Declaración de Fe Doctrinal.
1. Creemos en la inspiración plenaria, verbal y sin error de toda la Biblia, la cual es nuestro fundamento doctrinal. II Timoteo 3:16
2. Creemos en un solo Dios, único en tres personas: Padre, Hijo y Espiritu Santo, con la misma naturaleza y los mismos atributos. I Juan 5:7
3. Creemos que el hombre es por naturaleza pecador, incapaz de salvarse a si mismo y necesita
a Cristo Jesús como único camino para la salvación. Romanos 3:23, Romanos 6:23, Romanos 5:12
4. Creemos que la salvación es por Fe en Cristo Jesús y no por obras propias. Efesios 2:8-9
5. Creemos que Cristo nació virginalmente de María por obra del Espíritu Santo. Mateo 1:20-21
6. Creemos que Cristo murió, fue sepultado y resucitó al tercer día y está sentado a la diestra del Padre. I Corintios 15:3-4
7. Creemos que Cristo vendrá por segunda vez en forma visible y corporal a reinar por mil años. Apocalipsis 1:7, Apocalipsis 20:6
8. Creemos que Cristo en su ministerio terrenal fundó su Iglesia y quedó como cabeza de ella, le dio poder como iglesia local, murió por ella, vendrá por ella arrebantándola y en las bodas del Cordero será su esposa. Sus miembros son creyentes nacidos de nuevo, bautizados por inmersión, por voluntad propia, no bebés, y tienen la consigna de dar a conocer el evangelio de Cristo Jesús a los perdidos. Mateo 28:18-20
9. Creemos que el rapto de los salvos se llevará a cabo antes de la Gran Tribulación. I Tesalonicenses 4:13-18
10. Creemos que habrá resurrección de justos e injustos, los unos para salvación eterna en el cielo y los otros para condenación eterna en el in****no (No existen lugares intermedios). Daniel 12:2
11. Creemos que no hay otra oportunidad aparte de Jesucristo para llegar al Padre. Juan 14:6
12. Creemos en la santidad y separación bíblica, por eso no compartimos el movimiento carismático, la mundanalidad, la iglesia universal, la adoración de ídolos, las tradiciones de los hombres, las modas irreverentes y los concilios. II Timoteo 2:19
13. Creemos que el Espíritu Santo solo viene a morar en el creyente en el momento que acepta a Cristo como su único y suficiente Salvador personal de su alma, sin la necesidad de manifestaciones externas como: lenguas, gritos, danzas, risas, etc.