07/01/2026
“Lázaro, ven fuera”: cuando Cristo llama al mu**to
La escena de Lázaro no es solo un milagro; es un espejo del ser humano sin Dios. Lázaro no estaba enfermo ni dormido: estaba mu**to, enterrado y ya en corrupción. Así describe la Biblia nuestra condición sin Cristo: vivos por fuera, pero mu**tos por dentro. La muerte espiritual huele. Se manifiesta en pecados visibles y ocultos: vicios, orgullo, doble vida, religiosidad vacía, dureza de corazón. La tumba puede verse distinta por fuera, pero sigue siendo tumba.
Muchos se acostumbran a vivir ahí. Aceptan la tumba como hogar y dicen como Marta: “Señor, ya hiede”. Es la voz de la resignación: “no puedo cambiar”, “esto me domina”, “ya es tarde”. Y es verdad: lo humano no puede resucitar lo mu**to. Pero Cristo sí. Porque el problema del hombre no es falta de disciplina, sino separación de Dios por el pecado. Y un mu**to no coopera; necesita una voz con autoridad.
Jesús manda quitar la piedra. Él resucita con poder divino, pero exige obediencia real. Quitar la piedra es abrir lo que escondiste, dejar de justificarte, permitir que la luz entre. Muchos no quieren hacerlo por miedo al olor. Pero Cristo no se escandaliza del hedor del pecado; Él se para frente a la tumba porque vino a vencerla.
Entonces Jesús habla: “Lázaro, ven fuera”. No es un método, es una orden. Y cuando Cristo llama, la muerte obedece. El que sale puede salir débil y con vendas, pero sale. La vida se evidencia en movimiento, en respuesta, en una nueva dirección. Y luego viene el proceso: “Desatadle y dejadle ir”. Cristo resucita, pero la libertad se camina con rendición, disciplina y verdad.
Hoy hay tumbas en iglesias, hogares y púlpitos. Gente que canta, sirve o predica, pero está mu**ta. Y el olor se nota. Cristo sigue haciendo lo mismo: se para frente a la tumba, manda quitar la piedra y llama con voz de Rey: “Ven fuera.”
La pregunta es una sola: ¿vas a salir?