30/09/2024
LUCAS 18
¿Cuándo el Hijo del Hombre venga, ¿hallará fe en la tierra? Lucas 18:8
Jesús pronunció esta declaración al final de la parábola de la viuda y el juez injusto. Con el objetivo de mostrarles a sus discípulos la necesidad de orar de manera perseverante, persistente y no desmayar. Por esto se presenta el ejemplo de la persistencia de esta viuda, la cual pudo lograr que un juez tan malo como el que se presenta allí le hiciera justicia. La parábola tenía un propósito bien definido: “También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar” (Lucas 18:1).
“La oración de la viuda: “Hazme justicia de mi adversario”, representa la oración de los hijos de Dios: “Hazme justicia de mi adversario”, Elena G. de White comenta: “Satanás es su gran adversario. Es “el acusador de nuestros hermanos”, el cual los acusa delante de Dios día y noche. Está continuamente obrando para representar falsamente y acusar, engañar y destruir al pueblo de Dios. Y en esta parábola Jesús enseña a sus discípulos a orar por la liberación del poder de Satanás y sus agentes.” Palabras de Vida del Gran Maestro, pág.. 131.
La injusticia es parte de la vida cotidiana, ante esta situación, la desilusión llega a formar parte de la vida, se pierde la esperanza, los deseos de persistir, de perseverar y anhelar algo mejor. Los hijos de Dios deben mantenerse suplicantes en oración de que Dios actúe y venga pronto, porque solo el retorno de Cristo podrá transformar todas las cosas. Este mundo debe ser liberado del poder de Satanás y sus demonios.
La pregunta que se hace en forma retórica. “¿Cuándo el Hijo del Hombre venga, ¿hallará fe en la tierra?" (Lucas 18:8).
Jesús nos llama y desafía a orar sin cesar y esperar nuestra liberación final, claro que hallará fe en la tierra. “Uno de los ancianos habló diciéndome: "Estos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido? Y yo le dije: —Señor mío, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que vienen de la gran tribulación; han lavado sus vestidos y los han emblanquecido en la sangre del Cordero.” (Apocalipsis 7:13-14).
El mundo está lleno de incredulidad e injusticia, solo la fe nos ayudará a persistir ante los desafíos y las dificultades. No permitamos que este mundo y sus deseos nos hagan perder de vista, que hay un mundo mejor y pronto estaremos en ahí.
¿Qué podría disminuir o incluso aniquilar nuestra fe?
1. Confiar en nuestras propias justicias. “A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola… Os digo que este descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.” Lucas 18:9-14.
2. Olvidar la inocencia y la sencillez de un niño. “De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él.” Lucas 18:17.
3. Preferir quedarse con dinero y sin Jesús: “Entonces él, oyendo esto, se puso muy triste, porque era muy rico.” Lucas 18:23.
4. Perder de vista que Jesús vino a dar su vida en nuestro rescate. “Pero ellos nada comprendieron de estas cosas, y esta palabra les era encubierta, y no entendían lo que se les decía.” Lucas 18:34.
5. Dejar de clamar de manera perseverante que Dios tenga misericordia de nosotros: “¡Entonces dio voces, diciendo:! ¡Jesús, hijo de David, ten misericordia de mí!” Lucas 18:38.
Corremos el peligro ante la situación tan crítica que estamos viviendo de dejar de perseverar y nuestra fe se vaya muriendo. Podemos llegar a confiar en nuestra propia justicia o incluso en nuestras posesiones, sean pocas o muchas. El problema no está en el dinero sino en el lugar que ocupa en nuestras vidas. Jesús dijo: “Dónde está tu tesoro, ahí está vuestro corazón”, no permitas que las posesiones te separen de Jesús. Elena G. de White mencionó al respecto: “El dinero no es necesariamente una maldición: es algo de alto valor, porque si se emplea correctamente puede hacer bien en la salvación de las almas y en beneficio de quienes son más pobres que nosotros. Por un uso pródigo o imprudente […] el dinero llegará a ser un lazo para quien lo gaste. El que emplea el dinero para satisfacer su orgullo y su ambición hace de él una maldición más bien que una bendición”. El hogar cristiano, pág. 321.
Si tu fe está tambaleante y los afanes de esta vida te están distrayendo de lo importante. Pide hoy como el ciego de Jericó: “Y él dijo: Señor, que reciba la vista. Jesús le dijo: Recíbela, tu fe te ha salvado.” Lucas 18:41-42. Y ante la pregunta retórica que Jesús realizó: “¿Cuándo el Hijo del Hombre venga, ¿hallará fe en la tierra? Lucas 18:8. Tengamos el privilegio de estar en esa gran multitud que persistió, perseveró y creyó en las promesas de Dios.
Dios te bendiga.