02/05/2026
Nadie imaginaba que aquel joven que cruzó una frontera con miedo… algún día guiaría una diócesis entera.
Este 2 de mayo de 2026, el papa León XIV tomó una decisión que toca profundamente el corazón de la Iglesia: nombró como obispo de Wheeling-Charleston, en Virginia Occidental, a Evelio Menjívar Ayala.
Pero su historia no comienza en un despacho… comienza en la incertidumbre.
En 1990, huyendo de la pobreza y del dolor del conflicto armado en El Salvador, llegó a Estados Unidos como migrante indocumentado. Sin garantías, sin estabilidad… pero con algo que no se quebró: la fe.
En medio de una tierra extraña, comenzó un camino silencioso. Estudió, discernió, y respondió a una llamada que lo superaba: el sacerdocio. Fue ordenado en 2004.
Desde entonces, su vida ha estado marcada por el servicio a los más olvidados: comunidades hispanas, migrantes, familias que viven entre el miedo y la esperanza.
Ahí, donde muchos ven números… él vio rostros.
En 2022 fue nombrado obispo auxiliar en Washington. Y ahora, su misión da un paso más: pastorear una diócesis entera en un país que alguna vez lo recibió sin papeles… pero donde Dios ya tenía un plan.
Su voz también ha sido firme. Ha cuestionado políticas migratorias que endurecen el trato hacia los más vulnerables, recordando que detrás de cada frontera hay una dignidad que no puede ser ignorada.
No es política. Es Evangelio.
Porque Cristo mismo fue migrante. Porque la Iglesia no mira documentos… mira almas.
Hoy, su nombramiento no es solo un cambio administrativo. Es un signo.
Un recordatorio de que Dios levanta pastores desde las periferias. De que ninguna historia está perdida. De que incluso en medio del rechazo, puede nacer una vocación capaz de iluminar a miles.
Cuando el mundo etiqueta… Dios llama.
Señor, mira a quienes viven lejos de su tierra.
Sostén a tus pastores en la verdad y la caridad.
Y enséñanos a ver en cada hermano, un hijo tuyo.