28/04/2025
Quiero aprovechar que hoy se celebra el Día del Matrimonio para hacer una pequeña apología en contra de la desvalorización de la que esta institución divina ha sido objeto.
No importa que los valores seculares digan lo contrario, o que incluso cristianos casados te recomienden no casarte porque a ellos no los ha ido bien. Su mala elección de pareja o su falta de renuncia a su egoísmo no quiere decir que casarse sea una mala idea. La Escritura tiene más peso que la experiencia de otras personas, y el matrimonio es una buena idea porque que es una institución divina.
Ha sido diseñado por Dios con el propósito de proveer compañerismo, ayuda mutua y consuelo mutuo; es un escudo en contra de la inmoralidad sexual (1 Co. 7.2); y lo más importante: en su diseño, está destinado a ser una parábola viviente del Evangelio, la Biblia lo utiliza para hablarnos de la relación entre Cristo y su novia (la iglesia), la cual se prepara y está siendo santificada para finalmente unirse a Él en las bodas del Cordero.
El Edén fue testigo del primer matrimonio y el cielo será testigo del último. Hasta entonces, cada matrimonio nos habla proféticamente del Gran Día venidero. Mientras tanto, en palabras de Chesterton: "Un padre y una madre unidos en matrimonio, tomados de la mano y paseando con sus hijos en brazos, van a ser el gesto más revolucionario e intrépido en este decadente siglo".
Así, pues, en una sociedad que prioriza la individualidad y la libertad que, más que libertad es libertinaje, el matrimonio se levanta como una unión establecida por Dios en la que esposo y esposa han de someterse el uno al otro y juntos han de buscar la santificación propia y la de su pareja.
En una sociedad que valida y promueve otro tipo de uniones, el matrimonio entre un hombre y una mujer sigue siendo la única unión bendecida por Dios para encontrar deleite e intimidad sexual.
Para una sociedad en donde cada unión puede tener sus propias normas y acuerdos de cohabitación, Dios sigue proveyendo el modelo adecuado para cada matrimonio, y es ni más ni menos que el amor que Cristo mostró por su iglesia.
En un mundo posmoderno, el cristiano debe seguir promoviendo el matrimonio (y dignificando la soltería, pero ese es otro post) y esforzándose por vivirlo modelando los valores bíblicos, pues, al hacerlo, están proveyendo al mundo una imagen vivida del Evangelio. Cada que un cristiano deja a su padre y madre para unirse en una sola carne a su esposa, existe un mensaje detrás de cómo Cristo dejó a su Padre para redimir a su iglesia.
Por eso, mientras el mundo rueda, en palabras de Chesterton: a mí "déjenme con mis gustos viejos, de otra época, con las sociedades en las que se creía en la belleza y la bondad de lo que implicaba la unión de una dama y un caballero".
Yo seguiré celebrando y gozándome en cada boda a la que asista, conmoviéndome casi hasta las lágrimas en cada "sí, acepto", añorando con nostalgia el Día en que Cristo venga por su amada.
✍🏻 Raúl Estrada