24/05/2026
LECTIO DIVINA JN 20, 19-23. PENTECOSTÉS. CICLO A.
Por Juan Olvera Servín, s. x.
ORACIÓN INICIAL:
Dios nuestro, que por el misterio de la festividad de Pentecostés que hoy celebramos santificas a tu Iglesia, extendida por todas las naciones, concede al mundo entero los dones del Espíritu Santo y continúa obrando en el corazón de tus fieles las maravillas que te dignaste realizar en los comienzos de la predicación evangélica.
TEXTO BÍBLICO: Juan 20, 19-23
LECTURA: ¿Qué dice el texto?
San Juan, nos presenta este texto tan importante en que la misma noche del Domingo de Pascua, Jesús se aparece en el Cenáculo con los discípulos. Él, que había sido resucitado por el Padre de entre los mu***os, ahora está vivo, pero con la vida eterna, para siempre.
Vale la pena recordar que la palabra Resurrección, que es la que experimenta Jesús, es muy distinta de lo que tal vez erróneamente conocemos por acciones similares que Jesús tuvo para con la hija de Jairo, el hijo de la viuda de Naím y Lázaro. Se habla allí de resurrección, pero en verdad debería decirse: Reanimación, ya que todos ellos luego de pasar un tiempo, murieron. Resurrección, es lo que hace el Padre por Jesús, darle la vida eterna para siempre, con un cuerpo inmortal. Jesús, por su obediencia al Padre, es el primero de los humanos, en presentarnos el camino. La humanidad pecadora tiene como consecuencia del Pecado, la muerte corporal. Pero Dios vino a rehacer este proyecto suyo de amor, enviando a su Hijo Único Jesús, el Cristo, para siendo el primero nos abra las puertas del cielo. Ya el terrible mal que nos aquejaba, ha sido vencido. La muerte, consecuencia del pecado ha sido vencida, por eso mismo, Jesús, cuando se les aparece a los discípulos reunidos, está completa y verdaderamente resucitado.
Ha llegado aquello que Jesús había anunciado antes: “su hora” “la hora” es decir el tiempo establecido. La Pascua, como misterio difícil de comprender por la mente humana, es esa hora, ese tiempo establecido por Dios, para invitarnos a pasar a la eternidad con Él.
El miedo, la entrega de la paz, la alegría producida por el encuentro, la insistencia en la paz que sólo proviene de Dios y Jesucristo la entrega a sus discípulos, ahora se vuelve en un envío misionero. Él da la paz, pero solicita que vayan en su nombre. Como el Padre envió a Jesús, así ahora Él envía a sus discípulos y le encomienda a su Iglesia perpetuar su presencia y su memorial activo. Haciendo viva su Palabra salvadora, les da el soplo de vida del Espíritu. Así como en el Génesis, el Padre Dios sopló sobre la humanidad el espíritu de la vida, ahora Jesús, el verdadero Dios por quien se vive, repite el gesto, pues la hora de la salvación ha llegado: “Reciban el Espíritu Santo”. Y otra vez, junto al dar el Espíritu, pide una prolongación de su salvación: A los discípulos, a la Iglesia que es sucesora y heredera de los discípulos, le otorga el poder de perdonar los pecados o de retenerlos.
Miedo, Paz, Alegría, envío del Espíritu, envío Misionero, Perdón de los Pecados, son las palabras claves para entender este texto en el contexto.
MEDITACIÓN: ¿Qué me o nos dice Dios en el texto?
Hagámonos unas preguntas para profundizar más en esta Palabra de Salvación:
Muchas veces nos encontramos encerrados por miedos. ¿Cuáles son esos miedos?
Jesús vuelve a encontrarnos, aunque estemos escondidos ¿nos alegramos por su visita?
La presencia de Jesús nos trae la paz. ¿vivimos en paz? ¿qué cosas nos perturban la paz? ¿Podría identificar esas cosas que me quitan la paz? ¿No será una ausencia de Jesús en mi vida?
Jesús sigue dándonos signos de su presencia como resucitado en medio nuestro. ¿Reconozco los signos de Jesús? ¿En algunas ocasiones pienso que Jesús me abandona? ¿Cuándo?
El resucitado se ha convertido en Señor del Universo, superando las leyes del espacio y del tiempo. ¿Me dejo alcanzar por el amor y la paz de Jesús?
Jesús otorgó su paz y con ella el Espíritu Santo. Pero no podremos vivir en el Espíritu si no tenemos paz en nuestro corazón. ¿te has dado cuenta de esta gran verdad? ¿Qué relación hay en tu interior de paz, con el ser cristiano? Lamentablemente muchas veces se confunde al cristiano con el intolerante ante los demás, sobre todo cuando no viven como quisiéramos nosotros. ¿Somos nosotros de esos?
El envío de Jesús a los discípulos nos invita a todos los que seguimos sus huellas ¿Somos capaces de descubrir que también a nosotros, los discípulos de hoy, nos envía Jesús, con la autoridad del Padre? Que no me tome a la ligera este envío, porque el Señor me pide que sea su testigo ante el mundo y Él algún día, en el final de los tiempos, me preguntará sobre esto.
Jesús ofrece el perdón del Padre para todos. ¿Eres tú un agente del perdón, un representante de que hay que perdonar?
ORACIÓN: ¿Qué le digo o decimos a Dios?
Envía, Señor, tu Espíritu a renovar la tierra. Aleluya (Salmo 103)
Bendice al Señor, alma mía; Señor y Dios mío, inmensa es tu grandeza. ¡Qué numerosas son tus obras, Señor! La tierra llena está de tus creaturas.
Si retiras tu aliento, toda creatura muere y vuelve al polvo. Pero envías tu espíritu, que da vida, y renuevas el aspecto de la tierra.
Que Dios sea glorificado para siempre y se goce en sus creaturas. Ojalá que le agraden mis palabras y yo me alegraré en el Señor.
CONTEMPLACIÓN: ¿Como interiorizo o interiorizamos la Palabra de Dios?
Para el momento de la contemplación podemos repetir varias veces este versículo del Evangelio para que vaya entrando a nuestra vida, a nuestro corazón: “Como el Padre me envió, así los envío”. (V. 21) Y de esta forma nos ponemos en contemplación, repitiendo y agradeciendo a Jesús que venga.
ACCIÓN: ¿A qué me o nos comprometemos con Dios?
Debe haber un cambio notable en mi vida. Si no cambio, entonces, pues no soy un verdadero cristiano. (Cfr. Cristonautas)