11/12/2024
1 CORINTIOS 1
"No hay nada mejor que una iglesia unida"
Iniciamos la lectura de la Primera Carta a los Corintios. Esta fue escrita por el apóstol Pablo desde Éfeso. La iglesia de ese puerto importante se encontraba atravesando por serios problemas debido a varias circunstancias sociales, espirituales y morales. Las máximas latinas “divide et impera”, “divide y vencerás”. Fueron utilizadas por Julio Cesar y Napoleón. Otro adagio popular dice: “la unidad hace la fuerza”. Satanás conoce esta verdad, por eso busca de manera constante colocar en el corazón del ser humano, sentimientos de división.
Lamentablemente, tiene éxito el problema de la desunión, es algo que aconteció en la iglesia primitiva y sucede en la iglesia hoy. Los primeros cuatro capítulos de la carta de Pablo a los Corintios son un llamado ferviente a la unidad. Pablo, estando en Éfeso, se enteró de que se habían suscitado varias divisiones en la iglesia de Corinto. Inmediatamente, el apóstol, preocupado por esta situación, les escribe consejos inspirados por Dios para hacerle frente a esta situación.
“Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios y el hermano Sóstenes”. (1 corintios 1:1). Pablo es un apóstol llamado por el Señor Jesús. Y aunque la carta está dirigida a los creyentes de Corinto, el apóstol es inclusivo al mencionar “llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de Dios”. Por lo tanto, los consejos dados a los corintios son consejos para la iglesia universal.
“A la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos, con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro: Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo”. (1 Corintios 1:2-3). Invocar el nombre de Jesús nos une, y trae el cielo a la tierra, y el verso tres es una poderosa bendición para todos nosotros:“Gracia y Paz” del Padre y del Señor Jesús. Los que invocamos el nombre del Señor Jesucristo hallamos gracia y paz.
Cuan importante es tener una actitud positiva ante cualquier circunstancia. Pablo le recuerda a la iglesia como había sido bendecida por el Señor, aunque ahora están enfrentando situaciones difíciles y tenga que ser reprendida, tienen la bendición de Dios.
“Gracias doy a mi Dios siempre por vosotros, por la gracia de Dios que os fue dada en Cristo Jesús; porque en todas las cosas fuisteis enriquecidos en él, en toda palabra y en toda ciencia; así como el testimonio acerca de Cristo ha sido confirmado en vosotros, de tal manera que nada os falta en ningún don, esperando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo”.
El apóstol escribe dando la seguridad a la iglesia de que el Señor no dejara que su pueblo caiga, no permitirá que su iglesia se destruya. Él la fortalecerá y ayudará hasta el fin, manteniéndola irreprensible: “El cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor”. (1 Corintios 1:8-9).
Pablo, al enterarse de lo que estaba a sucediendo, se preocupó por sus hermanos, con quienes había convivido por un año y medio. Alguien del pueblo de Cloé le dio la información. Los consejos que el apóstol escribe son prácticos y resuelven cualquier problema de división. Independientemente de quien o como se hayan provocado estos problemas Pablo desea acabar con eso: “Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer” (1 Corintios 1:10).
“Los creyentes corintios necesitaban una experiencia más profunda en las cosas de Dios. No sabían plenamente lo que significaba contemplar su gloria y ser cambiados de carácter en carácter. No habían visto sino los primeros rayos de la aurora de esa gloria. El deseo de Pablo para con ellos era que pudieran ser henchidos con toda la plenitud de Dios, que prosiguieran conociendo a Aquel cuya salida se prepara como la mañana, y continuaran aprendiendo de él hasta que llegaran a la plenitud del mediodía de una perfecta fe evangélica (Los Hechos de los Apóstoles, pág., 248).
Para mantener la unidad en la iglesia, en la familia, en un ambiente de trabajo. Es necesario lo siguiente.
1. Hablar un mismo lenguaje. Tener una misma visión, división es tener dos visiones, tener un pensamiento en común en lo que se quiere lograr: “Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer” (1 Corintios. 1:10).
2. Evitar las contiendas: “Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas.” 1 Corintios 1:11. Somos diferentes, pensamos diferente, hacemos las cosas de manera diferente. Es normal que haya diferencias, lo que no es normal es estar peleando por todo.
3. Tener presente a nuestro máximo líder, quien murió por nosotros: “Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo. ¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?.” 1 Corintios 1:12-13 El apóstol les recuerda a los corintios que los cristianos son llamados a seguir a Cristo, no a un ser humano, por más que esa persona sea talentosa, dotada o escogida y apreciada.
4. Promover e insistir en la unidad: “Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios. Pues está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, Y desecharé el entendimiento de los entendidos”. 1 Corintios 1:18-19. Al pie de la cruz todos nos encontramos en el mismo nivel. El único que puede limpiarnos del pecado es Cristo, nadie más.
5. Desechar la presunción: “Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es”. 1 Corintios 1:26-28. Las personas sabias e inteligentes son aquellas que consideran que saben mucho, pero que les falta muchas otras cosas por aprender. Las personas ignorantes o insensatas son aquellas que creen que todo lo saben, por lo tanto, nunca dejan espacio para aprender algo nuevo, esto los lleva al engreimiento.
6. Darle la gloria siempre a Dios: “Más por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios, sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor”. 1 Corintios 1:30-31.
Dios te bendiga y recuerda, hay poder y bendición, al invocar el nombre de Jesús quedamos unidos con el cielo y, por lo tanto, unidos como hijos de Dios en esta tierra.
Ptr. Martin Olvera García.