Parroquia San Martin de Porres. Hermosillo

Parroquia San Martin de Porres. Hermosillo Esta Parroquia forma parte de la Iglesia Católica Romana de la Arquidiócesis de Hermosillo. Su párroco es el Pbro.

Dr. Ángel Iram Santiago Torres

Misa dominical en SMP: 8 y 10 am, 1 y 7 pm. En María Madre: 11:30 am

Oficina: lunes a viernes de 4 a 7 pm

04/05/2026
03/05/2026

Coronilla a la Divina Misericordia

03/05/2026

Rosario y ofrecimiento de flores en María Madre de la Iglesia

Rosario y ofrecimiento de flores en María Madre de la Iglesia
03/05/2026

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¡Muchas felicidades a todos los trabajadores de la construcción!
03/05/2026

¡Muchas felicidades a todos los trabajadores de la construcción!

Misa del V Domingo de Pascua en María Madre de la Iglesia
03/05/2026

Misa del V Domingo de Pascua en María Madre de la Iglesia

03/05/2026

Grandes hombres con corazón filial a la Virgen

El pecado está presente en la historia del hombre: sería vano intentar ignorarlo o dar a esta oscura realidad otros nomb...
03/05/2026

El pecado está presente en la historia del hombre: sería vano intentar ignorarlo o dar a esta oscura realidad otros nombres. Para intentar comprender lo que es el pecado, es preciso en primer lugar reconocer el vínculo profundo del hombre con Dios, porque fuera de esta relación, el mal del pecado no es desenmascarado en su verdadera identidad de rechazo y oposición a Dios, aunque continúe pesando sobre la vida del hombre y sobre la historia.

(Catecismo de la Iglesia Católica, 386)

Fue sirio de nación, criado por Juan, su padre, en la fe, y educado en Roma en toda clase de literatura, era hábil en la...
03/05/2026

Fue sirio de nación, criado por Juan, su padre, en la fe, y educado en Roma en toda clase de literatura, era hábil en laslenguas orientales y en la latina, versado en las Sagradas Escrituras. Promovido Gregorio a los órdenes sagrados, era el ornamento de todo el clero de Roma. Vacó la silla apostólica por muerte de Gregorio II, que sucedió en el mes de enero del año 731, por aclamación común de todo el clero y pueblo de Roma se hizo la elección en él, el 22 de febrero del mismo año, día de la cátedra de San Pedro.

Las primeras atenciones del Papa se dirigieron a conservar la pureza de la fe católica, a socorrer las necesidades de la Iglesia, a la reforma del clero, a desterrar los abusos, y a hacer que floreciese la justificación de las costumbres de su pueblo, se empeñó en la instrucción de los fieles, mostró amor a la pobreza, amaba también a los cautivos y prisioneros, satisfaciendo el rescate de aquellos y las deudas de estos con una caridad inmensa, mirando siempre con una compasión tierna a las viudas, a los pupilos y a los huérfanos.

Lo que lo hizo famoso en todo el orbe cristiano, fue el valeroso tesón con que empeñó toda su autoridad y toda su reputación para tranquilizar las inquietudes que perturbaban la paz de la Iglesia, se aplicó a sofocar todas las perniciosas novedades que se susciaron en el Oriente.

León el isáurico ocupó el trono de Oriente por los años 717, y sostenía el error de los herejes iconoclatas que negaban el culto a las imágenes, destruyendo a fuego muchas pinturas y libros de la antiguedad. Gregorio supo de esta barbaridad, trató de remediar el daño, y le escribió la siguiente carta: "¿Quién os obliga serenísimo Emperador, a volver atrás después de haber marchado con tan justos pasos en los primeros años de vuestro reinado? Decís ahora que es una idolatría honrar a las imágenes: habéis mandado arruinar su culto sin temor del juicio de Dios, que castigará algún día a los autores de tal escándalo".

En relación a Constantinopla siguió las huellas de su predecesor: convocó en S. Pedro un concilio en el que se condenó la iconoclastia. Envió también dos cartas al emperador León III Isáurico con las que notificaba la condena, e ilustraba sus ideas acerca de las relaciones entre Iglesia e Imperio, que debían ser de recíproca autonomía, así como había formulado el Papa Gregorio II.

Es más, el papa gozaba de una posición de supremacía respecto al emperador. Tuvo que luchar contra los Lombardos por cuestiones de territorio. Liutprando se sintió defraudado por la política de expansión de Gregorio, por lo cual, olvidándose del acto de sumisión y de las promesas hechas en el pasado, empezó a invadir y a arremeter contra los territorios del Ducado.

El papa acudió entonces a Carlos Martel, rey de los Francos. Este, que tenía vínculos familiares con los Lombardos y por otras razones políticas, no recogió la invitación del papa a actuar contra ellos, limitándose a conceder su apoyo en otros campos, sobre todo en el religioso.

Efectivamente dio un salvoconducto y amplias facilitaciones al monje Bonifacio, que se había entregado a la obra de evangelización de los germanos.

A Gregorio hay que reconocerle de todas maneras el mérito y la intuición de haber detectado a un pueblo, los Francos, que poco tiempo más tarde habría enlazado su destino y su historia con las de la Iglesia.

A él se debe la institución de una especie de fondo de la caridad: solicitó a los cristianos de casi todas las naciones europeas a enviar ofrendas a Roma para las obras de caridad y de beneficencia. Era una suerte de impuesto, sin duda libre, pero que obligaba moralmente.

El título de Madre hunde sus raíces en la Sagrada Escritura y en los Santos Padres, es propuesto por el Magisterio y la ...
03/05/2026

El título de Madre hunde sus raíces en la Sagrada Escritura y en los Santos Padres, es propuesto por el Magisterio y la formulación de su contenido ha ido en progreso hasta la exposición del Concilio Vaticano II y la expresión maternidad espiritual en la encíclica Redemptoris Mater. Esta maternidad espiritual de María brota de su maternidad física del Hijo de Dios. Engendrando físicamente a Cristo, a partir de su aceptación libre y creyente de esta misión, la Virgen engendraba en la fe a todos los cristianos que son miembros del Cuerpo místico de Cristo, es decir, engendraba al Cristo total, cabeza y miembros.

(León XIV, Madre del Pueblo Fiel, 35)

03/05/2026

Santo Rosario: Misterios gloriosos

Cuenta el historiador Eusebio de Cesarea que el general Constantino, hijo de santa Elena, era pagano pero respetaba a lo...
03/05/2026

Cuenta el historiador Eusebio de Cesarea que el general Constantino, hijo de santa Elena, era pagano pero respetaba a los cristianos. Y que teniendo que presentar una terrible batalla contra el perseguidor Majencio, jefe de Roma, el año 311, la noche anterior a la batalla tuvo un sueño en el cual vio una cruz luminosa en los aires y oyó una voz que le decía: "In hoc signo vinces" (con este signo vencerás), y que al empezar la batalla mandó colocar la cruz en varias banderas de los batallones y que exclamó: "Confío en Cristo en quien cree mi madre Elena". Y la victoria fue total, y Constantino llegó a ser Emperador y decretó la libertad para los cristianos (Edicto de Milán), que por tres siglos venían siendo muy perseguidos por los gobernantes paganos.

Escritores sumamente antiguos como Rufino, Zozemeno, San Cristótomo y san Ambrosio, cuentan que Elena, la madre del emperador, pidió permiso a su hijo para ir a buscar en Jerusalén la cruz en la cual murió Nuestro Señor. Una vez en la ciudad sagrada, Elena mandó llamar a los más sabios sacerdotes y con torturas consiguió la confesión del lugar donde se encontraba la Cruz a Judas (luego san Judas, obispo de Jerusalén).
Y como no sabían cómo distinguir la cruz de Jesús de las otras dos, llevaron una mujer agonizante. Al tocarla con la primera cruz, la enferma se agravó, al tocarla con la segunda, quedó igual de enferma de lo que estaba antes. Pero al tocarla con la tercera cruz, la enferma recuperó instantáneamente la salud. Y entonces santa Elena, y el obispo de Jerusalén, san Macario, y miles de devotos llevaron la cruz en piadosa procesión por las calles de Jerusalén. Y que por el camino se encontraron con una mujer viuda que llevaba a su hijo mu**to a enterrar y que acercaron la Santa Cruz al mu**to y éste resucitó.
Sobre dicho lugar se levantó la Basílica del Santo Sepulcro.

Al volver a Roma, trajo consigo diversas reliquias que se conservan hoy día en la Iglesia de la Santa Cruz: unos clavos, un trozo grande de la cruz y el “titulus” donde Pilatos había hecho escribir “Este es el rey de los judíos”. Dicho hallazgo lo realizó santa Elena el 3 de mayo de 326.

Santa Elena murió rogando a todos los que creen en Cristo que celebraran la conmemoración del día en que fue encontrada la Cruz, el tres de mayo. El hecho de conocer la festividad como Invención de la Santa Cruz, procede del verbo latino "invenio", que significa “hallar” o “encontrar”.

La devoción a la Santa Cruz es una de las más antiguas de la Iglesia. La verdadera fiesta en un principio se celebraba el 14 de Septiembre, aniversario de la dedicación de la Basílica levantada por Constantino en el Calvario. En el siglo VIII se trasladó, en occidente, al 3 de Mayo, reservando el 14 de Septiembre para conmemorar, con el título de Exaltación, la victoria de Heraclio contra los Persas. Las lecturas del Breviario y de la Misa cantan el poder de la Cruz, prenda de nuestra salvación,y son un eco de la ceremonia del Viernes Santo.

Siendo tan gloriosa á toda la Iglesia la invención de este sagrado trofeo, se celebró en ella su fiesta con mucha solemnidad. Ya se celebraba en Francia en la primera línea de sus reyes, encontrándose su oficio en los antiguos misales de la liturgia galicana. El rey Ervigio, que reinaba en España en el siglo VII, expidió un decreto que se halla en el Código de las leyes de los visigodos, por el cual manda á los judíos establecidos en sus dominios que celebren la fiesta de la Invención de la Santa Cruz, del mismo modo que los obligaban á celebrar la de la Anunciación, Natividad, Epifanía, Circuncisión, Pascua y Ascensión.

El fin de haber señalado el día tercero de Mayo para celebrar esta fiesta, fue por acercarla todo lo posible á la memoria de la Pasión del Salvador, y á la Adoración de la Cruz, que se hace en el Viernes Santo. Por eso se señaló el primer día libre después de la solemnidad de la Pascua, que nunca puede pasar del segundo día de Mayo. En España aparece en todos los calendarios y fuentes litúrgicas mozárabes.

Además, la celebración de este día es anterior al Pasionario. En la "Lex Romana Visigothorum", promulgada por Recesvinto en el año 654, y renovada por Ervigio en el 681, se menciona esta festividad comparándola, por lo que se refiere a su solemnidad, con las mayores del año eclesiástico; y en el "Leccionario de Silos", compuesto hacia el año 650, aparece con el nombre de "dies Sanctae Crucis", siendo éste el más antiguo testimonio de su conmemoración en España. Desde la primera mitad del siglo VII se tiene conocimiento de la existencia en España de reliquias de la Cruz, concretamente en sendas iglesias de Mérida y Guadix. Finalmente, hay que añadir que el culto a la Cruz en general es aún más antiguo, pues sabemos que en el año 599 se celebró en la Catedral de la Santa Cruz el II Concilio de Barcelona, lo que implica a su vez una advocación anterior.

Consérvanse, y se adoran en muchas iglesias, partes muy considerables de la Verdadera Cruz. Fuera de la que se adora en Roma, hay otras en Francia, Italia, Alemania, España y Portugal. Justino II, emperador de Constantinopla, envió una porción de ellas á santa Radegundis, mujer de Clotario I, que enriqueció con ella su real monasterio de Santa Cruz de Poitiers; y con esta ocasión Fortunato, que seguía la corte de la santa reina, y fue después Obispo de dicha ciudad, compuso los dos célebres himnos, de que aun usa el día de hoy la Santa Iglesia en el Oficio de la Pasión y de la Cruz.

San Gregorio envió una parte de la verdadera cruz á Recaredo, rey de los godos en España, como un riquísimo presente. San Luis consiguió de los venecianos la porción de cruz que había quedado en Constantinopla, y la hizo trasladar á Francia el año de 1241, colocándola en la santa capilla que edificó el de 1242, juntamente con la corona de espinas, que dos años antes le habían regalado los mismos venecianos.

“Hermanos: Tened entre vosotros los mismos sentimientos que (fueron) en Cristo Jesús; el cual, siendo Dios en la sustancia, no juzgó usurpación el que su ser fuese igual á Dios, sino que se anonadó á Sí mismo, tomando la forma de siervo, hecho semejante á los hombres, y, reconocido por hombre en la condición, se humilló á Si mismo hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual también Dios le ensalzó, y le dio un nombre que es sobre todo nombre; para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla en el Cielo, en la Tierra y en el In****no, y toda lengua confiese que el Señor Jesucristo está en la gloria de Dios Padre”. (Filipenses, 2).

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