TEMPLO COLOSENSES

TEMPLO COLOSENSES IGLESIAS DE JESUCRISTO DE LAS AMÉRICAS HERMOSILLO SONORA MÉXICO

13/03/2026

El ataque de Niza = Musulmán
Los ataques de París = Musulmanes
El terrorista del zapato = Musulmán
El ataque de Orlando = Musulmán
Los francotiradores de Beltway = Musulmanes
El tirador de Fort Hood = Musulmán
El terrorista de la ropa interior = Musulmán
El ataque de Westminster = Musulmán
Las bombas de Bali de 2005 = Musulmanes
El as*****to de Lee Rigby = Musulmanes
Los bombarderos del U.S.S. Cole = Musulmanes
El ataque de London Bridge = Musulmanes
Los bombarderos del tren de Madrid = Musulmanes
Los ataques de Charlie Hebdo = Musulmanes
Los ataques de San Bernardino = Musulmanes
Las bombas de Surabaya = Musulmanes
Las puñaladas en el centro comercial de Minnesota = Musulmán
Los bombarderos del 7/7 = Musulmanes
Los atacantes del teatro de Moscú = Musulmanes
Los bombarderos de la maratón de Boston = Musulmanes
El ataque al aeropuerto de Ankara = Musulmanes
La bomba del Manchester Arena = Musulmán
Los bombarderos del Pan-Am #103 = Musulmanes
La toma de la embajada iraní = Musulmanes
Los secuestradores de Air France = Musulmanes
El club nocturno de Bali de 2002 = Musulmanes
Los ataques de Batta Meena = Musulmanes
Los bombarderos de la embajada de Beirut = Musulmanes
El ataque a la embajada de EE.UU. en Libia = Musulmanes
La masacre de yazidíes de 2014 = Musulmanes
La decapitación del sacerdote francés = Musulmanes
Los dos ataques de Buenos Aires = Musulmanes
El equipo olímpico israelí = Musulmanes
La embajada de EE.UU. en Kenia = Musulmanes
Los bombarderos de Khobar Towers = Musulmanes
Los bombarderos de los marines en Beirut = Musulmanes
Los atacantes de la escuela de Beslán = Musulmanes
Los primeros bombarderos del WTC = Musulmanes
La decapitación de Daniel Pearl = Musulmanes
Los secuestradores del Achille Lauro = Musulmanes
Los atacantes de Bombay = Musulmanes
Los secuestradores del 9/11 = Musulmanes
La playa de Bondi en Sídney = Musulmanes

Pero para el mundo, los malos son los judíos 🤷‍♂️

25/02/2026
25/02/2026
25/02/2026
25/02/2026
25/02/2026

Cuando setecientos cuarenta niños fueron empujados al mar para morir en silencio, el mundo entero miró hacia otro lado.

El año era 1942. La guerra había convertido la vida humana en un número fácil de borrar, y en medio del océano Índico avanzaba un barco viejo, oxidado, sin rumbo claro. No llevaba soldados ni armas. Llevaba niños. Setecientos cuarenta niños polacos que ya habían sobrevivido a lo imposible.

Habían visto morir a sus padres en campos de trabajo soviéticos. Hambre. Enfermedad. Frío. Habían aprendido demasiado pronto a no llorar. A no preguntar. A obedecer para seguir respirando. Cuando lograron escapar hacia Irán, pensaron —por primera vez— que lo peor había quedado atrás.

Se equivocaron.

Ningún país quiso recibirlos.

El barco tocó puerto tras puerto a lo largo de la costa de la India. En todos recibió la misma respuesta. No. No tenemos espacio. No es nuestro problema. No ahora. El Imperio Británico, dueño del mar y de los puertos, se negó una y otra vez. “No es nuestra responsabilidad.”

Mientras los adultos discutían responsabilidades, la comida empezó a desaparecer. El agua se racionó. Las medicinas se acabaron. Los cuerpos pequeños comenzaron a debilitarse otra vez. Y la esperanza —esa que había sobrevivido a los campos— empezó a romperse.

María tenía doce años. Apretaba la mano de su hermano menor, de seis, con una fuerza que no correspondía a su edad. Antes de morir, su madre le había hecho prometer algo simple y cruel: “Protégelo.” María repetía esa promesa cada noche, mirando el techo del barco, preguntándose cómo se protege a alguien cuando el mundo entero ha decidido que no importas.

Los niños dormían amontonados, mareados, quemados por el sol del día y temblando por las noches. Algunos ya no preguntaban a dónde iban. Otros seguían contando los días con marcas invisibles en la madera. Nadie les explicaba nada. Solo sabían que el mar no tenía compasión.

La noticia llegó entonces a un pequeño palacio en Nawanagar, en Gujarat.

El gobernante era Jam Sahib Digvijay Singhji. Un maharajá bajo control británico. Sin ejército. Sin poder real sobre los puertos. Sin obligación alguna de involucrarse. Sus consejeros fueron directos:

—Hay setecientos cuarenta niños polacos atrapados en el mar. Los británicos no permiten que desembarquen.

Él no respondió de inmediato. Preguntó algo que nadie esperaba.

—¿Cuántos niños?

—Setecientos cuarenta.

Hubo silencio. Largo. Pesado.

Digvijay Singhji sabía lo que significaba desafiar al Imperio. Sabía que no tenía autoridad legal. Sabía que ayudar podía costarle el trono, la libertad, todo. Pero también sabía otra cosa: que la historia no siempre juzga por leyes, sino por decisiones.

—Los británicos pueden controlar nuestros puertos —dijo al fin—. Pero no pueden controlar mi conciencia.

Cuando le advirtieron sobre las consecuencias, no levantó la voz.

—Yo las asumiré.

Y entonces envió un mensaje breve, sin adornos, que cruzó el mar.

“Aquí son bienvenidos.”

En agosto de 1942, el barco entró al puerto bajo un sol abrasador. Los niños descendieron en silencio, débiles, desconfiados, sin saber si aquello era real. El maharajá los esperaba. Vestido de blanco. Se arrodilló para quedar a su altura… y abrió la boca.

En ese instante, algo cambió para siempre.

¿Por qué un hombre sin poder decidió enfrentarse al imperio más grande del mundo?
¿Qué vio en los ojos de esos niños para asumir un riesgo que nadie más quiso tomar?
¿Qué palabras pronunció arrodillado frente a ellos?
¿Y si ese momento no fue un acto de caridad, sino una lección que el mundo aún no aprende?

13/02/2026
13/02/2026
13/02/2026

No solemos compartir este tipo de videos, pero hoy es necesario.​A veces la realidad nos golpea tan fuerte que es fácil pensar que la indiferencia ha ganado ...

01/02/2026

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