17/05/2026
No es opcional, ¡es indispensable!
El Espíritu Santo debe ser la prioridad en la vida de toda persona, porque cuando Su presencia habita en alguien, obra profundamente en su interior. Él no viene solo para que la persona tenga testimonios materiales o logros alcanzados por la fe, sino para convertirla en testigo vivo de la obra de Dios.
Es decir, los testimonios son resultados externos, pero la presencia del Espíritu Santo produce una transformación completa, que comienza en el interior y se refleja en el exterior: en el carácter, en la manera de hablar, en los pensamientos, hasta el punto de reflejar la imagen de Jesús en la propia vida.
"Pero recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros; y Me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra" (Hechos 1:8).
Entonces, en cualquier sitio donde uno se encuentre será visible que la depresión y tristeza se acabaron, porque Jesús está en el interior.
¿Cómo alcanzar esto? Entregándose de cuerpo, alma y espíritu. Cuando sucede esa entrega, “de lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva”, es decir, el Espíritu de Dios pasa a ser el río de agua viva. Él es quien sacia la sed de nuestra alma y refresca el interior.