26/09/2023
«No me mueve, mi Dios, para quererte el cielo que me tienes prometido, ni me mueve el in****no tan temido para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte clavado en una cruz y escarnecido, muéveme ver tu cuerpo tan herido, muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera, que aunque no hubiera cielo, yo te amara, y aunque no hubiera in****no, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera, pues aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero te quisiera».
El Soneto a Cristo crucificado, también conocido por su verso inicial, «No me mueve, mi Dios, para quererte», es una poesía mística de autoría desconocida, escrita en España a finales del siglo XVI y publicada por primera vez en 1628.
Este texto se publicó por primera vez, según Alonso Zamora Vicente, en 1628. Apareció en la obra del presbítero madrileño Antonio de Rojas Libro intitulado vida del espíritu (Madrid, 1628), en una sección de poesías místicas, y antes figura en algunos manuscritos. Para Marcel Bataillon, el poema se compuso a finales del siglo xvi, en un ambiente jesuítico donde se conocían muy bien las ideas y obras de san Juan de Ávila,1 quien defendió el amor gratuito a Dios, sin retribución alguna, y lo expresó, por ejemplo, en las Meditaciones devotísimas del amor de Dios («El que dice que te ama y guarda los diez mandamientos de tu ley solamente o más principalmente porque le des la gloria, téngase por despedido della») o en la Glosa del Audi filia («Aunque no hubiese in****no que amenazase, ni paraíso que convidase, ni mandamiento que constriñese, obraría el justo por sólo el amor de Dios lo que obra»).