Iglesia Oasis

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Iglesia Oasis La Iglesia de Dios en Col. San Benito fue organizada en el año 1954. Somo parte de la Iglesia de Dios en México, E. C. A. R.

Ahora como Iglesia Oasis continuamos honrando el hermoso legado que nos han dejado valiosos hombres y mujeres de Dios.

04/10/2026

OASIS DEVOCIONAL
Domingo 04 Octubre

TOMA TU CRUZ

Pasaje bíblico: Lucas 14:27

“Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.”

Verdad central: Seguir a Jesús implica una obediencia dispuesta a permanecer fiel aun cuando hacerlo tenga un costo.

ESCUCHAR: ¿Qué me dice Dios en su Palabra?

Cuando Jesús habló de tomar la cruz, sus primeros oyentes entendieron perfectamente la fuerza de aquella imagen. La cruz no era un adorno religioso, la cruz representaba entrega, sufrimiento y muerte.

Por eso Jesús utiliza una expresión tan radical para explicar el discipulado. No estaba diciendo que debamos buscar sufrimiento ni que cualquier dificultad de la vida sea automáticamente “nuestra cruz”. Estaba enseñando algo más profundo, significaba que seguir a Jesús tiene un costo.

En Lucas 14, Jesús advierte a la multitud que seguirlo requiere considerar seriamente lo que significa ser su discípulo. Habrá momentos en que obedecer a Cristo entrará en conflicto con nuestra comodidad, nuestros deseos, la aprobación de otras personas o incluso nuestros propios planes.

Entonces tendremos que decidir: ¿Seguiré a Jesús solamente cuando sea conveniente, o también cuando obedecerlo me cueste algo? Jesús mismo recorrió primero ese camino. “Se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” Filipenses 2:8 Antes de pedirnos que tomemos nuestra cruz, Cristo tomó la suya por nosotros.

MEDITAR: ¿Qué significa esta verdad para mi vida?

Ayer escuchamos: “Niégate a ti mismo.” Hoy Jesús añade: “Toma tu cruz.” Son ideas relacionadas, pero no idénticas. Negarme a mí mismo significa renunciar a ocupar el centro. Tomar mi cruz significa estar dispuesto a asumir el costo de esa decisión.

Porque obedecer a Jesús algunas veces será difícil. Perdonar puede costar, decir la verdad puede costar y mantener integridad puede costar. Renunciar a una relación, hábito o práctica que desagrada a Dios puede costar, servir cuando nadie reconoce nuestro esfuerzo puede costar y mantener nuestras convicciones cuando otros piensan diferente puede costar.

Pero aquí debemos recordar algo esencial: No cargamos la cruz para que Cristo nos ame; la cargamos porque ya somos amados por Él. La obediencia cristiana no intenta comprar la salvación. La salvación es por gracia, pero esa gracia produce discípulos que pueden decir: “Jesús vale más que aquello a lo que tengo que renunciar para seguirlo.” Y cuando nuestra obediencia se vuelve difícil, el Espíritu Santo nos fortalece para permanecer fieles.

RESPONDER: ¿Cómo respondo hoy a Dios en oración y obediencia?

Hoy pregúntate: ¿Hay alguna obediencia que estoy evitando porque conozco su costo? Quizá sabes lo que Dios espera de ti. El problema no es comprenderlo, el problema es que obedecerlo podría resultar incómodo.

Tal vez tendrás que renunciar o hablar, perdonar, esperar o poner límites. Quizás signifique reconocer un error, mantenerte firme o hacer lo correcto, aunque nadie lo reconozca. No necesitas buscar una cruz. Solamente necesitas estar dispuesto a obedecer a Jesús cuando seguirlo tenga un precio.

Porque muchas veces el discipulado se hace visible precisamente allí donde nuestra fe deja de ser conveniente.

Oración:

Señor Jesús, gracias porque antes de llamarme a tomar mi cruz, tú entregaste tu vida por mí. Perdóname cuando quiero seguirte solamente mientras el camino sea cómodo. Hoy renuevo mi decisión de ser tu discípulo. Dame valor para obedecerte aun cuando hacerlo tenga un costo. Espíritu Santo, fortaléceme cuando sienta temor, presión o deseo de retroceder. Que nunca olvide que nada de lo que pueda dejar por Cristo se compara con la gracia y la vida que he recibido en Él. Jesús, quiero seguirte también cuando el camino sea difícil. Amén.

Cada Domingo tenemos  Te esperamos a partir de las 10:00 am EBDI11:00 Reunión general Iglesia OasisCalle de las Américas...
03/10/2026

Cada Domingo tenemos

Te esperamos a partir de las 10:00 am EBDI

11:00 Reunión general

Iglesia Oasis
Calle de las Américas 136
Casi esquina Campeche
Col. San Benito. Hermosillo

03/10/2026

OASIS DEVOCIONAL
Sábado 03 Octubre

NIÉGATE A TI MISMO

Pasaje bíblico: Marcos 8:34-35

“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.”

Verdad central: Seguir a Cristo requiere dejar de colocarnos a nosotros mismos en el centro de nuestra vida.

ESCUCHAR: ¿Qué me dice Dios en su Palabra?

Las palabras de Jesús son contundentes: “Niéguese a sí mismo.” Esto no significa despreciarnos, negar nuestro valor o pensar que no somos importantes.
Jesús no está hablando de destruir nuestra identidad. Está hablando de renunciar al derecho de gobernar nuestra vida independientemente de Dios.

El problema del corazón humano no es solamente que hace cosas equivocadas. Es más profundo que eso. El verdadero problema es que naturalmente quiere ocupar el centro.

Mi voluntad, mis deseos, mis planes, mi comodidad, mi reconocimiento y mi manera de hacer las cosas. Por eso Jesús confronta el centro mismo del discipulado. Seguirlo significa decir: “Ya no quiero ser yo quien ocupe el trono de mi vida.”

Y Jesús añade: “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará.” Cristo no nos llama a perder nuestra vida para dejarnos vacíos. Nos llama a entregarla para que descubramos la verdadera vida en Él.

MEDITAR: ¿Qué significa esta verdad para mi vida?

Ayer Jesús nos dijo: “Aprended de mí.” Pero aprender de Jesús inevitablemente confrontará nuestra manera natural de vivir. Porque Jesús mismo no vivió buscando complacerse. Él dijo: “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.” Juan 6:38

En Cristo encontramos el modelo perfecto de una vida completamente rendida al Padre. Por eso negarnos a nosotros mismos no consiste únicamente en renunciar a algunas cosas. Es algo más profundo, es renunciar a vivir como si nosotros fuéramos el centro.

Esto se vuelve muy práctico. Cuando mi orgullo quiere tener la última palabra, cuando quiero que todos hagan las cosas a mi manera, cuando mi comodidad me impide servir, cuando mi deseo entra en conflicto con la Palabra de Dios y cuando sé lo que debo hacer, pero simplemente no quiero hacerlo.

Ahí aparece nuevamente la invitación de Jesús: “Niégate a ti mismo… y sígueme.” El Espíritu Santo trabaja precisamente en esas pequeñas decisiones, produciendo en nosotros el deseo y la capacidad de vivir bajo el señorío de Cristo.

RESPONDER: ¿Cómo respondo hoy a Dios en oración y obediencia?

Identifica hoy una situación concreta donde tu “yo” quiera ocupar el centro. Puede aparecer en una conversación, en una decisión familiar o en una ofensa. Quizás puede verse en el uso de tu tiempo, en una preferencia personal o en una lucha con la tentación. Cuando lo reconozcas, detente y pregúntate: “¿Quiero defender mi voluntad o seguir a Jesús?”

Negarte a ti mismo quizá hoy no parezca algo extraordinario. Tal vez simplemente signifique pedir perdón o escuchar antes de responder, servir cuando preferirías descansar, callar cuando tu orgullo quiere defenderse u obedecer cuando sería más cómodo posponerlo. El discipulado se construye en esas pequeñas rendiciones.

Oración:

Señor Jesús, reconozco que muchas veces quiero seguirte sin renunciar a gobernar mi propia vida. Mi orgullo, mis deseos y mi comodidad fácilmente quieren ocupar el centro. Hoy vuelvo a rendirte mi voluntad. Enséñame a negarme a mí mismo sin olvidar que mi verdadera identidad y mi valor están en ti. Espíritu Santo, muéstrame cuándo estoy buscando imponer mi voluntad y dame gracia para escoger la obediencia. Jesús, ocupa el lugar que solamente a ti te corresponde. Que mi vida no gire alrededor de mí, sino alrededor de ti y de tu voluntad. Amén.

02/10/2026

OASIS DEVOCIONAL
Viernes 02 Octubre

APRENDE DE MÍ

Pasaje bíblico: Mateo 11:28-30

“Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.”

Verdad central: Ser discípulo significa aprender de Jesús una nueva manera de vivir.

ESCUCHAR: ¿Qué me dice Dios en su Palabra?

Jesús hace una de las invitaciones más hermosas del Evangelio: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.” Pero su invitación no termina con: “Venid a mí.” Continúa con: “Aprended de mí.”

En tiempos de Jesús, tomar el yugo de un maestro significaba someterse a su enseñanza y aprender a vivir bajo su dirección. Jesús está llamándonos a algo más profundo que recibir alivio para nuestras cargas. Nos invita a convertirnos en sus discípulos.

Y algo sorprendente es que no dice solamente: “Aprendan mis enseñanzas”. Dice: “Aprended de mí.” Jesús mismo es nuestro modelo. Su manera de amar, su forma de tratar a las personas, su obediencia al Padre, su compasión, su pureza y su humildad.

El discipulado cristiano no consiste solamente en saber cosas acerca de Jesús, sino en aprender progresivamente a vivir como Jesús.

MEDITAR: ¿Qué significa esta verdad para mi vida?

Ayer escuchamos el llamado: “Sígueme.” Hoy Jesús nos explica que, mientras lo seguimos a Él, también aprendemos de Él. Porque podemos conocer muchos versículos, escuchar sermones y comprender doctrinas importantes y, aun así, conservar actitudes muy diferentes a las de Cristo.

El conocimiento bíblico es indispensable, pero su propósito no es solamente llenar nuestra mente, sino que debe transformar nuestra vida. Pablo lo expresó así: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús.” Filipenses 2:5

Jesús menciona específicamente dos características de su corazón: “Manso y humilde.” En un mundo que nos enseña a defender nuestra posición, demostrar nuestra importancia y responder cuando somos provocados, Jesús nos enseña otro camino.

La mansedumbre no es debilidad. La humildad no significa despreciarnos. Ambas revelan una vida rendida a Dios que ya no necesita vivir demostrando su propio valor. Aquí aparece una promesa: “Hallaréis descanso para vuestras almas.”
Quizá nuestro cansancio proviene de intentar vivir a nuestra manera. Jesús nos invita a aprender la suya.

RESPONDER: ¿Cómo respondo hoy a Dios en oración y obediencia?

Hoy observa a Jesús. Antes de reaccionar ante una situación, pregúntate: “¿Qué puedo aprender aquí de Jesús?” Cuando alguien te contradiga, cuando tengas que esperar, cuando debas servir sin reconocimiento, cuando una conversación se vuelva difícil o cuando tu orgullo quiera defenderse.

No preguntes solamente: “¿Qué quiero hacer?” Pregunta: “¿Cómo respondería Jesús?” Y permite que el Espíritu Santo forme su carácter en ti. Porque ser discípulo significa vivir cada día como un aprendiz de Cristo.

Oración:

Señor Jesús, quiero aprender de ti. No quiero solamente conocer tus palabras; quiero que tu manera de vivir transforme la mía. Enséñame tu mansedumbre, tu humildad, tu obediencia y tu amor. Muéstrame aquellas actitudes que todavía no reflejan tu carácter. Espíritu Santo, recuérdame las palabras de Jesús en las situaciones cotidianas y ayúdame a responder como Él respondería. Hoy tomo nuevamente tu yugo y decido caminar bajo tu dirección. Forma tu carácter en mí y enséñame a vivir de una manera que te agrade. Amén.

01/10/2026

OASIS DEVOCIONAL
Jueves 01 Octubre

SÍGUEME

Pasaje bíblico: Lucas 9:23-24

“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.”

Verdad central: Seguir a Jesús significa entregar cada día nuestra vida a su señorío y aprender a caminar tras sus pasos.

ESCUCHAR: ¿Qué me dice Dios en su Palabra?

Jesús no escondió las implicaciones del discipulado. No dijo solamente: “Cree en mí”. También dijo: “Sígueme.”

En Lucas 9, Jesús acaba de anunciar su sufrimiento, muerte y resurrección. Inmediatamente después explica lo que significa caminar detrás de Él. Hay tres expresiones importantes: Niéguese a sí mismo, Tome su cruz cada día y Sígame.

Seguir a Jesús implica mucho más que admirarlo, escuchar sus enseñanzas o recibir sus bendiciones. Significa reconocerlo como Señor de nuestra vida. Por eso Él añade:

“Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará.” Lucas 9:24

El evangelio contiene una hermosa paradoja: Cuando entregamos nuestra vida a Cristo, descubrimos la vida para la cual realmente fuimos creados.

MEDITAR: ¿Qué significa esta verdad para mi vida?

Durante los primeros treinta días aprendimos a acercarnos a Dios, confiar en Él y caminar en su presencia. Ahora damos un paso más. La pregunta ya no es solamente: “Señor, ¿qué quieres hacer por mí?” También necesitamos preguntar: “Señor, ¿cómo quieres que viva?”

Podemos querer a Jesús cerca para que nos ayude y, al mismo tiempo, resistirnos cuando nos pide cambiar nuestra manera de vivir. Pero Jesús no vino simplemente para acompañar nuestros planes. Vino para convertirse en nuestro Señor.

Seguirlo significa permitir que Él transforme nuestras prioridades, decisiones, relaciones, hábitos, palabras y deseos. Y observa una pequeña expresión de Jesús: “Cada día.”

El discipulado no se decide una sola vez. Cada mañana volvemos a decir: “Jesús, hoy quiero seguirte.” Habrá decisiones pequeñas en las que tendremos que escoger entre nuestro impulso y su voluntad, entre nuestra comodidad y la obediencia, entre nuestro orgullo y el carácter de Cristo.

El Espíritu Santo nos ayuda precisamente allí: nos recuerda las palabras de Jesús, transforma nuestros deseos y nos capacita para caminar en obediencia. Seguir a Cristo es una decisión diaria de rendición.

RESPONDER: ¿Cómo respondo hoy a Dios en oración y obediencia?

Hoy comienza esta nueva etapa del camino. No pienses primero en grandes sacrificios. Piensa en hoy. Pregúntale al Señor: ¿En qué área de mi vida necesitas que hoy te siga?

Quizá sea perdonar, callar una palabra hiriente o renunciar a una actitud. Quizás signifique obedecer algo que has estado postergando, ajustar alguna prioridad, apartarte de alguna tentación, o simplemente confiar cuando quisieras controlar.

No necesitas saber todo lo que implicará seguir a Jesús mañana. Necesitas estar dispuesto a seguirlo hoy.

Oración:

Señor Jesús, gracias porque me llamaste a conocerte y también a seguirte. Reconozco que muchas veces quiero tu ayuda sin rendirte completamente mi voluntad. Hoy vuelvo a colocarte en el centro de mi vida. Enséñame a negar aquello que compite con tu señorío y a caminar detrás de ti. Espíritu Santo, muéstrame las decisiones en las que necesito obedecer y dame la gracia para hacerlo. Que mis palabras, mis actitudes y mis acciones reflejen que pertenezco a Jesús. Hoy nuevamente te digo: Señor, quiero seguirte. Amén.

“En su presencia” Te esperamos Mañana JUEVES, 7:00 pmCUMBRE DE ORACIÓN🙌🏼 Adoración 📖 Meditación 🙏🏼 Oración 🤗 Compañerism...
30/09/2026

“En su presencia”

Te esperamos Mañana JUEVES, 7:00 pm

CUMBRE DE ORACIÓN
🙌🏼 Adoración
📖 Meditación
🙏🏼 Oración
🤗 Compañerismo

30/09/2026

OASIS DEVOCIONAL
Miércoles 30 Septiembre

HASTA AQUÍ NOS AYUDÓ JEHOVÁ

Pasaje bíblico: 1 Samuel 7:10-12

“Tomó luego Samuel una piedra y la puso entre Mizpa y Sen, y le puso por nombre Eben-ezer, diciendo: Hasta aquí nos ayudó Jehová.”

Verdad central: Recordar la fidelidad de Dios en el camino recorrido fortalece nuestra fe para continuar caminando hacia lo que todavía está delante.

ESCUCHAR: ¿Qué me dice Dios en su Palabra?

Israel estaba viviendo un momento de restauración espiritual. Durante años el pueblo se había alejado del Señor. Pero Samuel los llamó a regresar: “Si de todo vuestro corazón os volvéis a Jehová, quitad los dioses ajenos… y preparad vuestro corazón a Jehová, y sólo a él servid” (1 Samuel 7:3).

El pueblo respondió. Confesaron su pecado. Buscaron nuevamente al Señor. Pero mientras estaban reunidos en Mizpa, los filisteos avanzaron contra ellos. Israel tuvo miedo. Entonces Samuel clamó a Dios.Y Dios intervino. Después de la victoria, Samuel hizo algo que podría parecer sencillo: tomó una piedra y levantó un monumento. Lo llamó: EBENEZER, que significa: “Piedra de ayuda.” Y pronunció estas palabras: “Hasta aquí nos ayudó Jehová.”

Samuel quería que Israel pudiera mirar aquella piedra y recordar: No llegamos hasta aquí solos. Dios nos sostuvo. Dios respondió. Dios nos protegió. Dios tuvo misericordia y Dios permaneció fiel. Eben-ezer convirtió la memoria de la gracia de Dios en alimento para la fe del futuro.

MEDITAR: ¿Qué significa esta verdad para mi vida?

Hoy llegamos al día 30, pero ahora sabemos algo importante: Este no es el final de nuestro camino. Estamos completando solamente los primeros treinta días de un recorrido de noventa. Y precisamente por eso necesitamos nuestro propio Eben-ezer.

Durante estos días hemos hablado de escuchar a Dios, permanecer en Cristo, confiar, entregar nuestras cargas, enfrentar nuestros temores, permitir que Dios examine nuestro corazón, rendir nuestra voluntad, caminar en el Espíritu y vivir conscientes de su presencia.

Seguramente no todos los días fueron iguales. Algunos encuentros con Dios habrán sido profundamente significativos. Otros quizá parecieron sencillos. Tal vez hubo días en los que fue difícil concentrarse. Quizá incluso hubo algún día que no pudiste detenerte como querías. Pero hoy no estamos celebrando nuestra perfección. Estamos celebrando la fidelidad de Dios.

Porque si algo hemos aprendido durante estos treinta días es que la vida espiritual no depende solamente de cuánto buscamos nosotros a Dios. Descansa primero en un Dios que fielmente nos busca, nos sostiene, nos corrige, nos perdona y continúa formando a Cristo en nosotros. Pablo expresó esta confianza: “El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.” Filipenses 1:6

El mismo Dios que comenzó esta obra continuará haciéndola. Y el Espíritu Santo, que ha estado trabajando en nuestro corazón, seguirá guiándonos hacia una comunión más profunda con Cristo. Por eso “hasta aquí” no significa: “Aquí terminamos.” Significa: “Mira cuánto nos ha sostenido Dios… y sigamos adelante.”

RESPONDER: ¿Cómo respondo hoy a Dios en oración y obediencia?

Hoy no tengas prisa. Antes de pensar en los próximos sesenta días, mira por unos momentos hacia atrás. Recuerda. ¿Qué te mostró Dios durante estos treinta días?

- ¿Hubo alguna verdad que te confrontó?
- ¿Alguna carga que aprendiste a entregar?
- ¿Algún temor que comenzaste a enfrentar de otra manera?
- ¿Algún pecado que tuviste que reconocer?
- ¿Alguna decisión que comenzaste a tomar?
- ¿Alguna disciplina espiritual que comenzó a fortalecerse?

Escríbelo. Quizá puedas anotar una sola frase que represente tu Eben-ezer personal: “Durante estos primeros treinta días, Dios me ha enseñado…” Después agradécele. Pero no cierres todavía el camino. Quedan sesenta días. Y hoy podemos levantar nuestra mirada y decir: “Señor, si tú me has ayudado hasta aquí, quiero seguir caminando contigo.”

Oración:

Padre, hoy miro hacia atrás y reconozco tu fidelidad. Gracias por cada mañana, cada palabra que me confrontó, cada momento en que me consolaste y cada paso en el que me enseñaste a confiar. Si he avanzado, ha sido por tu gracia. Jesús, gracias porque tú sigues siendo el centro y la meta de este camino. Espíritu Santo, gracias por enseñarme, corregirme y acompañarme. Hoy levanto mi propio Eben-ezer y confieso: “Hasta aquí me ayudó el Señor”. Pero no quiero detenerme aquí. Quedan nuevos pasos, nuevas lecciones y áreas de mi corazón que todavía necesitas transformar. Toma los próximos sesenta días y llévame más profundamente a conocer, amar y seguir a Cristo. Amén.

29/09/2026

OASIS DEVOCIONAL
Martes 29 Septiembre

PROSIGO A LA META

Pasaje bíblico: Filipenses 3:12-14

“No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo… olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta…”

Verdad central: La madurez cristiana no consiste en pensar que ya hemos llegado, sino en continuar avanzando cada día hacia Cristo.

ESCUCHAR: ¿Qué me dice Dios en su Palabra?

Resulta sorprendente escuchar estas palabras de Pablo: “No que lo haya alcanzado ya.” Estamos hablando de un hombre que había conocido profundamente a Cristo, había predicado el evangelio, plantado iglesias, sufrido por su fe y experimentado el poder de Dios. Sin embargo, Pablo no dice: “Ya llegué.” Dice: “Prosigo.”

En los versículos anteriores había expresado el gran deseo de su vida: “A fin de conocerle” (v. 10). Pablo no estaba simplemente persiguiendo una mejor versión de sí mismo. Estaba persiguiendo a Cristo. Por eso continúa: “Olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante…” Esto no significa perder la memoria ni negar nuestro pasado. Significa no permitir que el pasado determine hasta dónde podemos avanzar con Dios.

Hay cosas detrás de nosotros que podrían detenernos. Fracasos que producen vergüenza, heridas que seguimos cargando, logros que podrían llenarnos de orgullo. Incluso experiencias espirituales pasadas en las que podríamos acomodarnos. Pero Pablo decide no vivir mirando constantemente hacia atrás. “Prosigo” porque hay más de Cristo por conocer, hay más obediencia por vivir, hay más carácter por formar y más camino por recorrer.

MEDITAR: ¿Qué significa esta verdad para mi vida?

Estamos llegando al final del primer mes, y precisamente aquí aparece un peligro. Podríamos pensar: “Terminé el devocional.” Pero nunca quisimos simplemente terminar un devocional. Queríamos aprender a caminar con Dios. Estos días no son la meta. Son entrenamiento para el camino. La vida cristiana no se construye solamente mediante momentos intensos de inspiración. Se forma mediante una decisión continua: Seguir a Cristo hoy. Y volver a seguirlo mañana.

Habrá días en que caminaremos con entusiasmo. Otros días avanzaremos lentamente. Habrá momentos de victoria. También habrá tropiezos. Pero un tropiezo no tiene que convertirse en el final del camino. Pedro falló profundamente cuando negó a Jesús. Sin embargo, Cristo lo restauró y volvió a llamarlo con dos palabras extraordinarias: “Sígueme tú” (Juan 21:22). Eso es gracia. Cristo no solamente perdona nuestro pasado. Él nos vuelve a llamar hacia adelante.

El Espíritu Santo continúa trabajando en nosotros durante todo este proceso. Él no solamente produjo hambre de Dios al comenzar; también nos fortalece para perseverar, levantarnos y continuar siendo transformados a la imagen de Cristo. Por eso madurar espiritualmente no significa llegar al punto donde ya no necesitamos crecer. Es exactamente lo contrario. Mientras más conocemos a Cristo, más deseamos seguir conociéndolo.

RESPONDER: ¿Cómo respondo hoy a Dios en oración y obediencia?

Hoy mira por un momento hacia atrás. No para quedarte allí. Solo para reconocer cuánto ha trabajado Dios en ti.
- ¿Qué te mostró durante estos días?
- ¿Qué oración comenzó a cambiar?
- ¿Qué hábito necesitas conservar?
- ¿Qué área de tu corazón fue confrontada?
- ¿Qué decisión comenzaste a tomar?

Agradece a Dios por ello. Pero después dirige nuevamente tu mirada hacia adelante. Y pregúntale: “Señor, ¿cuál es el siguiente paso?” Quizá necesitas continuar estableciendo un tiempo diario con Dios. Profundizar en la lectura de la Palabra, corregir una relación, desarrollar una disciplina, servir, perdonar, compartir tu fe o abandonar definitivamente algo que te está deteniendo.

No intentes avanzar en veinte cosas a la vez. Identifica el siguiente paso. ¡Y prosigue!

Oración:

Padre, gracias por todo lo que has hecho en mí durante este camino. Reconozco que todavía no he llegado y que aún tienes mucho que transformar en mi vida. Jesús, tú eres mi meta. No quiero conformarme con experiencias pasadas ni permitir que mis fracasos me mantengan detenido. Gracias porque tu gracia me levanta y vuelve a llamarme: “Sígueme”. Espíritu Santo, dame fuerzas para continuar creciendo, obedeciendo y conociendo cada día más a Cristo. Ayúdame a dejar atrás aquello que me detiene y a extenderme hacia lo que tienes delante de mí. Hoy tomo nuevamente la decisión: seguiré adelante. Prosigo a la meta. Amén.

28/09/2026

OASIS DEVOCIONAL
Lunes 28 Septiembre

PERMANECE FIRME

Pasaje bíblico: 1 Corintios 15:58

“Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.”

Verdad central: La fidelidad también significa perseverar cuando todavía no vemos resultados, confiando en que nada de lo que hacemos para Cristo es en vano.

ESCUCHAR: ¿Qué me dice Dios en su Palabra?

Hay dos palabras al comienzo de este versículo que necesitamos observar: “Así que…” Pablo acaba de dedicar todo 1 Corintios 15 a una de las verdades fundamentales del evangelio: Cristo resucitó. La muerte no tuvo la última palabra. El pecado no tendrá la última palabra. Nuestro cuerpo será resucitado. La victoria final pertenece a Cristo.

Y precisamente por eso Pablo dice: “Así que… estad firmes y constantes.” Nuestra perseverancia no está basada simplemente en nuestra fuerza de voluntad. Está fundamentada en la victoria de Jesucristo. Pablo no dice: “Permanezcan firmes porque todo será fácil.” Dice, en esencia: Permanezcan firmes porque Cristo venció y su esperanza es segura.

Después añade: “Creciendo en la obra del Señor siempre.” No solamente resistiendo. No simplemente sobreviviendo, sino: Continuando, creciendo y sirviendo. ¿Y por qué? Porque existe una certeza: “Vuestro trabajo en el Señor no es en vano.”

MEDITAR: ¿Qué significa esta verdad para mi vida?

Una de las pruebas más difíciles para nuestra perseverancia aparece cuando hacemos lo correcto, pero no vemos resultados. Oramos y la respuesta tarda. Servimos y nadie parece notarlo. Sembramos la Palabra en nuestros hijos y no vemos cambios. Trabajamos por restaurar una relación y el proceso avanza lentamente. Intentamos crecer espiritualmente y todavía encontramos luchas que creíamos haber superado.

Entonces aparece una pregunta peligrosa: “¿De qué sirve seguir?” El desánimo suele comenzar cuando medimos la fidelidad únicamente por resultados visibles. Pero Dios nunca nos llamó a controlar los resultados. Nos llamó a ser fieles. Hay semillas que germinan rápidamente. Otras permanecen mucho tiempo bajo tierra antes de que aparezca algo en la superficie.

Y espiritualmente sucede algo parecido. No todo lo que Dios está haciendo puede verse inmediatamente. Jesús conoce bien el camino de la perseverancia. Hebreos nos dice que Él soportó la cruz “por el gozo puesto delante de él” (Hebreos 12:2). Cristo pudo atravesar el sufrimiento presente porque sabía que la cruz no sería el capítulo final.

Nuestra esperanza en Cristo no consiste simplemente en decir: “Algún día todo mejorará.” La esperanza que nos sostiene tiene un sólido fundamento: Cristo resucitó. Y porque Él vive, nuestra obediencia tiene sentido, nuestra oración, nuestro servicio y nuestra fidelidad tienen sentido, incluso cuando todavía no podemos ver el fruto. El Espíritu Santo nos fortalece precisamente en esos momentos, renovando nuestras fuerzas y recordándonos las promesas de Dios cuando nuestras emociones nos dicen que abandonemos.

RESPONDER: ¿Cómo respondo hoy a Dios en oración y obediencia?

Piensa en algo donde has comenzado a cansarte. Tal vez llevas tiempo orando, sirviendo, esperando, perdonando, discipulando, intentando reconstruir y haciendo lo correcto. Pero una parte de ti comienza a preguntarse: “¿Vale la pena continuar?” Si aquello que estás haciendo es de acuerdo a la voluntad de Dios, escucha hoy esta palabra: Permanece firme.

No necesitas resolver hoy todo el camino. Solo necesitas dar otro paso de fidelidad. Ora una vez más. Sirve una vez más. Ama una vez más. Haz lo correcto una vez más. Abre nuevamente la Biblia. Vuelve a intentarlo y continúa sembrando. No porque tengas garantía de ver inmediatamente el resultado que deseas. Sino porque tienes una promesa mayor: “Vuestro trabajo en el Señor no es en vano.”

Oración

Padre, tú conoces los lugares donde estoy cansado y las situaciones en las que he comenzado a preguntarme si vale la pena continuar. Gracias porque mi esperanza no depende de resultados inmediatos, sino de la victoria de Jesucristo. Jesús, porque tú venciste la muerte, sé que ninguna obediencia realizada para tu gloria es inútil. Espíritu Santo, fortalece mi corazón cuando llegue el desánimo. Dame constancia para seguir orando, sirviendo, amando y haciendo lo correcto. Líbrame de medir tu fidelidad solo por lo que puedo ver. Hoy decido permanecer firme y seguir caminando contigo. Amén.

28/09/2026

Dirección

Calle De Las Américas 136, Colonia San Benito
Hermosillo
83190

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