16/04/2025
El Miércoles Santo nos coloca frente a una de las decisiones más trágicas del Evangelio: la traición de Judas. Un discípulo que caminó con Jesús, que escuchó sus palabras y vio sus milagros... y aun así, lo entregó. No fue una caída arrepentida, sino el resultado de una serie de pequeñas elecciones que soportaron su corazón.
Hoy, esta escena nos invita a mirar nuestra propia vida. ¿Hay algo que esté ocupando el lugar de Dios en nuestro corazón? ¿Estamos permitiendo que el egoísmo, la comodidad o el rencor nos aleje de su amor? La traición no siempre es grande y visible. A veces, se esconde en las pequeñas renuncias al amor, en las indiferencias, en los silencios cuando deberíamos hablar con verdad y caridad.
Pero incluso en medio de la traición, la misericordia de Dios sigue brillando. Jesús sabía lo que Judas haría, y aun así, lo amó hasta el final. Esa es la esperanza que se nos ofrece: que nunca es tarde para volver a Él.
Hoy es un buen día para pedir perdón, para renovar nuestra fidelidad, para acercarnos al amor que nunca falla.
"Velen y oren para que no caigan en tentación; el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil."
—Mateo 26, 41.💜