16/05/2026
Señor, te pedimos por todos los jóvenes, aquellos que están confundidos, perdidos y presos en un mundo que no entienden, ni se acoplan, por los que sufren diversas enfermedades, solo tú sabes su dolor, y por aquellos que están tan cerca de las guerras. Mamita María te pedimos intercedas por toda la juventud del mundo entero 🙏🏻
Tenía 21 años.
Le gustaba hablar de política, estudiar ingeniería y bromear con sus amigos.
Parecía un joven completamente normal.
Hasta que un dolor en la espalda cambió toda su vida.
Pedro Ballester era estudiante universitario en Inglaterra cuando recibió una noticia devastadora:
tenía un agresivo cáncer de pelvis que ya se había extendido.
Comenzaron los tratamientos.
Los hospitales.
La incertidumbre.
El sufrimiento.
Y aun así… algo en él empezó a llamar profundamente la atención de quienes lo rodeaban.
Porque Pedro no fingía ser fuerte.
A veces sufría.
A veces se frustraba.
A veces lloraba.
Pero en medio de todo eso, había una paz imposible de explicar.
Pedro era numerario del Opus Dei y había decidido entregar su vida a Dios viviendo la santidad en lo cotidiano.
No en cosas extraordinarias.
Sino estudiando, sirviendo, rezando y amando a Cristo en medio de una vida común.
Cuando ya no quedaban tratamientos posibles, pidió regresar a Greygarth Hall, la residencia donde vivía.
“Quiero morir en casa”, dijo.
Semanas antes de morir, un joven le hizo una pregunta que muchos jamás olvidarían:
“¿Eres feliz?”
Pedro llevaba tres años luchando contra el cáncer.
Y aun así respondió:
“Sí. Nunca he sido tan feliz”.
Hoy, años después de su muerte en 2018, la diócesis de Salford, en Manchester, abrió oficialmente su causa de canonización.
Y miles comienzan a preguntarse si este joven universitario podría convertirse en uno de los primeros santos de la Generación Z.
Pero quizá lo más impactante de su historia no sea su edad.
Sino recordar que la santidad no pertenece solo al pasado.
También puede aparecer en una residencia universitaria,
en una habitación de hospital,
o en un joven que descubre que incluso el sufrimiento puede llenarse de Dios.
Pedro Ballester, ruega por los jóvenes del mundo.
Enséñanos a buscar a Cristo incluso en el dolor,
y a descubrir que la verdadera felicidad nace cerca de Dios.
Amén.