Iglesia Adventista del Séptimo día Huamantla Tlaxcala

Iglesia Adventista del Séptimo día Huamantla Tlaxcala servicio escuela sabática y culto divino

27/03/2026
16/12/2024

1 CORINTIOS 6
"La ropa sucia se lava en casa"

Colocar la mirada en Dios y no en el hombre es la mejor decisión que los creyentes pueden realizar cada día. Dios es fiel, siempre y en todo momento. Solo colocando la mirada en Jesús podremos llegar a la meta. Cuando dejamos de mirar a Jesús, nos hundimos en nuestros problemas. Definitivamente, cuando colocamos nuestra mirada en los hombres, no solo vamos a sufrir decepciones, sino también cometeremos serios errores. La iglesia de Corinto sufría de muchos males, estaban divididos colocando su mirada en el ser humano, habían también permitido y tolerado el pecado y por si fuera poco no sabían cómo solucionar los conflictos que surgían dentro de la congregación y estaban acudiendo a los tribunales para resolverlos.

El espíritu de amor y de perdón es característico del cristiano que tiene colocados sus ojos en Jesús. Cuando sucede lo contrario, entonces solo hay rencor, odio, celos, indiferencia, orgullo, y la actitud del que me la hace la paga: “¿Osa alguno de vosotros, cuando tiene algo contra otro, ir a juicio delante de los injustos, y no delante de los santos?”. (1 Corintios 6:1).

Los cristianos tenemos que ser ejemplo de seguir las pisadas del maestro: “¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas?” (1 Corintios 6:2).

Lo ideal es no tener pleitos y, si suceden, aprender a colocar la otra mejilla: “Así que, por cierto, es ya una falta en vosotros que tengáis pleitos entre vosotros mismos. ¿Por qué no sufrís más bien el agravio? ¿Por qué no sufrís más bien el ser defraudados?”. (1 Corintios 6:7-8).

Es cierto, el pecado es aborrecible ante los ojos de Dios, pero el pecador es muy amado y Dios manifiesta su amor, paciencia y perdón: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios”. (1 Corintios 6:9-10).

Cuando permitimos que el Espíritu Santo guíe nuestra vida, él nos enseña a ser pacientes y tolerantes, nos enseña a perdonar, así como Cristo es paciente, tolerante y perdonador con cada uno de nosotros: “Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.” (1 Corintios 6:11).

El apóstol Pablo dijo: “Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna.” (1 Corintios 6:12). Si se están enfrentando situaciones muy críticas en el seno de la iglesia, se debe buscar en primer lugar una solución dentro de la misma iglesia. Buscar la solución en oración y siguiendo el consejo de personas espirituales. Y sobre todo al buscar a Dios a través de la oración y con el consejo de su palabra, él tiene la solución a todos los problemas: “Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas; pero tanto al uno como a las otras destruirá Dios. Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo. Y Dios, que levantó al Señor, también a nosotros nos levantará con su poder.” (1 Corintios 6:14-15).

Cuando el Señor nos levanta con su poder. Es para darnos el privilegio de formar parte de su iglesia: “¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ra**ra? De ningún modo. ¿O no sabéis que el que se une con una ra**ra, es un cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne. Pero el que se une al Señor, un espíritu, es con él. Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo, peca”. (1 Corintios 6:15-18).

El Espíritu Santo es Dios. Ser lleno del Espíritu Santo es ser lleno de la presencia de Dios. Es la presencia del Padre habitando en la vida del creyente: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”. (1 Corintios 6:19-20).

Precisamente, ante situaciones o conflictos que se enfrenten en la vida cristiana, la mejor manera de solucionarlos es permitir ser guiados por el Espíritu Santo. El resultado será totalmente diferente si queremos solucionarlos con nuestra vista miope y torpe. Lo segundo solo ocasionará que los problemas pequeños se hagan grandes y los grandes más grandes, y si no hay problemas, aparezcan.

Vivamos el día de hoy con la convicción de que nuestro cuerpo es morada de Dios.

Dios te bendiga.
Ptr. Martin Olvera García.

11/12/2024

1 CORINTIOS 1
"No hay nada mejor que una iglesia unida"

Iniciamos la lectura de la Primera Carta a los Corintios. Esta fue escrita por el apóstol Pablo desde Éfeso. La iglesia de ese puerto importante se encontraba atravesando por serios problemas debido a varias circunstancias sociales, espirituales y morales. Las máximas latinas “divide et impera”, “divide y vencerás”. Fueron utilizadas por Julio Cesar y Napoleón. Otro adagio popular dice: “la unidad hace la fuerza”. Satanás conoce esta verdad, por eso busca de manera constante colocar en el corazón del ser humano, sentimientos de división.
Lamentablemente, tiene éxito el problema de la desunión, es algo que aconteció en la iglesia primitiva y sucede en la iglesia hoy. Los primeros cuatro capítulos de la carta de Pablo a los Corintios son un llamado ferviente a la unidad. Pablo, estando en Éfeso, se enteró de que se habían suscitado varias divisiones en la iglesia de Corinto. Inmediatamente, el apóstol, preocupado por esta situación, les escribe consejos inspirados por Dios para hacerle frente a esta situación.

“Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios y el hermano Sóstenes”. (1 corintios 1:1). Pablo es un apóstol llamado por el Señor Jesús. Y aunque la carta está dirigida a los creyentes de Corinto, el apóstol es inclusivo al mencionar “llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de Dios”. Por lo tanto, los consejos dados a los corintios son consejos para la iglesia universal.
“A la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos, con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro: Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo”. (1 Corintios 1:2-3). Invocar el nombre de Jesús nos une, y trae el cielo a la tierra, y el verso tres es una poderosa bendición para todos nosotros:“Gracia y Paz” del Padre y del Señor Jesús. Los que invocamos el nombre del Señor Jesucristo hallamos gracia y paz.

Cuan importante es tener una actitud positiva ante cualquier circunstancia. Pablo le recuerda a la iglesia como había sido bendecida por el Señor, aunque ahora están enfrentando situaciones difíciles y tenga que ser reprendida, tienen la bendición de Dios.
“Gracias doy a mi Dios siempre por vosotros, por la gracia de Dios que os fue dada en Cristo Jesús; porque en todas las cosas fuisteis enriquecidos en él, en toda palabra y en toda ciencia; así como el testimonio acerca de Cristo ha sido confirmado en vosotros, de tal manera que nada os falta en ningún don, esperando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo”.
El apóstol escribe dando la seguridad a la iglesia de que el Señor no dejara que su pueblo caiga, no permitirá que su iglesia se destruya. Él la fortalecerá y ayudará hasta el fin, manteniéndola irreprensible: “El cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor”. (1 Corintios 1:8-9).

Pablo, al enterarse de lo que estaba a sucediendo, se preocupó por sus hermanos, con quienes había convivido por un año y medio. Alguien del pueblo de Cloé le dio la información. Los consejos que el apóstol escribe son prácticos y resuelven cualquier problema de división. Independientemente de quien o como se hayan provocado estos problemas Pablo desea acabar con eso: “Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer” (1 Corintios 1:10).

“Los creyentes corintios necesitaban una experiencia más profunda en las cosas de Dios. No sabían plenamente lo que significaba contemplar su gloria y ser cambiados de carácter en carácter. No habían visto sino los primeros rayos de la aurora de esa gloria. El deseo de Pablo para con ellos era que pudieran ser henchidos con toda la plenitud de Dios, que prosiguieran conociendo a Aquel cuya salida se prepara como la mañana, y continuaran aprendiendo de él hasta que llegaran a la plenitud del mediodía de una perfecta fe evangélica (Los Hechos de los Apóstoles, pág., 248).

Para mantener la unidad en la iglesia, en la familia, en un ambiente de trabajo. Es necesario lo siguiente.

1. Hablar un mismo lenguaje. Tener una misma visión, división es tener dos visiones, tener un pensamiento en común en lo que se quiere lograr: “Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer” (1 Corintios. 1:10).
2. Evitar las contiendas: “Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas.” 1 Corintios 1:11. Somos diferentes, pensamos diferente, hacemos las cosas de manera diferente. Es normal que haya diferencias, lo que no es normal es estar peleando por todo.
3. Tener presente a nuestro máximo líder, quien murió por nosotros: “Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo. ¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?.” 1 Corintios 1:12-13 El apóstol les recuerda a los corintios que los cristianos son llamados a seguir a Cristo, no a un ser humano, por más que esa persona sea talentosa, dotada o escogida y apreciada.
4. Promover e insistir en la unidad: “Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios. Pues está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, Y desecharé el entendimiento de los entendidos”. 1 Corintios 1:18-19. Al pie de la cruz todos nos encontramos en el mismo nivel. El único que puede limpiarnos del pecado es Cristo, nadie más.
5. Desechar la presunción: “Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es”. 1 Corintios 1:26-28. Las personas sabias e inteligentes son aquellas que consideran que saben mucho, pero que les falta muchas otras cosas por aprender. Las personas ignorantes o insensatas son aquellas que creen que todo lo saben, por lo tanto, nunca dejan espacio para aprender algo nuevo, esto los lleva al engreimiento.
6. Darle la gloria siempre a Dios: “Más por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios, sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor”. 1 Corintios 1:30-31.
Dios te bendiga y recuerda, hay poder y bendición, al invocar el nombre de Jesús quedamos unidos con el cielo y, por lo tanto, unidos como hijos de Dios en esta tierra.

Ptr. Martin Olvera García.

23/10/2024

JUAN 17

Como se mencionó en su momento, los capítulos del 13 al 17 de Juan son una unidad donde encontramos los mensajes que Jesús dio a sus discípulos la noche de la última cena. En el capítulo de hoy podemos apreciar la oración de despedida. Esta oración también se le conoce como la “Oración sacerdotal”. En la oración podemos apreciar que lleva un orden bien definido donde Jesús pide tres cosas a su Padre.

1. Glorifica a tu hijo: “Estas cosas”, habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti”. (Juan 17:1-5). Aquí se habla de la hora de la glorificación y del fin de la misión y cómo los discípulos aceptaron la revelación y la misión salvadora de Cristo.
2. “Los que me diste”. La segunda petición tiene que ver con sus discípulos: “Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son”. Juan 17:6-8. Le ruega al Padre que los guarde en su nombre y los santifique en su verdad.
3. El tercer pedido de Jesús es un pedido maravilloso porque incluye a todos los que creerán en la palabra de sus discípulos, ruega por su unidad y porque ellos puedan estar con Jesús. Juan 17:20-26.

La hora, la gloria, y el fin de la misión: “La hora ha llegado”, a Cristo nunca le interesó la gloria humana. Tenía un propósito bien definido. Cumplir su misión. La hora cuando el Padre glorifica al hijo y el hijo glorifica al Padre es el momento cuando culmina la obra redentora. El propósito de la misión es dar vida eterna: “como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste.” (Juan 17:2). Y en que cosiste la vida eterna: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.” (Juan 17:3). Conocer a Dios no es solo un proceso intelectual, sino que es un acto de vida que abarca a la persona en su totalidad. incluye su pensar y actuar, una vida de obediencia a los mandamientos de Dios y una relación de amor y comunión con los demás.

Los discípulos aceptaron la revelación y la misión: “Los que me diste”. En su oración, Jesús presenta un informe de los resultados que su misión tuvo: “He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra.” (Juan 17:6). “Les manifesté tu nombre” y ellos creyeron: “guardaron tu palabra”.

Los discípulos aceptaron la misión de Cristo como el acto mismo de salvación para ellos y como actividad encomendada por Cristo para anunciar la salvación a los perdidos: “Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti; porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste.” (Juan 17: 7-8). Jesús ruega por los que el Padre le dio. “Guárdalos en tu nombre”

“Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son.” (Juan 17:9). Jesús no ruega por el mundo, sino por los que Dios le dio. Jesús pide que los guarde en su nombre: Lo que significa que pide para que el Padre los proteja, los guarde en su poder, los mantenga seguros, de esa forma, aunque estén en el mundo, reciben poder para mantenerse separados del mundo y unidos a Dios. Mientras Cristo estaba con ellos, los guardaba del mal, ahora pide a su Padre que los proteja del mal. Y también pide al Padre que los ayude en todo momento para cumplir la misión y mantengan el gozo que esto implica: “Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos: “Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos.” (Juan 17:13.). Jesús ruega por los que creerán, por la palabra de sus discípulos.

“Mas no ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos.” (Juan 17:20). Jesús ruega para que los que crean por la palabra de los discípulos también tengan en su vida el compromiso de cumplir con la misión. “Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea, que tú me enviaste.” (Juan 17:21). Es una unidad que tiene que ver con expansión, alcance. Una unidad que busca la forma de alcanzar al mundo con el evangelio de Cristo. “Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos, como también a mí me has amado.” Juan 17:23.

“Padre, aquellos que me has dado, quiero que, donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo.” Juan 17:24. “Que ellos estén conmigo”.

Su última voluntad. El último ruego de Cristo es que los creyentes estén con él para siempre. Esto será una hermosa realidad mientras los creyentes hayan permanecido juntos, unidos en el mundo. Cumpliendo la acción evangelizadora. Muy pronto tendremos el privilegio de ver la gloria de Dios, cuando Cristo venga por segunda vez.

Mientras llega ese momento, su oración nos cubre con el propósito de tener poder para seguir cumpliendo con la misión: “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal”.

Dios te bendiga.
Ptr. Martin Olvera García.

07/04/2024


28/01/2024

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