03/05/2026
Jesús, nuestro Camino, Verdad y Vida
1. El remedio contra la turbación: Un corazón en paz
En el Evangelio de hoy (Jn. 14,1-12), nos situamos en la atmósfera tensa de la Última Cena. Los discípulos tienen miedo ante la partida de Jesús, pero Él lanza un imperativo que resuena hoy para nosotros: "No se inquiete su corazón".
No es una invitación al optimismo vacío, sino una llamada a la fe profunda. Jesús conoce nuestras angustias y cansancios, y nos ofrece dos anclas:
• La confianza: La seguridad de que no estamos solos.
• La meta final: La promesa de que en la "casa del Padre hay muchas moradas". Nuestra vida no es un deambular sin sentido, sino un viaje hacia un destino de amor eterno.
2. La identidad de Cristo: El Camino, la Verdad y la Vida
Ante la honesta confusión de Tomás, Jesús nos regala una de las definiciones más absolutas de su identidad:
• El Camino: No es una ruta en un mapa o un código de normas; es una Persona. Seguir el camino es caminar en Él, imitando su cercanía, su humildad y su entrega cotidiana.
• La Verdad: En un mundo de "posverdades", Jesús es la Verdad que libera. Él nos revela quién es Dios (un Padre misericordioso) y quiénes somos nosotros (hijos amados).
• La Vida: Él es la respuesta al temor a la muerte. Estar en Cristo es participar de una vitalidad espiritual que empieza aquí y nos abre a la eternidad.
3. La misión: Ver al Padre y hacer sus obras
Felipe pide: "Señor, muéstranos al Padre". Jesús le responde: "Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre". Esta es la clave de nuestra vida cristiana:
1. Ver a Dios en Jesús: No busquemos a un Dios lejano; miremos los gestos de Jesús con los pecadores, los enfermos y los olvidados. Ahí está el rostro de la misericordia.
2. Hacer "obras mayores": Unidos a Él, estamos llamados a realizar obras de bien que continúen su misión. Nuestra fe se valida en la caridad y en la capacidad de llevar esperanza donde hay desesperación.
Propósito: Frente a las dificultades del presente, fijemos la mirada en Jesús como nuestra brújula. Al recibir la Eucaristía, digámosle con convicción: "Tú eres mi camino, no quiero andar por otro; tú eres mi verdad, no quiero creer en nada más; tú eres mi vida, y sin ti nada tiene sentido".
Feliz y bendecido fin de semana
Pbro. Adalberto Moreno Haros