27/08/2026
🤍𝐗𝐗𝐈 𝙎𝙀𝙈𝘼𝙉𝘼 𝐃𝐄𝐋 𝐓𝐈𝐄𝐌𝐏𝐎 𝐎𝐑𝐃𝐈𝐍𝐀𝐑𝐈𝐎
𝐌𝐄𝐌𝐎𝐑𝐈𝐀, 𝐒𝐀𝐍𝐓𝐀 𝐌Ó𝐍𝐈𝐂𝐀
🗓️𝗠𝐈𝐄𝐑𝐂𝐎𝐋𝐄𝐒 𝟐𝟔 𝐃𝐄 𝐀𝐆𝐎𝐒𝐓𝐎 𝐃𝐄 𝟐𝟎𝟐𝟔
𝐃𝐞𝐥 𝐬𝐚𝐧𝐭𝐨 𝐄𝐯𝐚𝐧𝐠𝐞𝐥𝐢𝐨 𝐬𝐞𝐠ú𝐧 𝐬𝐚𝐧 𝐌𝐚𝐭𝐞𝐨. 𝟐𝟒, 𝟒𝟐-𝟓𝟏
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Velen y estén preparados, porque no saben qué día va a venir su Señor. Tengan por cierto que si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. También ustedes estén preparados, porque a la hora en que menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre. Fíjense en un servidor fiel y prudente, a quien su amo nombró encargado de toda la servidumbre para que le proporcionara oportunamente el alimento. Dichoso ese servidor, si al regresar su amo, lo encuentra cumpliendo con su deber. Yo les aseguro que le encargará la administración de todos sus bienes.
Pero si el servidor es un malvado, y pensando que su amo tardará, se pone a golpear a sus compañeros, a comer y emborracharse, vendrá su amo el día menos pensado, a una hora imprevista, lo castigará severamente y lo hará correr la misma suerte de los hipócritas. Entonces todo será llanto y desesperación». Palabra del Señor.
¿𝐒𝐚𝒃í𝒂𝐬 𝐪𝐮е...?💡
🔍 La perseverancia vigilante de Santa Mónica en la oración:
La exhortación de Jesús a "velar" (grēgorēte) no significa vivir con temor paralizante, sino mantener el corazón despierto en la fe y la caridad activa. Un testimonio admirable de esta vigilancia evangélica es Santa Mónica. Durante más de dieciséis años, oró y ofreció lágrimas incesantes por la conversión de su hijo Agustín, quien vivía apartado de la fe e inmerso en la filosofía maniquea y una vida desordenada. San Agustín en sus Confesiones recordaba las palabras que un obispo profético le dijo a su madre para consolarla: "Es imposible que se pierda el hijo de tantas lágrimas". Santa Mónica fue aquel "servidor fiel y prudente" que veló sin desmayar, demostrando que la oración perseverante de una madre es una fuerza poderosa que abre el corazón humano a la gracia del Salvador. 🛡️💧🕊️
📖 𝑹𝒆𝒇𝒆𝒓𝒆𝒏𝒄𝒊𝒂: 𝑺𝒂𝒏 𝑨𝒈𝒖𝒔𝒕í𝒏, "𝑪𝒐𝒏𝒇𝒆𝒔𝒊𝒐𝒏𝒆𝒔", 𝑳𝒊𝒃𝒓𝒐 𝑰𝑰𝑰, 𝑪𝒂𝒑í𝒕𝒖𝒍𝒐 12.