23/07/2026
EL VERDADERO AVIVAMIENTO
En Hechos 2:1-47 encontramos el ejemplo del verdadero avivamiento. Después de que el Espíritu Santo descendió sobre la iglesia primitiva, personas de diferentes naciones escucharon hablar de las maravillas de Dios en su propio idioma. Ese día, alrededor de tres mil personas recibieron el mensaje de salvación y entregaron su vida a Cristo. Así se cumplió la promesa de Jesús en Hechos 1:8, cuando dijo que sus discípulos recibirían poder al venir sobre ellos el Espíritu Santo.
Hoy la iglesia también necesita volver a experimentar ese verdadero avivamiento. En 2 Timoteo 1:6, el apóstol Pablo exhorta a Timoteo a avivar el fuego del don de Dios. Esto nos recuerda que no debemos permitir que nuestra pasión por el Señor se apague. Muchas veces podemos asistir a la iglesia, escuchar la Palabra y participar en las actividades, pero si no hay una transformación en nuestra vida, no estamos viviendo el verdadero avivamiento.
El verdadero avivamiento no se trata únicamente de emociones o manifestaciones visibles. Se trata de permitir que el Espíritu Santo transforme nuestro corazón, nuestra manera de pensar, de hablar y de actuar. Cuando Dios aviva a su iglesia, esa transformación se refleja en una vida de obediencia, santidad y amor por Él.
En Hechos 2:37, al escuchar la predicación de Pedro, muchas personas fueron profundamente conmovidas y preguntaron: «¿Qué debemos hacer?» Pedro respondió: «Arrepiéntanse y bautícese cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo.» El avivamiento siempre produce arrepentimiento y un deseo sincero de obedecer a Dios.
Hoy el Señor sigue llamando a su iglesia a despertar, volver a Él y mantener encendido el fuego del Espíritu Santo. Permanezcamos en su Palabra, vivamos en obediencia y demos frutos dignos de arrepentimiento, para que nuestra vida refleje a Cristo y otros puedan conocerle por medio de nuestro testimonio.