06/06/2026
El temor del hombre.
El temor del hombre pondrá lazo; Mas el que confía en Jehová será exaltado. Proverbios 29:25
Uno de los oradores más talentosos de la historia de la Iglesia fue Juan Crisóstomo, cuyo nombre proviene de la palabra griega que significa «lengua de oro». Juan fue enviado desde Antioquía a la entonces Constantinopla, donde predicó sin temor en la capital del Imperio Romano de Oriente. Su denuncia de la extravagancia desmedida de la clase rica y gobernante, así como su condena de los excesos, enfurecieron a muchos, incluida la emperatriz Eudoxia, quien dispuso su exilio. Al enterarse de su destino, Crisóstomo respondió: «¿Qué puedo temer? ¿Será la muerte? Sabéis que Cristo es mi vida, y que la muerte me beneficiará. ¿Será el exilio? Del Señor es la tierra y todo lo que contiene. No temo a la pobreza, no anhelo las riquezas, ni temo ante la muerte».
Hoy en día, muchos se preocupan más por lo que piensan los demás que por lo que Dios piensa. El deseo de no ofender a los demás (lo cual no es malo en sí mismo) a menudo se eleva a la categoría de lo más importante. Como resultado, muchos se abstienen de decir la verdad. En nuestro país hemos disfrutado de una gran libertad frente a la persecución, pero la proclamación de principios bíblicos claros está cayendo rápidamente en desuso. Bien podría llegar el día en que enfrentemos persecución e incluso la muerte por decir la verdad.
La decisión que tomemos en ese momento estará determinada por a quién tememos más: a Dios o a los hombres. Al comprometernos a seguir a Cristo y serle fieles sin importar las consecuencias, podemos ser perseguidos, pero agradaremos a Aquel que más importa. Cuando Esteban fue apedreado por su predicación valiente, dijo: «¡y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios.!» (Hechos 7:56).
*Principio de sabiduría para el crecimiento espiritual:* Un creyente que obedece y teme a Dios no tiene nada que temer de ningún hombre.
*Nuestro Pan Bautista*