25/02/2026
ORDENACIÓN DE SIETE DIÁCONOS Y UN PRESBITERO
La Iglesia arquidiocesana de Monterrey vivió el pasado 21 de febrero un momento de especial alegría con la ordenación de siete diáconos y un presbítero, celebrada en el Templo de San Francisco, en San Pedro Garza García. La Eucaristía fue presidida por el Arzobispo de Monterrey, quien confirió el sacramento del Orden mediante la imposición de manos y la oración consecratoria.
La celebración congregó a familiares, comunidades parroquiales, formadores y fieles laicos, quienes acompañaron con oración y gratitud a los ordenandos, reconociendo en ellos el llamado de Dios al servicio de su Iglesia.
Durante la homilía, el Arzobispo dirigió un mensaje profundo y cercano a los nuevos ministros, invitándolos a comprender el ministerio ordenado como un camino de servicio y entrega, y no como una forma de poder o reconocimiento personal. Les recordó que el verdadero sentido del diaconado y del presbiterado nace del encuentro diario con Cristo y de la disposición sincera para ponerse al servicio del Pueblo de Dios.
Subrayó que los nuevos diáconos y el presbítero están llamados a ser hombres de oración, con un corazón dócil a la voluntad de Dios, capaces de escuchar antes de hablar y de acompañar con misericordia a las personas en sus diversas realidades. Enfatizó que la cercanía con la comunidad, especialmente con los más pobres, enfermos y necesitados, es una dimensión esencial de su ministerio y un testimonio auténtico del Evangelio.
Asimismo, el Arzobispo los exhortó a vivir su vocación con alegría, sencillez y fidelidad, cuidando su vida espiritual y humana, y manteniendo siempre viva la pasión por anunciar a Cristo. Les animó a no perder la esperanza ante las dificultades del ministerio y a recordar que no caminan solos, sino sostenidos por la gracia de Dios y la oración de la Iglesia.
La celebración concluyó con un emotivo aplauso de la asamblea, que agradeció a Dios el don de nuevas vocaciones para la Iglesia de Monterrey y encomendó a los nuevos diáconos y al presbítero a la intercesión de San Francisco de Asís, para que su ministerio sea fecundo y lleve consuelo, fe y esperanza a las comunidades que les sean confiadas.