14/03/2025
EL VÍA MATRIS.
Camino del Dolor.
El Vía Matris Dolorosae o simplemente Vía Matris, es un ejercicio piadoso en el cual un grupo de fieles o un único orante realiza un recorrido sobre un trecho de camino o en el interior de una iglesia, meditando los dolores que la Virgen María, madre y cooperadora del Salvador, sufrió durante la vida, en el cumplimiento de su misión.
El Vía Matris surge a imitación del Santo Vía Crucis, a finales de la Edad Media en un clima de piedad y de compasión hacia el misterio de la pasión de Cristo, de entusiasmo por la recuperación del Santo Sepulcro y de ferviente recuperación de las peregrinaciones a Tierra Santa.
Así como el Vía Crucis, el Vía Matris es una «oración bíblica»: es decir que proviene del Evangelio, entendido en el sentido literal o interpretado a la luz de la tradición de la Iglesia, y evoca los episodios de dolor y de salvación que poco a poco contempla.
MODO DE REZAR EL VÍA MATRIS.
Celebración del camino de dolor de la Virgen.
El Vía Matris consta de siete estaciones, correspondientes a los siete principales dolores que, según la tradición eclesial, sufrió la Santísima Virgen María, Madre de Jesús.
INICIO DEL VÍA MATRIS.
Por la señal de la Santa Cruz de nuestros enemigos líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
ORACIÓN: La introducción se concluye con una oración, que es una súplica a Dios para que dirija su mirada hacia los fieles que se preparan a cumplir el ejercicio piadoso del Vía Matris.
"Santísima Virgen, Madre de Dios, yo aunque indigno pecador postrado a tus pies en presencia de Dios omnipotente te ofrezco este mi corazón con todos sus afectos. A ti lo consagro y quiero que sea siempre tuyo y de tu hijo Jesús.
Acepta esta humilde oferta tu que siempre has sido la auxiliadora del pueblo cristiano.
Oh María, refugio de los atribulados, consuelo de los afligidos, ten compasión de la pena que tanto me aflige, del apuro extremo en que me encuentro.
Reina de los cielos, en tus manos pongo mi causa. Se bien que en los casos desesperados se muestra más potente tu misericordia y nada puede resistir a tu poder. Alcanzame Madre mía la gracia que te pido si es del agrado de mi Dios y Señor. Amén."
ENUNCIACIÓN DEL DOLOR: El guía o un lector enuncia el dolor que será objeto de meditación durante la “estación”.
1. María acoge en la fe la profecía de Simeón
2. María huye a Egipto con Jesús y José
3. María busca a Jesús perdido en Jerusalén
4. María encuentra a Jesús camino del Calvario
5. María está junto a la cruz de su Hijo
6. María recibe en su seno el cuerpo de Jesús bajado de la cruz
7. María entrega el cuerpo de Jesús al sepulcro en espera de la resurrección
Verso de introducción:
V. Te alabamos, Santa María
R. Madre fiel junto a la cruz de su Hijo.
LECTURA EVANGÉLICA: Se continúa con la lectura del evangelio relacionada con el dolor que se contempla en la “estación”
1. María acoge en la fe la profecía de Simeón (San Lucas 2, 34-35).
Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos».
2. María huye a Egipto con Jesús y José (San Mateo 2, 13-14).
Después de la partida de los magos, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo». José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto.
3. María busca a Jesús perdido en Jerusalén (San Lucas 2, 43-45).
Cuando el niño cumplió doce años, subieron como de costumbre, y acababa la fiesta, María y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se dieran cuenta. Creyendo que estaba en la caravana, caminaron todo un día y después comenzaron a buscarlo entre los parientes y conocidos. Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén en busca de él.
4. María encuentra a Jesús camino del Calvario (San Lucas 23, 26-27).
Cuando lo llevaban, detuvieron a un tal Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo cargaron con la cruz, para que la llevara detrás de Jesús. Lo seguían muchos del pueblo y un buen número de mujeres, que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él.
5. María está junto a la cruz de su Hijo (San Juan 19, 25-27).
Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien el amaba, Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre». Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.
6. María recibe en su seno el cuerpo de Jesús bajado de la cruz (San Mateo 27, 57-59).
Al atardecer, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también se había hecho discípulo de Jesús, y fue a ver a Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Pilato ordenó que se lo entregaran. Entonces José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia y lo depositó en un sepulcro nuevo que se había hecho cavar en la roca. Después hizo rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, y se fue.
7. María entrega el cuerpo de Jesús al sepulcro en espera de la resurrección (San Juan 19, 40-42).
Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en los lienzos con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto, un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.
ORACIÓN: Después de cada lectura se hace una pausa de silencio, seguida de una oración, dirigida a Dios o a la Virgen, implora una gracia que proviene del dolor que se contempla.
"Acuérdate, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir, que ninguno de los que han acudido a tu protección, implorando tu asistencia y reclamando tu socorro, haya sido abandonado de ti. Animado con esta confianza, a ti también acudo, ¡oh Madre, Virgen de las vírgenes!, y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a aparecer ante tu presencia soberana. No desechés, ¡oh Madre de Dios!, mis humildes súplicas, antes bien, inclina a ellas tus oídos y dígnate a atenderlas favorablemente. Amén."
CANTO DE PROCESIÓN: Tiene la finalidad de acompañar el camino de una “estación” a otra. Se proponen varios tipos de canto de procesión, entre los cuales: el Stabat Mater y las letanías de los Santos o de la Virgen.
STABAT MATER.
Stabat Mater dolorosa
iuxta Crucem lacrimosa,
dum pendebat Filius.
Cuius animam gementem,
contristatam et dolentem
pertransivit gladius.
O quam tristis et afflicta
fuit illa benedicta,
mater Unigeniti!
Quae maerebat et dolebat,
pia Mater, dum videbat
nati poenas inclyti.
Quis est homo qui non fleret,
matrem Christi si videret
in tanto supplicio?
Quis non posset contristari
Christi Matrem contemplari
dolentem cm Filio?
Pro peccatis suae gentis
vidit Iesum in tormentis,
et flagellis subditum.
Vidit suum dulcem Natum
moriendo desolatum,
dum emisit spiritum.
Eia, Mater, fons amoris
me sentire vim doloris
fac, ut tecum lugeam.
Fac, ut ardeat cor meum
in amando Christum Deum
ut sibi complaceam.
Sancta Mater, istud agas,
crucifixi fige plagas
cordi meo valide.
Tui Nati vulnerati,
tam dignati pro me pati,
poenas mecum divide.
Fac me tecum pie flere,
crucifixo condolere,
donec ego vixero.
Iuxta Crucem tecum stare,
et me tibi sociare
in planctu desidero.
Virgo virginum praeclara,
mihi iam non sis amara,
fac me tecum plangere.
Fac, ut portem Christi mortem,
passionis fac consortem,
et plagas recolere.
Fac me plagis vulnerari,
fac me Cruce inebriari,
et cruore Filii.
Flammis ne urar succensus,
per te, Virgo, sim defensus
in die iudicii.
Christe, cm sit hinc exire,
da per Matrem me ve**re
ad palmam victoriae.
Quando corpus morietur,
fac, ut animae donetur
paradisi gloria. Amen.
DESPEDIDA: La despedida consta de una monición, una aclamación y una oración, a las que siguen la bendición y el saludo final.
MONICIÓN:
Al finalizar el «Vía Matris» saludamos a la Virgen de la fe, de la espera, de la esperanza y dirigimos nuestra mirada hacia la luz de la Pascua.
ACLAMACIÓN:
Bendita tú o Alégrate, Hija de Sión.
ORACIÓN: Es una súplica dirigida a Dios, para que, por la intercesión de Santa María, llene con la abundancia de sus dones y asocie «a la gloria de Cristo resucitado» a los fieles que han cumplido con este ejercicio piadoso.
Dulzura de los ángeles, alegría de los afligidos, abogada de los cristianos, Virgen madre del Señor, protégeme y sálvame de los sufrimientos eternos.
María, purísimo incensario de oro, que ha contenido a la Trinidad excelsa; en ti se ha complacido el Padre, ha habitado el Hijo, y el Espíritu Santo, que cubriéndote con su sombra, Virgen, te ha hecho madre de Dios.
Nosotros nos alegramos en ti, Theotókos; tú eres nuestra defensa ante Dios. Extiende tu mano invencible y aplasta a nuestros enemigos. Manda a tus siervos el socorro del cielo.
SALUDO FINAL:
Nos proteja Santa María, y nos guíe benignamente en el camino de la vida.
Acuérdate, en favor de los diversos componentes del orden eclesial y de la familia humana, así como de las varias necesidades.
La bendición (prevista cuando quien preside o guía es un presbítero o un diácono): tiene la estructura y los contenidos propios de esta secuencia ritual.
FIN DE LA ORACIÓN.
Madonna Addolorata delle Sette Spade, Santo Stefano Rotondo, Roma (CIRCONCISIONE)
Madonna Addolorata delle Sette Spade, Santo Stefano Rotondo, Roma (CIRCONCISIONE)
ACLARACIÓN FINAL.
Suponiéndose una correcta celebración, el valor espiritual y la eficacia pastoral del Vía Matris se encuentran en la capacidad de: acercar a los fieles, a través de la contemplación de la «compasión» de la Virgen, a uno de los aspectos esenciales del Misterio pascual: la pasión salvadora de Cristo; iluminar el misterio del dolor, del cual ningún hombre puede huir, con la luz que emana en modo singular de la forma con la cual María de Nazaret, llena de fe, vivió esta experiencia; hacer participar a los orantes de los sufrimientos de los hermanos y hermanas, ya que la celebración del dolor de la Virgen no puede quedarse en la meditación, en el agradecimiento, en la alabanza, sino que implica la atención comprometida hacia el hombre y la mujer que sufren; suscitar sentimientos de misericordia, porque, después de la contemplación de la bondad misericordiosa del Salvador, nada dispone el ánimo para la misericordia como la contemplación de la amorosa compasión de la Virgen: bajo la cruz, María es la «Virgen del perdón».
LOS DÍAS MÁS INDICADOS PARA SU CELEBRACIÓN.
Como sugerencia se indican los días que, por su índole o por motivos tradicionales, son más aptos para la celebración pública del Vía Matris en las iglesias de los Siervos y de las Siervas de María:
*Los días feriados del tiempo de Cuaresma, en particular el viernes;
*Los viernes del mes de septiembre;
*Los siete viernes que preceden a la Solemnidad de la Dolorosa (15 de septiembre), a menos que no recurra en esa fecha alguna memoria litúrgica que requiera una fórmula diversa (por ejemplo: 8 de septiembre, Natividad de la Santísima Virgen María; 14 de septiembre, Exaltación de la Santa Cruz).