14/08/2025
Brenda había planeado el almuerzo de sábado perfecto: 🍽️ vajilla de porcelana, claveles y servilletas dobladas a mano. Cuando su amiga le pidió llevar una invitada, ella aceptó, creyendo que tal vez sería una mujer a quien animar, quizá incluso para estudiar la Biblia.
Pero su disposición fue puesta a prueba cuando la invitada llegó: una mujer desaliñada, con una bolsa de papas fritas y un niño inquieto. Apenas probó la comida, se quejó del menú, interrumpía la conversación espiritual y, al terminar, volvió a sus papas.
Frustrada, Brenda susurró: “Señor, ¿cómo se supone que la trate como a Cristo si actúa como todo menos Él?”.
⚠️ Pero la verdadera lección llegó después, frente al fregadero.
Dios le susurró: “Tú también fuiste invitada a un banquete. ¿Has respondido con gozo? ¿Has rechazado lo mejor que tengo por perseguir migajas? ¿Has escuchado Mi voz… o la has interrumpido?”.
Esa tarde, Brenda entendió que aquella mujer no solo había llegado a su mesa. Había llegado como un espejo.
“Sea cual sea la forma que tomes para alcanzarme, Señor… sé mi invitado”.
Si estás buscando a Dios, puedes encontrarlo en los rostros de aquellos que Él ama. ¿Los estás buscando?
Crédito de historia: Adventist Review.