28/08/2026
LA BIBLIA Y LA SEGUNDA VENIDA DE JESÚS
Editorial # 35
En las Sagradas Escrituras, desde el primer capítulo del Génesis hasta el último versículo del Apocalipsis, se extiende una promesa que recorre toda la historia de la salvación: el Señor Jesucristo, que ascendió al cielo tras consumar su obra redentora, volverá. Esta verdad no es una enseñanza secundaria ni un detalle accesorio de la fe cristiana; es la esperanza bendita y el sello de certidumbre de que Dios cumplirá todo lo que ha declarado. La Biblia no nos deja con incertidumbre al respecto: el mismo Cristo que vino en humildad para salvar a su pueblo, regresará en gloria para consumar su reino y juzgar al mundo con justicia.
Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir y para instruir en justicia (2 Timoteo 3:16). Por ello, lo que la Biblia afirma acerca de la segunda venida no es conjetura humana, sino revelación infalible. El Señor Jesús mismo lo prometió en su palabra: “Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:3). Los ángeles lo confirmaron al momento de su ascensión: “Este Jesús, que ha sido recibido de vosotros arriba en el cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo” (Hechos 1:11). Según la enseñanza reformada, la Biblia es la única regla suficiente, cierta e infalible de toda salvación. Por tanto, nuestra confianza en su segunda venida no se apoya en cálculos humanos, fechas inventadas ni señales fabricadas, sino en la fidelidad de Dios que no puede mentir (Tito 1:2). Así como su palabra anunció su primera venida y se cumplió puntualmente, de igual manera garantiza su retorno, que sucederá en el tiempo señalado por el Padre, en su sabiduría soberana. Las Sagradas Escrituras nos enseñan, de manera clara y sin dejar lugar a dudas, los rasgos esenciales de la segunda venida: Será visible y personal: “He aquí, viene con las nubes, y todo ojo le verá” (Apocalipsis 1:7). No es una llegada oculta ni espiritual solamente, sino que el Señor aparecerá en su propia persona, con poder y gran gloria. Será repentina y sorpresiva: “El día del Señor vendrá como ladrón en la noche” (1 Tesalonicenses 5:2). Por esa razón, la Biblia nos amonesta continuamente a estar preparados, pues nadie conoce la hora ni el momento exacto, sino solo el Padre celestial (Mateo 24:36). Traerá salvación y juicio: Para los que le esperan, será el cumplimiento de la salvación (Hebreos 9:28); para los que rechazaron su evangelio, será revelación de justicia y juicio irreversible (2 Tesalonicenses 1:7–10).
La Palabra de Dios nos advierte que no debemos perder tiempo ni ánimo en discusiones vanas sobre fechas y cálculos que la Escritura no ha revelado. En nuestra tendencia humana por querer saber lo que Dios ha ocultado, corremos el riesgo de desviarnos de lo que sí ha ordenado: vivir en santidad y esperanza. La Confesión de Fe de Westminster nos recuerda que el Señor ha puesto aquel día en su propia autoridad, y que es nuestra obligación estar siempre preparados, sin pretender ser sabios por encima de lo que está escrito, ni establecer tiempos que el Padre ha reservado en su poder (Hechos 1:7). Si la Biblia asegura que Cristo volverá, nuestra vida debe estar marcada por esta verdad: En santidad: “Por tanto, amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz” (2 Pedro 3:14). En esperanza viva: “Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tito 2:13). En fidelidad y servicio: “El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén, sí, ven, Señor Jesús” (Apocalipsis 22:20).
Amada Iglesia Getsemaní, no hemos de vivir angustiados ni temerosos, sino vigilantes, ocupados en la obra del Señor, sabiendo que nuestro trabajo no es vano en Él (1 Corintios 15:58). La segunda venida no es motivo de miedo para el creyente, sino el estímulo más poderoso para perseverar, amar la justicia y anunciar el evangelio hasta los confines de la tierra. Toda la Biblia es testimonio de Cristo: vino según estaba escrito, murió y resucitó conforme a las Escrituras, y volverá según su palabra. No necesitamos señales extraordinarias ni revelaciones nuevas para confiar en esta promesa; la suficiencia y autoridad de las Sagradas Escrituras bastan. Que nadie nos engañe con discursos humanos ni fechas inventadas. Confiemos en lo que Dios ha dicho: Cristo viene, y su palabra es verdad eterna. Por ello, con corazón fiel y esperanza inquebrantable, cerramos con la oración que la Biblia nos enseña como el último deseo del pueblo de Dios: “Amén. Sí, ven, Señor Jesús”
Pastor Ricardo…