20/05/2026
¡TERROR POR TODAS PARTES!
Jeremías (nacido en Anatoth, Judea 650 a.C. - y mu**to, según se cree en Daphnae, Egipto 585 a.C.) fue un profeta hebreo, hijo del sacerdote Hilcías. Jeremías vivió entre los años 650 y 585 a.C. en Judá, Jerusalén, Babilonia y Egipto; pero desarrolló su ministerio profético en el reino del sur, Judá. Fue coetáneo del profeta Ezequiel y anterior a Daniel. Se le conoce ordinariamente como “el profeta llorón”, un apodo injusto que denota ignorancia en quienes así lo llaman.
Jeremías vivió uno de los períodos más crudos en la historia de Israel, cuando Nabucodonosor irrumpió en Jerusalén para tomarla destruyendo para ello el muro de la ciudad, el templo de Salomón, asesinando a miles de judíos y llevándose a no pocos al exilio, dejando la 'tierra santa' como guarida de chacales y toda clase de bestias del desierto… Jeremías no solo presenció el desastre, lo vivió en carne propia siendo su esposa una de las fallecidas en esta oscura época. A él se le atribuyen tres libros: El proto-libro de Jeremías que fue quemado por el rey Joaquín, el segundo libro de Jeremías (que es el que usualmente leemos) y el libro de las Lamentaciones donde de manera gráfica se registran los sufrimientos de los judíos encerrados en Jerusalén muriendo de hambre mientras duró el sitio.
Una de las características del mensaje de Jeremías era su anuncio de que Babilonia tomaría la capital y destruiría el país, algo que no cayó nada bien a sus compatriotas quienes lo acusaron de 'bajar la moral de los judíos' y sembrar desconfianza en el poder de Dios. Y de hecho, a ojos del simple así parece: “¡Terror por todas partes!” —decía Jeremías, causando pánico en la población, pero con un fin, “que los judíos se volvieran a Jehová”. Y en efecto, los babilonios sí tomaron el país (587/586 a.C.), pero los judíos nunca se volvieron de corazón a Dios, a pesar de los llamados del profeta quien con urgencia les decía: “Babilonia tomará Jerusalén y la destruirá, eso es inminente, no confíen en quienes les prometen paz porque no vendrá; en cambio, veremos hambre, muerte, destrucción, peste y mucho miedo… pero si se vuelven a Dios Él los protegerá, no de la destrucción porque la sentencia ya está echada, pero los mantendrá vivos en el exilio… ¡Vuélvanse a Jehová!”. Tal profecía era contradictoria porque los judíos se sentían 'intocables', ellos pensaban que al ser el pueblo de Dios ningún imperio, enfermedad, crisis económica o política los podía alcanzar… ¡Qué error! Los judíos no aprendieron la lección que sus hermanos del reino del norte les dieron cuando fueron masacrados por los asirios en el 722 a.C. desapareciendo para siempre 10 tribus de Israel. Pero los judíos (los del sur) decían: “A nosotros eso no nos pasará porque Jehová pelea por nosotros”, pero no sabían que al igual que Sansón, el Señor se había apartado de ellos y los había entregado en manos de Nabucodonosor para castigarlos por todos sus crímenes.
Así fue como el mensaje terrorífico de Jeremías se cumplió sin faltar ninguna tilde. Los babilonios arrasaron con Judá, pero, en cambio, el profeta fue rescatado por el emperador. Nabucodonosor se encariñó con Jeremías y le dio protección real (pues mucho había sido torturado por sus compatriotas cuando anunciaba las profecías); y no obstante en una revuelta judía y de manera muy confusa nuestro querido vidente terminó en Egipto donde se cree murió en el anonimato… triste manera de morir para quien lo dio todo por la causa; sin embargo, una cosa es cierta: Jeremías descansó al final de sus días, en Egipto no vio hundirse a su amada Judá y tampoco fue llevado al exilio. Allá en tierras egipcias su cuerpo mu**to santificó el cementerio donde fue enterrado… ¡Bendita tierra que recibió los huesos del profeta!
APLICACIÓN HOY
Dos tipos de Jeremías hay hoy. Están los que solo presagian negatividad con el único fin de aterrorizar a quienes los escuchan, y están los que anuncian la realidad negativa que nos rodea, pero con el propósito de que sus oyentes se acerquen a Dios. Esto último, aunque parece extraño, es válido. Se trata de personas bien intencionadas que no desconocen los acontecimientos actuales (guerras, violencia, el costo de la vida cada vez más alto, combustible caro, corrupción en las cortes de justicia, maldad por doquier, etcétera), pero que centran su confianza en el Eterno, el Único capaz de brindar paz en medio del caos. Estos Jeremías, que son verdaderos analistas del presente, no ignoran los males del mundo, al contrario, los usan como evidencia de que sin una conexión con lo divino, el hombre se pierde cada vez más. Y esa conexión que en realidad es una comunión, porque solo cuando la persona comienza una relación verdadera con el Padre, entonces el terror que hay por todas partes no le afecta como a los demás. El hombre y mujer que confía en Dios ya no teme a lo que pasa en su entorno (no desconoce lo que pasa a su alrededor), sino que tiene plena certeza de que el Señor cuidará de él, sin importar si el mundo se cayera incluso a pedazos.
Por supuesto que debemos hacer caso a los 'verdaderos Jeremías', a aquellos que buscan el bien del país, y no a quienes solo buscan aterrorizar por aterrorizar… para ellos (los profetas de lo apocalíptico) está reservada una condena tanto social (acá en la tierra) como celestial (allá en la eternidad). Pero para quienes buscan informar correctamente a sus oyentes y además formarlos en la Palabra, para ellos están reservadas muchas recompensas.
¡Terror por todas partes! Sí, lo creo, el panorama no pinta bien, pero confiamos en el DIOS que nos resguarda. Amén.
«El que habita al abrigo del Altísimo
Morará bajo la sombra del Omnipotente.
Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío;
Mi Dios, en ti confiaré.
Él me librará del lazo del cazador,
De la peste destructora.
Con sus plumas me cubrirá,
Y debajo de sus alas estaré seguro;
Escudo y adarga es su verdad.
No temeré el terror nocturno,
Ni saeta que vuele de día,
Ni pestilencia que ande en oscuridad,
Ni mortandad que en medio del día destruya.
Caerán a mi lado mil,
Y diez mil a mi diestra;
Mas a mí no me llegará».
By Gabriel Gil