gallitos, ante las risas de Paroto y de los asistentes que esperaban ansiosos el espectáculo.
De los apodos mas recurrentes y famoso fueron los de Garloapa, el Chico Molostoc, el de EmiIio Balata, la Coquena, la Garroba, etc. entre otros muchos apodos que se encuentran ahí, agazapados, esperando ser rescatados por la historia.
En lo particular, a mi me apodaron el Tete, caso recurrente, ya que no podía pronunciar la palabra Vicente, que era el nombre de mi hermano mayor.
En este espacio comunitario, se entrelazaron los mitos y leyendas de los duendes y la chaneca, que nunca hacían falta en los cuentos de los viejos, - los duendes que le tiraban piedras a las mujeres en los arroyos, el encanto de la Chivata donde se perdían los chivos y los perros, la Chaneca que se llevaba a los borracho mujeriegos, el Diablo que se te aparecía montado en su caballo, y que te ofrecía dinero y riquezas a cambio de tu alma, que por lo regular, nunca lo disfrutabas, ya que cuando el pactado se Moria, el diablo se llevaba toda la riqueza.
Así mismo el colectivo se deleitaba con el mágico mundo de las tonas de tigres y los nahuales, de lo cual de quiero profundizar, por ser este, un relato corto a razón de la falta de costumbre de leer de mis paisanos Agua Zarquenses.
Ah… pero se me olvidaba, otra vez Paroto; este personaje, ya ha pasado a la historia de la comunidad, pues nos influenció, se quiera o no se quiera reconocer, con su dicho de: “Eleeee”, - dijera Paroto. Que en la actualidad esta nueva generación de cristal, ya la ha metamorfoseado en simplemente: “Enda”, que pudiera ser un diminutivo de: “Endejo”... expresiones coloquiales que forman parte de nuestro mosaico cultural y que tenemos el deber de defender.
Recuperar la memoria del colectivo Aguazarqueño, (sic) - Agua Zarquense, es un trabajo que requiere paciencia, tiempo y disponibilidad. Esta, es una batalla en contra de la pereza y en contra del extranjerismo que ha llegado a nuestras comunidades como una plaga, arrastrando todo lo propio, difuminando nuestro rostro, y mientras nuestro colectivo social siga demeritando todo lo interno, pues, vamos a seguir adorando al becerro de oro.
Autoria de: Senén Rodríguez Joanico