01/06/2026
Solemnidad de la Santísima Trinidad y aniversario de la Escuela de Pastoral.
En el marco de la solemnidad de la Santísima Trinidad, la comunidad diocesana se reunió en la Santa Iglesia Catedral del Señor del Santo Sepulcro para participar en la celebración eucarística presidida por Monseñor Jorge Cuapio Bautista, obispo de la Diócesis de Iztapalapa, en una jornada marcada por la fe, la reflexión y la acción de gracias por el aniversario de la Escuela de Pastoral.
Durante su homilía, Monseñor Jorge invitó a los fieles a contemplar el misterio de
Dios revelado por Jesucristo, recordando que Dios no es un ser lejano oindiferente,
sino un Padre cercano que ama profundamente a toda la humanidad. Destacó que el amor de Dios se manifiesta plenamente en el envío de su Hijo al mundo, señalando que “el Padre envía al Hijo, el Hijo es enviado por amor y es enviado para amar”.
Asimismo, subrayó que la Santísima Trinidad es comunión perfecta de amor y que la Iglesia está llamada a ser reflejo de esa unidad, viviendo en la misericordia, el
perdón y la fraternidad. “Si la Trinidad es amor, la Iglesia tiene que vivir en el amor;
si la Trinidad es comunión, en la Iglesia debemos fomentar la comunión”, expresó.
En este contexto, reconoció la importante labor de la Escuela de Pastoral, obra
nacida bajo la inspiración de Dios para formar discípulos comprometidos con el
servicio a la Iglesia y a los hermanos. Con gratitud, se recordó el camino recorrido
durante estos años de evangelización y formación, poniendo en manos del Señor
los frutos obtenidos y pidiendo la gracia de la perseverancia para seguir dando
abundantes frutos en favor del pueblo de Dios.
Posteriormente, Monseñor Jorge cedió la palabra a uno de los seminaristas de la
diócesis, quien compartió con la asamblea el significado y compromiso de la
vocación sacerdotal en la actualidad. Durante su mensaje, invitó a todos los presentes a orar por las vocaciones, especialmente por los seminaristas de la Diócesis de Iztapalapa, quienes se preparan para servir a una comunidad de más de dos millones de habitantes. El seminarista recordó que toda vocación es un llamado de Dios y explicó las distintas vocaciones promovidas por la Iglesia: el matrimonio, la vida en soltería, la vida religiosa y el sacerdocio, destacando que cada una implica entrega, sacrificio
y servicio.
Asimismo, hizo un llamado a apoyar al seminario tanto con la oración como con la generosidad de la comunidad, señalando la necesidad de seguir fortaleciendo la
formación de futuros sacerdotes para el bien de la diócesis y de toda la Iglesia.
La celebración concluyó en un ambiente de fe, unidad y esperanza, renovando en
los presentes el compromiso de vivir el amor de Dios, fomentar las vocaciones y
continuar trabajando por una Iglesia viva, cercana y misericordiosa.