Parroquia San Juan Bosco

Parroquia San Juan Bosco La parroquia no es una estructura caduca; puede tomar formas muy diversas que requieren docilidad y la creatividad misionera del Pastor y de la Comunidad.
(1)

Carta del PárrocoTodo parece indicar que estamos perdiendo el sentido de la profundidad y del misterio. Son muchos los q...
24/05/2026

Carta del Párroco

Todo parece indicar que estamos perdiendo el sentido de la profundidad y del misterio. Son muchos los que no conocen ya los caminos que conducen a la interioridad. Muchos los que no aciertan a encontrarse con Dios.

Por eso, hay preguntas que fácilmente le brotan a uno en esta fiesta de Pentecostés: ¿Podemos aprender a abrirnos al Espíritu? ¿Podemos recuperar el gusto por la oración? ¿Qué puede hacer hoy un hombre o una mujer que desea encontrar a Dios y no tiene a nadie que le enseñe a orar?

Desde este pequeño rincón quiero ofrecer algunas sugerencias que, tal vez, pueden despertar en alguno la búsqueda de Dios.

Antes que nada, hemos de recordar algo muy importante. Si yo no encuentro a Dios dentro de mí, difícilmente lo encontraré fuera. Si, por el contrario, puedo percibirlo en mi interior, lo podré descubrir en medio de la vida.

Para abrirme a Dios, he de adoptar siempre una actitud de confianza y amistad. Dios me ama, me entiende y me perdona como yo mismo no soy capaz de amarme, entenderme y perdonarme. Puedo sentirme seguro ante su amor insondable.

Ante Dios me presento tal como soy en realidad. Dejando a un lado ese «personaje» que trato de ser ante los demás o que los demás creen que soy. Dios me conoce y me mira con amor. No tiene sentido tratar de defenderme, engañarle o camuflarme.

Ante Dios he de estar yo todo entero, con mi cuerpo relajado, un espíritu atento y una respiración en calma. Yo, con lo que siento y vivo en ese momento. Con mis deseos y necesidades. Con mis miedos, alegrías y sufrimientos.

En la oración casi siempre comenzamos por hablar nosotros a Dios cuando lo más importante y decisivo es escuchar. Escuchar lo que brota dentro de nosotros. Hacer silencio para percibir la presencia amorosa y gozosa de Dios.

Todo lo que es parte de mi vida puede ser ocasión de oración. Una alegría, un dolor, un éxito, un fracaso, un problema, una necesidad, un momento feliz. Así la oración se hace a veces invocación, a veces acción de gracias, otras, alabanza o petición de perdón.

No se necesita hablar mucho ante Dios. Bastan unas pocas palabras, repetidas una y otra vez despacio y con fe: «Dios mío, te necesito». «Tú conoces mi debilidad». «Enséñame a vivir». «Tú sólo eres grandes y bueno». «Ten compasión de mí que no soy capaz de cambiar». «Te doy gracias porque nos amas». «Tu fuerza me sostiene siempre». «Guíame por el camino recto». «Despierta en mí la alegría». «Enséñame a orar».

Fraternalmente
Pbro. Luis Fernando Sotelo Anaya
Párroco

Carta del Párroco 24 mayo, 2026 Comparte en tus redes Todo parece indicar que estamos perdiendo el sentido de la profundidad y del misterio. Son muchos los que no conocen ya los caminos que conducen a la interioridad. Muchos los que no aciertan a encontrarse con Dios. Por eso, hay preguntas que fá...

BARRO ANIMADO POR EL ESPÍRITUSan Juan ha cuidado mucho la escena en que Jesús va a confiar a sus discípulos su misión. Q...
24/05/2026

BARRO ANIMADO POR EL ESPÍRITU

San Juan ha cuidado mucho la escena en que Jesús va a confiar a sus discípulos su misión. Quiere dejar bien claro qué es lo esencial. Jesús está en el centro de la comunidad llenando a todos de su paz y su alegría. Pero a los discípulos les espera una misión. Jesús no los ha convocado sólo para disfrutar de él, sino para hacerlo presente en el mundo.

Jesús los «envía». No les dice en concreto a quiénes han de ir, qué han de hacer o cómo han de actuar: «Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo». Su tarea es la misma de Jesús. No tienen otra: la que Jesús ha recibido del Padre. Tienen que ser en el mundo lo que ha sido él.

Ya han visto a quiénes se ha acercado, cómo ha tratado a los más desvalidos, cómo ha llevado adelante su proyecto de humanizar la vida, cómo ha sembrado gestos de liberación y de perdón. Las heridas de sus manos y su costado les recuerdan su entrega total. Jesús los envía ahora para que «reproduzcan» su presencia entre las gentes.

Pero sabe que sus discípulos son frágiles. Más de una vez ha quedado sorprendido de su «fe pequeña». Necesitan su propio Espíritu para cumplir su misión. Por eso, se dispone a hacer con ellos un gesto muy especial. No les impone sus manos ni los bendice, como hacía con los enfermos y los pequeños: «Exhala su aliento sobre ellos y les dice: Reciban el Espíritu Santo».

El gesto de Jesús tiene una fuerza que no siempre sabemos captar. Según la tradición bíblica, Dios modeló a Adán con «barro»; luego sopló sobre él su «aliento de vida»; y aquel barro se convirtió en un «viviente». Eso es el ser humano: un poco de barro, alentado por el Espíritu de Dios. Y eso será siempre la Iglesia: barro alentado por el Espíritu de Jesús.

Creyentes frágiles y de fe pequeña: cristianos de barro, teólogos de barro, sacerdotes y obispos de barro, comunidades de barro… Sólo el Espíritu de Jesús nos convierte en Iglesia viva. Las zonas donde su Espíritu no es acogido, quedan «muertas». Nos hacen daño a todos, pues nos impiden actualizar la presencia viva de Jesús. Muchos no pueden captar en nosotros la paz, la alegría y la vida renovada por Cristo. No hemos de bautizar sólo con agua, sino infundir el Espíritu de Jesús. No sólo hemos de hablar de amor, sino amar a las personas como las amaba él.

P. Fernando Sotelo Anaya.

BARRO ANIMADO POR EL ESPÍRITU 24 mayo, 2026 Comparte en tus redes San Juan ha cuidado mucho la escena en que Jesús va a confiar a sus discípulos su misión. Quiere dejar bien claro qué es lo esencial. Jesús está en el centro de la comunidad llenando a todos de su paz y su alegría. Pero a los ...

Carta del PárrocoNunca los cristianos se han sentido huérfanos. El vacío dejado por la muerte de Jesús ha sido llenado p...
11/05/2026

Carta del Párroco

Nunca los cristianos se han sentido huérfanos. El vacío dejado por la muerte de Jesús ha sido llenado por la presencia viva del Espíritu del resucitado.

Este Espíritu del Señor llena la vida del creyente. El Espíritu de la verdad que vive con nosotros, está en nosotros y nos enseña el arte ¿e vivir en la verdad.

Lo que configura la vida de un verdadero creyente no es el ansia de placer ni la lucha por el éxito ni siquiera la obediencia estricta a una ley, sino la búsqueda gozosa de la verdad de Dios bajo el impulso del Espíritu.

El verdadero creyente no cae ni en el legalismo ni en la anarquía, sino que busca con el corazón limpio la verdad. Su vida no está programada por prohibiciones sino que viene animada e impulsada positivamente por el Espíritu.

Cuando vive esta experiencia del Espíritu, el creyente descubre que ser cristiano no es un peso que oprime y atormenta la conciencia, sino que es dejarse guiar por el amor creador del Espíritu que vive en nosotros y nos hace vivir con una espontaneidad que nace no de nuestro egoísmo sino del amor.

Una espontaneidad en la que uno renuncia a sus intereses egoístas y se confía al gozo del Espíritu. Una espontaneidad que exige regeneración, renacimiento y reorientación continua hacia la verdad de Dios.

Esta vida nueva en el Espíritu no significa únicamente vida interior de piedad y oración. Es la verdad de Dios que genera en nosotros un estilo de vida nuevo enfrentado al estilo de vida que surge de la mentira y el egoísmo.

Vivimos en una sociedad donde a la mentira se la llama diplomacia, a la explotación negocio, a la irresponsabilidad tolerancia, a la injusticia orden establecido, a la se*******ad amor, a la arbitrariedad libertad, a la falta de respeto sinceridad.

Esta sociedad difícilmente puede entender o aceptar una vida acuñada por el Espíritu. Pero es este Espíritu el que defiende al creyente y le hace caminar hacia la verdad, liberándose de la mentira social, la farsa de nuestra convivencia y la intolerancia de nuestros egoísmos diarios.

Se ha dicho que el cristiano es un soldado sometido a la ley cristiana. Es más exacto decir que el cristiano es un «artista». Un hombre que bajo el impulso creador y gozoso del Espíritu aprende el arte de vivir con Dios y para Dios.

Fraternalment
Pbro. Luis Fernando Sotelo Anaya.
Párroco

Carta del Párroco 10 mayo, 2026 Comparte en tus redes Nunca los cristianos se han sentido huérfanos. El vacío dejado por la muerte de Jesús ha sido llenado por la presencia viva del Espíritu del resucitado. Este Espíritu del Señor llena la vida del creyente. El Espíritu de la verdad que vive...

EL ESPÍRITU DE LA VERDADJesús se está despidiendo de sus discípulos. Los ve tristes y abatidos. Pronto no lo tendrán con...
11/05/2026

EL ESPÍRITU DE LA VERDAD

Jesús se está despidiendo de sus discípulos. Los ve tristes y abatidos. Pronto no lo tendrán con él. ¿Quién podrá llenar su vacío? Hasta ahora ha sido él quien ha cuidado de ellos, los ha defendido de los escribas y fariseos, ha sostenido su fe débil y vacilante, les ha ido descubriendo la verdad de Dios y los ha iniciado en su proyecto humanizador.

Jesús les habla apasionadamente del Espíritu. No los quiere dejar huérfanos. Él mismo pedirá al Padre que no los abandone, que les dé “otro defensor” para que “esté siempre con ellos”. Jesús lo llama “el Espíritu de la verdad”. ¿Qué se esconde en estas palabras de Jesús?

Este “Espíritu de la verdad” no hay que confundirlo con una doctrina. Esta verdad no hay que buscarla en los libros de los teólogos ni en los documentos de la jerarquía. Es algo mucho más profundo. Jesús dice que “vive con nosotros y está en nosotros”. Es aliento, fuerza, luz, amor… que nos llega del misterio último de Dios. Lo hemos de acoger con corazón sencillo y confiado.

Este “Espíritu de la verdad” no nos convierte en “propietarios” de la verdad. No viene para que impongamos a otros nuestra fe ni para que controlemos su ortodoxia. Viene para no dejarnos huérfanos de Jesús, y nos invita a abrirnos a su verdad, escuchando, acogiendo y viviendo su Evangelio.

Este “Espíritu de la verdad” no nos hace tampoco “guardianes” de la verdad, sino testigos. Nuestro quehacer no es disputar, combatir ni derrotar adversarios, sino vivir la verdad del Evangelio y “amar a Jesús guardando sus mandatos”.

Este “Espíritu de la verdad” está en el interior de cada uno de nosotros defendiéndonos de todo lo que nos puede apartar de Jesús. Nos invita abrirnos con sencillez al misterio de un Dios, Amigo de la vida. Quien busca a este Dios con honradez y verdad no está lejos de él. Jesús dijo en cierta ocasión: “Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”. Es cierto.

Este “Espíritu de la verdad” nos invita a vivir en la verdad de Jesús en medio de una sociedad donde con frecuencia a la mentira se le llama estrategia; a la explotación, negocio; a la irresponsabilidad, tolerancia; a la injusticia, orden establecido; a la arbitrariedad, libertad; a la falta de respeto, sinceridad…

¿Qué sentido puede tener la Iglesia de Jesús si dejamos que se pierda en nuestras comunidades el “Espíritu de la verdad”?

¿Quién podrá salvarla del autoengaño, las desviaciones y la mediocridad generalizada?

¿Quién anunciará la Buena Noticia de Jesús en una sociedad tan necesitada de aliento y esperanza?

P. Fernando Sotelo Anaya.

EL ESPÍRITU DE LA VERDAD 10 mayo, 2026 Comparte en tus redes Jesús se está despidiendo de sus discípulos. Los ve tristes y abatidos. Pronto no lo tendrán con él. ¿Quién podrá llenar su vacío? Hasta ahora ha sido él quien ha cuidado de ellos, los ha defendido de los escribas y fariseos, ha...

Carta del Párroco: Llevo un cierto tiempo leyendo diversos trabajos sobre la llamada «tercera edad». Trato de conocer me...
04/05/2026

Carta del Párroco:

Llevo un cierto tiempo leyendo diversos trabajos sobre la llamada «tercera edad». Trato de conocer mejor esa etapa tan decisiva para el ser humano, pues me parece importante ver cómo puede la fe cristiana iluminar el atardecer de la vida de los hombres y mujeres de nuestros días.

Es incontable el número de libros que ofrecen orientaciones para envejecer sabiamente desarrollando de manera sana las diversas dimensiones de la vida. Quiero señalar aquí, por su carácter sencillo y práctico, la colección Para Mayores de Editorial Popular con títulos como «Envejecer es vivir», «La fuerza de la experiencia», «Alimentarse con salud».

Sin embargo, no siempre se atiende a la dimensión religiosa ni a la profunda crisis que puede aflorar en ese momento de la vida, cuando, sin poder evitarlo, la persona comienza a hacerse las grandes preguntas de la existencia: ¿Por qué he trabajado tanto?, ¿para qué he vivido?, ¿esto era todo?, ¿qué me espera ahora?
Cada edad tiene su forma propia de expresión religiosa, y esta última etapa de la vida puede ser un auténtico regalo de Dios si el creyente sabe reavivar su fe y descubrir todas las posibilidades que se le ofrecen.

La jubilación es un tiempo propicio para encontrarse con uno mismo y llegar más al fondo del corazón. Es el momento de escuchar «llamadas olvidadas» y de poner la atención en lo importante. La persona ha recorrido ya un largo trecho de su existencia. Conoce mejor su debilidad y limitaciones. Sabe «lo que da la vida». Ahora llega el momento de la verdad.

La jubilación puede ser, sobre todo, un tiempo de encuentro sincero con un Dios Amigo y Salvador. Dios está ahí, en medio de nuestra vida. Ha estado siempre aunque nosotros hayamos caminado largos años olvidados de él. Es el momento de confiar en su perdón y escuchar lo que quiere decirnos en el atardecer de nuestra vida.

Tal vez lo primero que se nos pide es aprender a abandonarnos en sus brazos. Estar ante él en silencio, sin hablar mucho, sin pedirle muchas cosas. Sencillamente, estar ante él con fe, esperando su gracia y su perdón, dándole gracias porque, al final de todo, nos espera y nos ofrece su salvación.

Qué consolador puede ser para los creyentes escuchar al final de la vida las palabras de Jesús: «No pierdan la calma, crean en Dios y crean también en mí... Cuando vaya y les prepare sitio, volveré y los llevaré conmigo, para que donde estoy yo estén también ustedess.» Todos tenemos ya preparado un lugar en el corazón de Dios.

Fraternalmente
Pbro. Luis Fernando Sotelo Anaya
Párroco

EL CAMINOAl final de la última cena, los discípulos comienzan a intuir que Jesús ya no estará mucho tiempo con ellos. La...
04/05/2026

EL CAMINO

Al final de la última cena, los discípulos comienzan a intuir que Jesús ya no estará mucho tiempo con ellos. La salida precipitada de Judas, el anuncio de que Pedro lo negará muy pronto, las palabras de Jesús hablando de su próxima partida, han dejado a todos desconcertado y abatidos. ¿Qué va ser de ellos?

Jesús capta su tristeza y su turbación. Su corazón se conmueve. Olvidándose de sí mismo y de lo que le espera, Jesús trata de animarlos:”Que no se turbe vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí”. Más tarde, en el curso de la conversación, Jesús les hace esta confesión: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí”. No lo han de olvidar nunca.

“Yo soy el camino”. El problema de no pocos no es que viven extraviados o descaminados. Sencillamente, viven sin camino, perdidos en una especie de laberinto: andando y desandando los mil caminos que, desde fuera, les van indicando las consignas y modas del momento.

Y, ¿qué puede hacer un hombre o una mujer cuando se encuentra sin camino? ¿A quién se puede dirigir? ¿Adónde puede acudir? Si se acerca a Jesús, lo que encontrará no es una religión, sino un camino. A veces, avanzará con fe; otras veces, encontrará dificultades; incluso podrá retroceder, pero está en el camino acertado que conduce al Padre. Esta es la promesa de Jesús.

“Yo soy la verdad”. Estas palabras encierran una invitación escandalosa a los oídos modernos. No todo se reduce a la razón. La teoría científica no contiene toda la verdad. El misterio último de la realidad no se deja atrapar por los análisis más sofisticados. El ser humano ha de vivir ante el misterio último de la realidad.

Jesús se presenta como camino que conduce y acerca a ese Misterio último. Dios no se impone. No fuerza a nadie con pruebas ni evidencias. El Misterio último es silencio y atracción respetuosa. Jesús es el camino que nos puede abrir a su Bondad.

“Yo soy la vida”. Jesús puede ir transformando nuestra vida. No como el maestro lejano que ha dejado un legado de sabiduría admirable a la humanidad, sino como alguien vivo que, desde el mismo fondo de nuestro ser, nos infunde un germen de vida nueva.

Esta acción de Jesús en nosotros se produce casi siempre de forma discreta y callada. El mismo creyente solo intuye una presencia imperceptible. A veces, sin embargo, nos invade la certeza, la alegría incontenible, la confianza total: Dios existe, nos ama, todo es posible, incluso la vida eterna. Nunca entenderemos la fe cristiana si no acogemos a Jesús como el camino, la verdad y la vida.
P. Fernando Sotelo Anaya.

Carta del Párroco:Nos quejamos tanto de los problemas, trabajos y penalidades de nuestro vivir diario, que corremos el r...
26/04/2026

Carta del Párroco:

Nos quejamos tanto de los problemas, trabajos y penalidades de nuestro vivir diario, que corremos el riesgo de olvidar que la vida es un regalo. El gran regalo que todos hemos recibido de Dios.

Si no hubiéramos nacido, nadie nos habría echado en falta. Nadie habría notado nuestra ausencia. Todo habría seguido su marcha y nosotros hubiéramos quedado olvidados para siempre en la nada.
Y, sin embargo, vivimos. Se ha producido ese milagro único e irrepetible que es mi vida. Como dice el genial pensador judío M. Buber, «cada uno de los hombres representa algo nuevo, algo que nunca antes existió, algo original y único».

Nadie, antes de mí, ha sido igual que yo ni lo será nunca. Nadie verá jamás el mundo con mis ojos. Nadie acariciará con mis manos. Nadie rezará a Dios con mis labios. Nadie amará nunca con mi corazón.

Mi vida es insustituible. Es tarea mía y sólo yo la puedo vivir. Si yo no lo hago, quedará para siempre sin hacer. Habrá en el mundo un vacío que nadie podrá llenar.

Por eso, aunque muchas veces lo olvidamos, el primer mandato que los hombres recibimos de Dios es vivir. Mandato que no está escrito en tablas de piedra, sino grabado en lo más hondo de nuestro ser.

Nuestro primer gesto de obediencia a Dios es vivir, amar la vida, acogerla con corazón agradecido, cuidarla con solicitud, desplegar todas las posibilidades encerradas en nosotros.

Pero vivir no significa sólo asegurar un buen funcionamiento de nuestro organismo físico o lograr un desarrollo armonioso de nuestro siquismo, sino crecer como seres plenamente humanos.

El ideal de «mens sana in corpore sano» puede ser algo perfectamente inhumano y empobrecedor, si no vivimos escuchando la llamada del Absoluto, abiertos al amor, creando en nuestro entorno una vida siempre más humana.

Son bastantes los cristianos que no llegan siquiera a sospechar que la fe es precisamente un principio de vida y vida sana. Les falta descubrir por experiencia personal que Dios no es algo que, de todas maneras, debe existir y a quien conviene tener en cuenta por si acaso, sino que Dios es precisamente y antes que nada «alguien que hace vivir».

A pesar de todas las dudas e incertidumbres, el creyente va descubriendo a Dios como alguien que sostiene la vida incluso en los momentos más adversos, alguien que da fuerzas para comenzar siempre de nuevo, alguien que alimenta en nosotros una esperanza indestructible cuando la vida parece apagarse para siempre.

Al escuchar las palabras de Jesús: «Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante», el creyente no necesita acudir a otros para que le expliquen su sentido. El sabe que son verdad.

Fraternalmente
Pbro. Luis Fernando Sotelo Anaya
Párroco

NUEVA RELACIÓN CON JESÚSEn las comunidades cristianas necesitamos vivir una experiencia nueva de Jesús reavivando nuestr...
26/04/2026

NUEVA RELACIÓN CON JESÚS

En las comunidades cristianas necesitamos vivir una experiencia nueva de Jesús reavivando nuestra relación con él. Ponerlo decididamente en el centro de nuestra vida. Pasar de un Jesús confesado de manera rutinaria a un Jesús acogido vitalmente. El evangelio de Juan hace algunas sugerencias importantes al hablar de la relación de las ovejas con su Pastor.

Lo primero es “escuchar su voz” en toda su frescura y originalidad. No confundirla con el respeto a las tradiciones ni con la novedad de las modas. No dejarnos distraer ni aturdir por otras voces extrañas que, aunque se escuchen en el interior de la Iglesia, no comunican su Buena Noticia.

Es importante sentirnos llamados por Jesús “por nuestro nombre”. Dejarnos atraer por él personalmente. Descubrir poco a poco, y cada vez con más alegría, que nadie responde como él a nuestras preguntas más decisivas, nuestros anhelos más profundos y nuestras necesidades últimas.

Es decisivo “seguir“ a Jesús. La fe cristiana no consiste en creer cosas sobre Jesús, sino en creerle a él: vivir confiando en su persona. Inspirarnos en su estilo de vida para orientar nuestra propia existencia con lucidez y responsabilidad.

Es vital caminar teniendo a Jesús “delante de nosotros”. No hacer el recorrido de nuestra vida en solitario. Experimentar en algún momento, aunque sea de manera torpe, que es posible vivir la vida desde su raíz: desde ese Dios que se nos ofrece en Jesús, más humano, más amigo, más cercano y salvador que todas nuestras teorías.

Esta relación viva con Jesús no nace en nosotros de manera automática. Se va despertando en nuestro interior de forma frágil y humilde. Al comienzo, es casi solo un deseo. Por lo general, crece rodeada de dudas, interrogantes y resistencias. Pero, no sé cómo, llega un momento en el que el contacto con Jesús empieza a marcar decisivamente nuestra vida.

Estoy convencido de que el futuro de la fe entre nosotros se está decidiendo, en buena parte, en la conciencia de quienes en estos momentos nos sentimos cristianos. Ahora mismo, la fe se está reavivando o se va extinguiendo en nuestras parroquias y comunidades, en el corazón de los sacerdotes y fieles que las formamos.

La increencia empieza a penetrar en nosotros desde el mismo momento en que nuestra relación con Jesús pierde fuerza, o queda adormecida por la rutina, la indiferencia y la despreocupación. Por eso, el Papa Francisco ha reconocido que “necesitamos crear espacios motivadores y sanadores... lugares donde regenerar la fe en Jesús”. Hemos de escuchar su llamada.

P. Fernando Sotelo Anaya.

Carta del PárrocoUna de nuestras equivocaciones más graves es imaginar a Dios como un ser absolutamente distante, que di...
19/04/2026

Carta del Párroco

Una de nuestras equivocaciones más graves es imaginar a Dios como un ser absolutamente distante, que dirige nuestra vida desde una lejanía infinita y no acertar a percibir nunca su presencia cercana y amistosa en el interior mismo de nuestra vida cotidiana.

Por otra parte, vivimos de manera tan apresurada y “ocupados» por tantas cosas que apenas nos queda tiempo ni espacio para detenernos a escuchar nuestro propio corazón.

La vida que llevamos no nos permite ser nosotros mismos. Volcados hacia ei exterior y consumidos por el trajín de cada día, se va atrofiando poco a poco nuestra “capacidad de Dios».

Y sin embargo, Dios está ahí, en el centro mismo de nuestras experiencias más íntimas. Cercano a cada persona de una manera única y singular que sólo se da así para esa persona concreta.

Para percibir su presencia, no hemos de pensar solamente en esos instantes en que Dios se nos manifiesta de manera penetrante, con certeza gozosa y sin claroscuros, llenando de vida nuestro ser entero.

Dios nos acompaña, nos llama y nos cerca de mil maneras, incluso cuando nuestros ojos, como los de los discípulos de Emaús, no son capaces de reconocerlo.

Cuando experimentamos la pequeñez de nuestro corazón y nos avergonzamos de nuestra mediocridad, nuestra falta de amor y nuestra incapacidad para vivir intensamente cada momento, Dios está ahí recordándonos que estamos llamados a una vida más grande y más plena.

Cuando experimentamos en nosotros esa tristeza que penetra en nuestra vida sin causa razonable, el aburrimiento y la monotonía de cada día, el descontento de nosotros mismos, en esa insatisfacción interior está Dios como anhelo de una felicidad y vida infinitas.

El está en nuestras desilusiones y deseos abortados, en nuestras limitaciones y nuestro cansancio, en las amarguras y los roces de la vida ordinaria. Si sabemos ahondar en cada una de estas experiencias y escuchar con sinceridad el fondo de nuestro corazón, Dios nos saldrá al encuentro.

Y no puede ser de otra manera pues él nos acompaña siempre. Por eso, también el hombre poco religioso y frío puede encontrar el camino de vuelta hacia Dios si sabe ahondar en sus experiencias de insatisfacción, desorientación y cansancio.

Lo más importante es seguir preguntando por él. Buscar su rostro y su verdad. Buscar a Dios tal vez con el último resto de nuestras fuerzas, tal vez en medio de la desesperación y el miedo, a veces en la angustia y el desaliento. Descubriremos como los de Emaús que alguien camina junto a nosotros.

Fraternalmente
Pbro. Luis Fernando Sotelo Anaya
Párroco

Carta del Párroco 19 abril, 2026 Comparte en tus redes Una de nuestras equivocaciones más graves es imaginar a Dios como un ser absolutamente distante, que dirige nuestra vida desde una lejanía infinita y no acertar a percibir nunca su presencia cercana y amistosa en el interior mismo de nuestra ...

RECORDAR MÁS A JESÚSEl relato de los discípulos de Emaús nos describe la experiencia vivida por dos seguidores de Jesús ...
19/04/2026

RECORDAR MÁS A JESÚS

El relato de los discípulos de Emaús nos describe la experiencia vivida por dos seguidores de Jesús mientras caminan desde Jerusalén hacia la pequeña aldea de Emaús, a ocho kilómetros de distancia de la capital. El narrador lo hace con tal maestría que nos ayuda a reavivar también hoy nuestra fe en Cristo resucitado.

Dos discípulos de Jesús se alejan de Jerusalén abandonando el grupo de seguidores que se ha ido formando en torno a él. Mu**to Jesús, el grupo se va deshaciendo. Sin él, no tiene sentido seguir reunidos. El sueño se ha desvanecido. Al morir Jesús, muere también la esperanza que había despertado en sus corazones. ¿No está sucediendo algo de esto en nuestras comunidades? ¿No estamos dejando morir la fe en Jesús?

Sin embargo, estos discípulos siguen hablando de Jesús. No lo pueden olvidar. Comentan lo sucedido. Tratan de buscarle algún sentido a lo que han vivido junto a él. «Mientras conversan, Jesús se acerca y se pone a caminar con ellos». Es el primer gesto del Resucitado. Los discípulos no son capaces de reconocerlo, pero Jesús ya está presente caminando junto a ellos, ¿No camina hoy Jesús veladamente junto a tantos creyentes que abandonan la Iglesia pero lo siguen recordando?

La intención del narrador es clara: Jesús se acerca cuando los discípulos lo recuerdan y hablan de él. Se hace presente allí donde se comenta su evangelio, donde hay interés por su mensaje, donde se conversa sobre su estilo de vida y su proyecto. ¿No está Jesús tan ausente entre nosotros porque hablamos poco de él?

Jesús está interesado en conversar con ellos: «¿Qué conversación es ésa que traén mientras van de camino?» No se impone revelándoles su identidad. Les pide que sigan contando su experiencia. Conversando con él, irán descubriendo su ceguera. Se les abrirán los ojos cuando, guiados por su palabra, hagan un recorrido interior. Es así. Si en la Iglesia hablamos más de Jesús y conversamos más con él, nuestra fe revivirá.

Los discípulos le hablan de sus expectativas y decepciones; Jesús les ayuda a ahondar en la identidad del Mesías crucificado. El corazón de los discípulos comienza a arder; sienten necesidad de que aquel “desconocido” se quede con ellos. Al celebrar la cena eucarística, se les abren los ojos y lo reconocen: ¡Jesús está con ellos!

Los cristianos hemos de recordar más a Jesús: citar sus palabras, comentar su estilo de vida, ahondar en su proyecto. Hemos de abrir más los ojos de nuestra fe y descubrirlo lleno de vida en nuestras eucaristías. Nadie ha de estar más presente. Jesús camina junto a nosotros.

RECORDAR MÁS A JESÚS 19 abril, 2026 Comparte en tus redes El relato de los discípulos de Emaús nos describe la experiencia vivida por dos seguidores de Jesús mientras caminan desde Jerusalén hacia la pequeña aldea de Emaús, a ocho kilómetros de distancia de la capital. El narrador lo hace c...

Carta del PárrocoHa sido E. Schillebeeckx quien nos ha recordado  que el encuentro con el resucitado ha sido una «experi...
13/04/2026

Carta del Párroco

Ha sido E. Schillebeeckx quien nos ha recordado que el encuentro con el resucitado ha sido una «experiencia de perdón». Los discípulos han experimentado al resucitado como alguien que los perdona y les ofrece paz y salvación.

Ninguna alusión al abandono de los suyos. Ningún reproche por la cobarde traición. Ningún gesto de exigencia para reparar la injuria. Las apariciones significan una verdadera «amnistía» en el sentido etimológico de esta palabra: olvido total de la ofensa recibida.

Los relatos insisten en que el saludo del resucitado es siempre de paz y reconciliación: «Paz a vosotros». Y es precisamente este perdón pacificador y esta oferta de salvación los que ponen una alegría y una esperanza nuevas en la vida de los discípulos.

Vivimos en una sociedad que no es capaz de valorar debidamente el perdón. Se nos ha querido convencer de que el perdón es «la virtud de los débiles» que se resignan y se doblegan ante las injusticias porque no saben luchar y arriesgarse.

Y, sin embargo, los conflictos humanos no tienen nunca una verdadera solución, si no se introduce la dimensión del perdón.

No es posible dar pasos firmes hacia la paz, desde la violencia, el endurecimiento y la mutua destructividad, si no somos nadie capaces de introducir el perdón en la dinámica de nuestras luchas.

El perdón no es sólo la liquidación de conflictos pasados. Al mismo tiempo, despierta la esperanza y las energías en quien perdona y en aquel que es perdonado.

El perdón, cuando se da realmente y con generosidad, es, en su aparente fragilidad, más vigoroso que toda la violencia del mundo. La resurrección nos descubre a los creyentes que la paz no surge de la agresividad y la sangre sino del amor y el perdón.

Necesitamos recuperar la capacidad de perdonar y olvidar. La verdadera paz no se logra cuando unos hombres vencen sobre otros, sino cuando todos juntos tratamos de vencer las incomprensiones, agresividades y mutua destructividad que hemos desencadenado.

La paz no llegará a nuestro pueblo mientras unos y otros nos empeñemos obstinadamente en no olvidar el pasado. La paz no será realidad entre nosotros sin un esfuerzo amplio y generoso de mutua comprensión, acercamiento y reconciliación.

En una sociedad tan conflictiva como la nuestra, los creyentes estamos llamados a reivindicar la fuerza social y política que puede tener el perdón.

Fraternalmente
Pbro. Luis Fernando Sotelo Anaya
Párroco

Carta del Párroco 12 abril, 2026 Comparte en tus redes Ha sido E. Schillebeeckx quien nos ha recordado  que el encuentro con el resucitado ha sido una «experiencia de perdón». Los discípulos han experimentado al resucitado como alguien que los perdona y les ofrece paz y salvación. Ninguna alu...

Dirección

Avenida Othón Almada
Hermosillo
83180

Horario de Apertura

Martes 9am - 12pm
4pm - 6pm
Miércoles 9am - 12pm
4pm - 6pm
Jueves 9am - 12pm
4pm - 6pm
Viernes 9am - 12pm
4pm - 6pm
Sábado 9am - 12pm

Teléfono

+526622184093

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Parroquia San Juan Bosco publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Compartir

Categoría