31/03/2026
La semana más importante de la historia
Sería difícil exagerar la muerte, sepultura y resurrección del Señor Jesucristo, una serie de eventos que impactó la humanidad, el calendario y la eternidad, y que se conmemora en la Semana Santa.
Dios tenía planeado este evento, no por si acaso sino desde antes de la fundación del mundo, por medio del cual el pecador iba a poder ser salvo. Cristo en la cruz era como “un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo” (1 Pedro 1.19-20).
Los profetas del Antiguo Testamento anunciaron este evento también. “El Espíritu de Cristo que estaba en ellos… anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo” (1 Pedro 1.11).
Los sacrificios animales, que nunca quitaron el pecado, eran “sombra de los bienes venideros” (Hebreos 10.1) y anticipaban lo que efectuaría Cristo “por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado” (Hebreos 9.26).
Todos los siglos anteriores anticipaban este sacrificio “en la consumación de los siglos” (Hebreos 9.26). Nosotros, “a quienes han alcanzado los fines de los siglos” (1 Corintios 10.11), somos los más privilegiados en la historia. Vivimos en la época después de este evento, y ¿no sería más fácil creer después de la cruz que antes de ella?
En el sexto siglo antes de la Semana Santa, un ángel le dijo a Daniel que “desde el edicto de restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe” (Daniel 9.25) habría 69 semanas de años, es decir, 173,880 días, según el año judío. Precisamente en esa fecha, el 30 de marzo, 33 d. C., Cristo entró en Jerusalén sentado “sobre un pollino” (Mateo 21.5).
Pero el ángel le había dicho a Daniel otra profecía: “Después… se quitará la vida al Mesías, mas no por sí” (Daniel 9.26). El viernes 3 de abril, a las 3pm, la hora del sacrificio pascual en el templo, se le quitó la vida a Cristo, el verdadero cordero pascual, sobre una cruz fuera de la ciudad.
Ahora bien, si no se le quitó la vida a Cristo por sí, ¿por quién fue? Abundan las respuestas en la Biblia: por “la vida del mundo” (Juan 6.51); “por todos” (1 Timoteo 2.6); “por muchos” (Mateo 26.28); “por ella” (la Iglesia) (Efesios 5.25); “por vosotros” (Lucas 22.20); “por nosotros” (Efesios 5.2); “por los impíos” (Romanos 5.6); “por los injustos” (1 Pedro 3.18); “por nuestros pecados” (Gálatas 1.4). Pero Pablo escribió lo que toda persona salva ha entendido y creído por fe: “El Hijo de Dios… me amó y se entregó a sí mismo POR MÍ” (Gálatas 2.20). ¿Ha visto usted la muerte de Cristo de esta manera personal?
Entonces, si ya sabe por quién fue quitada la vida al Mesías, no posponga más el confiar personalmente en Él para su salvación eterna, porque la “pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros” (1 Corintios 5.7).
Tomás Kember
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