Parroquia de San Judas Tadeo, C. de la Normal

Parroquia de San Judas Tadeo, C. de la Normal -Horarios de Misas-
Lunes a Miércoles y Viernes: 08, 12 y 20hrs
Jueves: 08, 18 y 20hrs. Sábado: 08, 12, 18, 19 y 20hrs.

Parroquia de San Judas Tadeo Oficial

HORARIOS DE MISA
Lunes, Martes, Miércoles y Viernes 08, 12 y 20 hrs
Jueves 08, 18 y 20 hrs
Sábado 08, 12, 18, 19 y 20 hrs
Domingos 08, 09, 11, 12, 13, 18, 19, 20 y 21 hrs Domingo: 08, 09, 11, 12, 18, 19 y 20hrs

-Conmemoraciones mensuales:
Día 28 de cada mes: 08, 12, 18 y 20hrs (En honor a San Judas Tadeo)

-Santísimo Sacramento-
Lunes: 18:30 - 20:00hrs
Miérc

oles: 08:45 - 12:00

-Sacramentos-
Bautizos: Sábados y Domingos 1:OOpm (Excepto días 27 y 28 del mes)
Primeras Comuniones:
Confirmaciones:

-Fiestas Patronales-
Novenario en honor a San Judas Tadeo del 19 al 28 de Octubre.

TODOS INVITADOS
25/08/2026

TODOS INVITADOS

AVISOS PARROQUIALESDOMINGO 23 DE AGOSTO
24/08/2026

AVISOS PARROQUIALES
DOMINGO 23 DE AGOSTO

23 DE AGOSTOXXI DOMINGO ORDINARIOQueridos hermanos y hermanas.Al comenzar el Día del Señor, es momento de celebrar el Mi...
23/08/2026

23 DE AGOSTO
XXI DOMINGO ORDINARIO

Queridos hermanos y hermanas.

Al comenzar el Día del Señor, es momento de celebrar el Misterio que da sentido a todo y es la cumbre y fuente de toda nuestra acción pastoral.

En el Evangelio que hemos escuchado (véase Mt 16,13-20), Jesús pregunta a sus discípulos: «¿Quién decís que soy yo?» (v. 15). Pedro responde, en nombre de todos: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente» (v. 16). Nosotros también, después de dos milenios, estamos llamados a renovar la misma profesión de fe: estamos aquí porque creemos que Jesús es el Mesías, el Hijo eterno del Padre, consagrado y enviado al mundo «para servir y dar su vida en rescate por muchos» ( Mt 20,28).

Sí, queridos hermanos, en palabras de Pedro reconocemos la verdad que nos llena de alegría y esperanza, y hallamos el camino que conduce a la vida: el camino de Dios que se pone al servicio de la humanidad (cf. Fl 2,5-8), del Maestro que se inclina para lavar los pies de sus discípulos (cf. Jn 13,12-15), del Pastor que se sacrifica por su rebaño (cf. Jn 10,11). Y es a esta luz que contemplamos el gesto de Jesús al entregarle las llaves a Pedro (cf. Mt 16,19-20), porque en la Iglesia, en todos los niveles, la autoridad es servicio.

El Papa, los obispos, los sacerdotes y los diáconos están llamados, en primer lugar, a vivirlo de esta manera, y todo el Pueblo de Dios debe unirse a ellos, cada uno según su vocación específica. El Siervo de Dios Don Oreste Benzi lo atestiguó muy bien entre vosotros, cuando dijo: «Nuestra vocación consiste [...] en dejarnos conformar a Cristo el pobre, a Cristo el siervo, a Cristo que expía el pecado del mundo, a Cristo, el Dios-Hombre encarnado que vive entre nosotros en forma de participación directa, comenzando por los más humildes» ( Con esta lisa tonaca , editado por Valerio Lessi, Bolonia 1991, p. 42).

En la Iglesia, de hecho, la misión de "atar" y "desatar", si bien por un lado se refiere al papel de aquellos que, en nombre del Señor, son llamados a ejercer autoridad, por otro describe un estilo y una tarea que involucra a cada persona bautizada: la de acoger, reunir, dar la bienvenida, liberar, perdonar y emancipar a todo aquel que sea prisionero del pecado y sus consecuencias, haciéndonos administradores justos y sabios de los bienes que Dios nos confía, para que todos podamos trabajar juntos, en la caridad, para el bien de todos.

En la primera lectura (véase Is 22:19-23), el profeta Isaías habló de Sebna, un funcionario a quien el rey Ezequías había encomendado un gran proyecto de renovación religiosa, moral y social en Jerusalén y el reino de Judá. Sin embargo, movido por la ambición y la codicia, este hombre poderoso comenzó a abusar de la autoridad que se le había conferido, amasando riquezas para sí mismo y su círculo de amigos y familiares, y oprimiendo a los demás. Había olvidado que lo más importante de la aventura en la que su Señor lo había involucrado no eran los recursos económicos ni el poder, sino la posibilidad, a través de ellos, de promover un plan de renacimiento para el bien de toda la comunidad. Por esta razón, fue destituido y su misión confiada a Eliaquim, un hombre honesto, libre de ataduras, firme en su rectitud como una estaca clavada en la pared, según las palabras del profeta (véase v. 23).

El mensaje es claro: todo lo que somos y tenemos es un don de Dios, confiado a nosotros para que, en sus manos, podamos ser instrumentos de salvación en justicia los unos para con los otros, comenzando por los lugares y las personas con las que vivimos y trabajamos cada día, para así llegar, con un corazón grande y abierto, al mundo entero.

En la segunda lectura, san Pablo nos habla de los planes de Dios y afirma que son inescrutables: no por la complejidad de su razonamiento, sino por la inmensidad desarmante de su amor, que sobrepasa toda capacidad y expectativa, «porque de él», dice el apóstol, «y por medio de él y para él son todas las cosas» ( Rom 11,36). Dios es sencillo, porque es pura caridad, y también nos llama a amar con un corazón semejante al suyo, conformando nuestros caminos a los suyos y nuestros pensamientos a los suyos (cf. v. 33).

Estos valores de honestidad, generosidad y benevolencia son muy apreciados por la gente de Romaña, gente sincera, alegre, trabajadora y solidaria. Prueba de ello son los numerosos santos y beatos nacidos aquí, que practicaron la caridad y vivieron el Evangelio, a veces hasta el martirio. Esto también se evidencia en el compromiso constante de diversos grupos eclesiales, parroquias, familias, Acción Católica, diversos movimientos y asociaciones, y proyectos cristianos de caridad y educación.

El mundo en que vivimos ofrece muchas formas de recreación, algunas de las cuales, sin embargo, conducen a la dispersión y la ruina en lugar de un verdadero «retorno a uno mismo», y dejan un vacío en el corazón. Algunos las llaman «escape», como si la vida cotidiana fuera una prisión de la que escapar. Pero sabemos que el lugar más auténtico para encontrar consuelo, para encontrar a Dios y encontrarnos verdaderamente los unos con los otros, no está afuera, en el caos, sino dentro de nosotros mismos, en lo más profundo de nuestra alma. Como comunidad cristiana, estamos llamados especialmente a cultivar esta experiencia y transmitirla, mediante la apertura y la hospitalidad, tanto en nuestros ámbitos personales como institucionales, en el cuidado y la contemplación de nuestras iglesias, en nuestra disposición a ayudar y ofrecer caridad. Y esto se aplica tanto a quienes buscan un merecido descanso después de un año de trabajo, como a quienes, heridos en cuerpo y espíritu, buscan refugio, alimento y ayuda lejos de su patria.

-S.S. León XIV
(Homilía 22 de agosto 2026, Rimini)

22 DE AGOSTOSANTA MARÍA REINAEsta fiesta mariana fue instituida por el Venerable Siervo de Dios Pío XII, papa, quien con...
22/08/2026

22 DE AGOSTO
SANTA MARÍA REINA

Esta fiesta mariana fue instituida por el Venerable Siervo de Dios Pío XII, papa, quien con la carta encíclica Ad Caeli Reginam decretó esta celebración en el calendario litúrgico romano.

En la octava de la solemnidad de la Asunción de María en cuerpo y alma al Cielo, celebramos esta prerrogativa de la Virgen como conclusión lógica de todo su misterio. Ella, concebida sin pecado, siendo madre del Verbo Eterno, Rey del Universo y permaneciendo su virginidad intacta, luego de su asunción recibió la corona eterna como premio a sus méritos, a su participación íntima con Cristo en la obra de la Redención del hombre y como gran dádiva de Dios que tanto la amó.

María, como afirma San Agustín, "es más dichosa aún por ser discípula de Cristo que por ser su madre". Fiel a su discipulado, en Cristo se modeló con el carácter de servicio de la propia misión del Verbo: "no he venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos" (Mt 20,28). Por esto ella ha sido la primera entre aquellos que, como sostiene San Juan Pablo II en la carta encíclica Redemptoris Mater, "sirviendo a Cristo también en los demás, conducen en humildad y paciencia a sus hermanos al Rey, cuyo servicio equivale a reinar", y ha conseguido plenamente aquel "estado de libertad real", propio de los discípulos de Cristo: ¡servir quiere decir reinar!". "!Su reinar es servir. Su servir es reinar! (...) De este modo debería entenderse la autoridad, tanto en la familia como en la sociedad y en la Iglesia", afirmó el Santo Pontífice.

Así pues, conscientes de la íntima unión entre Cristo y su Madre, a quien coronó como Reina del Universo, celebremos esta fiesta permitiendo y trabajando para que este reinado de amor, justicia y paz se haga realidad entre los hombres, plenamente en esta vida, para que en la otra lo gocemos eternamente.

🖋️: Sanctorum Mater

18 DE AGOSTONUESTRA SEÑORA DEL RAYODentro de los ámbitos de lo que fue esta Nueva Galicia, hubo desde los tiempos más re...
18/08/2026

18 DE AGOSTO
NUESTRA SEÑORA DEL RAYO

Dentro de los ámbitos de lo que fue esta Nueva Galicia, hubo desde los tiempos más remotos grande devoción a la Virgen María, bajo distintas advocaciones y con representación en imágenes, a veces de indiscutible valor escultórico, y a veces en casera y burda elaboración.
Otra particularidad en la devoción a estas imágenes está en lo que se dice acerca de su origen. Se cuentan al caso historias llenas de piadoso candor que no parece sino que resultaron de la devoción de la gente, si bien obra, en la mayoría de ellas, la constancia de testimonios, la presencia de personas de calificada autoridad que dieron cuenta de los hechos.

Hay muchos de estos relatos que tocan las fimbrias del prodigio. Así en el caso de la Virgen del Rayo, imagen que duró por siglos ignorada y desconocida, hasta que de pronto es colocada en el centro de la veneración del pueblo tapatío. Esto se inició apenas tres años antes del llamado Grito de Independencia.

Existe el decir del Padre Marmolejo, quien estudió la inclinación de los mexicanos a la devoción de María y habla de la imagen del Rayo, guardada en el dormitorio del convento de las dominicas, cuando a su fundación pareció indigna de ser expuesta al culto en el Templo de Jesús María, por ser entonces, año de 1772, una imagen vieja y tal vez semidestruida

Y sucedió que el 13 de agosto de 1807, a las dos y media de la madrugada, hora en que caía una fuerte tormenta en la ciudad, un rayo vino a pegar precisamente en aquella vieja imagen.
Al fulgor del rayo, el dormitorio quedó luego en tinieblas, y cuando azoradas las monjas encendieron la lamparita que despedía agónicos temblores en la amplitud de la sala, pudieron darse cuenta de que la imagen había quedado totalmente quemada. El vestido de tela y la cabellera sólo chamuscados; pero el rostro ennegrecido, los ojos reventados.

Pensaron las religiosas que aquella imagen les había librado de una muerte segura al actuar como para-rayos de la descarga eléctrica. Luego, en rendida veneración y entonando cantos de agradecimiento, llevaron la imagen al coro, donde se celebró, al día siguiente, Misa de acción de gracias.

El Lic. Luis Robles Martínez, cuyo despacho profesional daba frente a una de las puertas del templo, refiere minuciosamente el hecho en un folleto publicado el año de 1907. Dice que la imagen, carbonizada y sin ojos, estuvo en el coro de las monjas hasta el día 18 del mismo mes de agosto, y que ese día, a las tres y cuarto de la tarde, amenazando una tormenta con muchos truenos y relámpagos, asustadas las religiosas por una nube que se retorcía y aleteaba como desesperada y furiosa sobre la iglesia del Convento de Jesús María, a indicación de la Madre Priora, Sor María Francisca de la Concepción, se reunieron todas en el coro.

Estando ahí, comenzaron a ver que la escultura se transformaba repentinamente. Asombradas las consagradas y sumamente conmovidas, empezaron a decir jaculatorias y alabanzas. Estaban estupefactas; el trastocamiento de aquel rostro negro de carbón, ponía el de las monjas desencajado y lívido. Y, mientras seguían entonando más cantos y oraciones, la celestial Señora se les presentaba más blanca y luminosa.

El Lic. Robles lo escribe de este modo en el mencionado folleto: “Entonces dijo una de ellas ’vamos cantando el Magnificat’, y no hizo más que empezar a cantarlo, que empezar a subir un color lindo del pecho al rostro de la imagen, poniendo un matiz sonrosado en sus mejillas. Hubo a ese tiempo un relámpago y se iluminó todo el coro en una luz extraordinaria.

Luego de aquel deslumbramiento, vieron la imagen en el color natural que hoy tiene la escultura: los ojos, que desde la caída del rayo tenía destrozados, se le abrieron y se le veían brillar como diamantes. El rosario que es de perla falsa, que con el rayo había quedado negro, se tornó blanco en el color que antes tenía”, a partir de este suceso se empezó a dar culto a la imagen de la Virgen del Rayo, colocada en una capilla interior del convento. De esa capilla era llevada anualmente al templo para la función del primero de agosto, sacándola en procesión hasta el altar mayor, donde era recordada la renovación prodigiosa.

En tiempos de la exclaustración de las monjas, por los años de 1861 a 1867, la imagen estuvo guardada en la casa de un médico de apellido Castillo; pero en 1868, cuando las dominicas volvieron a su convento y se decoró la iglesia de Jesús María, se construyó un altar propio para la imagen.

Permaneció la venerada efigie en este lugar hasta el año de 1907, centenario de su renovación, cuando el Sr. Arzobispo José de Jesús Ortiz tomó antecedentes e investigación rigurosa del suceso, nombrando al Canónigo don Luis Silva para que organizara solemnes festejos en honor de la Virgen del Rayo, y la coronó canónicamente, por Decreto Diocesano, el 12 de agosto de ese mismo año.

Con esa misma fecha, y en prueba de la devoción de aquel Prelado a la Virgen del Rayo, fue reconocida como titular del templo, “y por lo mismo, llevada al altar mayor donde estaban las imágenes de Jesús María y José, las cuales fueron puestas en el altar que antes había ocupado Nuestra Señora del Rayo.

🖋️: Luis Sandoval Godoy; Semanario Arquidiocesano de Guadalajara

16 DE AGOSTOXX DOMINGO ORDINARIOQueridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!Ayer contemplamos a la Virgen María en su r...
16/08/2026

16 DE AGOSTO
XX DOMINGO ORDINARIO

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

Ayer contemplamos a la Virgen María en su relación indisoluble con su Hijo: ni siquiera la muerte pudo interrumpir esa comunión de alma y cuerpo, que es vida eterna. Cada domingo nos recuerda que esa misma plenitud está reservada a quienes siguen a Jesús: su resurrección no es un acontecimiento del pasado, sino una vida nueva que nos compromete.

Así lo demuestra hoy la mujer cananea protagonista del Evangelio proclamado en la liturgia (cf. Mt 15,21-28). Aunque no pertenece a su pueblo y vive en una región extranjera, intenta con insistencia hablar con Jesús, siguiéndole como una discípula que ya tiene un vínculo con Él. Probablemente nunca se habían encontrado, pero, misteriosamente, la fe ya había surgido en ella. No desea algo para sí misma, sino la paz para su hija atormentada, y confía en Jesús, a quien reconoce como el Mesías, descendiente de David (cf. v. 22).

El evangelista no oculta los obstáculos a los que se enfrenta esta mujer. Los discípulos la ven como una persona molesta, y el propio Jesús se resiste a sus peticiones. De hecho, el Maestro se había retirado a aquella región (cf. v. 21) y podemos imaginar que, como en otras ocasiones, buscaba un lugar apartado donde orar y formar a los suyos. Sin embargo, en ese momento ocurre algo inesperado. Al meditar sobre ello, podemos comprender la obediencia de Jesús, que cumple su misión dejándose conmover por lo que ve y lo que oye. Al final le dice: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas» (v. 28).

También hoy la Iglesia puede dejarse sorprender por la obra de Dios y comunicar la paz de Cristo más allá de las fronteras ya trazadas. Su misión es anticipada por la gracia divina, que actúa en lo más recóndito de las conciencias, de modo que en cada encuentro, incluso en aquellos que trastocan nuestros planes, hay que aguzar el oído, abrir los ojos y el corazón a lo que Dios quiere decirnos.

De la mujer cananea aprendemos la humildad y la determinación. Gracias a su fe, aprendemos que la mesa de Dios está preparada para todos y que a nadie le corresponden las migajas (cf. vv. 26-27), porque cada uno tiene su propio lugar junto al Padre. A la luz de esta fe, resultan insoportables las desigualdades, las discriminaciones y las barreras que pisotean la dignidad de tantos hijos e hijas de Dios.

Queridos hermanos y hermanas: somos la Iglesia de Jesucristo en un mundo atormentado, en un mundo que busca la paz. A María, nuestra Madre, le pedimos que interceda por nosotros. «De sus labios brota el himno más fuerte e innovador que jamás se haya pronunciado, el Magníficat» (Magnífica Humanitas, 244): es el canto de quien ya ve la realidad con la mirada de Dios y, por eso, no pierde la esperanza y actúa con caridad.

¡Les deseo a todos un feliz domingo!

-S.S. León XIV
(Ángelus 16 de agosto 2026)

15 DE AGOSTOSOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓN DE MARÍA SANTÍSIMAQueridos hermanos y hermanas:Con gran alegría celebro también es...
15/08/2026

15 DE AGOSTO
SOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA

Queridos hermanos y hermanas:

Con gran alegría celebro también este año con ustedes la Solemnidad de la Asunción.

El Magisterio de la Iglesia nos enseña que «María, cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria Celeste» (Pío XII, Const. apost. Munificentissimus Deus, 1 noviembre 1950) y nos indica, en este Misterio, el cumplimiento de la plenitud de gracia que Dios le ha dado en su Concepción Inmaculada (cf. ibíd.).

Por eso, muchas obras de arte la representan, al final de su vida terrena, como una joven hermosa que se eleva físicamente desde la tierra hacia el cielo. Se inspiran en la escena descrita en el pasaje del Apocalipsis que hemos escuchado en la primera lectura: «Una Mujer vestida del sol, y la luna bajo sus pies» (Ap 12,1), para significar que en el corazón de María se encuentran el cielo y la tierra, el tiempo y la eternidad.

Esta imagen aparentemente contrasta con la experiencia de lo que produce en nosotros el paso de los años. Con la edad, de hecho, nuestro cuerpo no se hace más ágil, sino más pesado; la piel no se vuelve más fresca, sino que muestra los signos de la vejez; el cabello no toma color ni brillo, sino que se vuelve gris y luego blanco. Entonces, ¿qué tenemos en común con la joven maravillosa que encontramos pintada en nuestros retablos?

Para comprenderlo debemos mantener unidos los dos signos que hemos mencionado: el cuerpo incorrupto de la Madre de Dios y su corazón inmaculado. Es la pureza del alma, en efecto, que en María ―como en nosotros― por gracia de Dios ilumina y transfigura a toda la persona, llevándola a la gloria del Cielo.

La glorificación de María en alma y cuerpo nos enseña que nuestra verdadera belleza no consiste en ocultar los signos del tiempo que pasa, sino en mostrar también en nuestra carne los signos del amor que no tiene fin (cf. 1 Co 13,8).

Nos invita, de este modo, a revisar muchos de los cánones estéticos, predominantemente de tipo hedonista y consumista, que el mundo nos impone, y que corren el riesgo de aprisionarnos en condicionamientos pesados, haciéndonos desperdiciar energías valiosas en lo que no es realmente importante ni dura para siempre. En la experiencia común, se pueden encontrar personas con el rostro marcado por los años y los sufrimientos, pero capaces de irradiar serenidad, benevolencia y paz a su alrededor; como se pueden observar otras, quizás exteriormente atractivas, pero duras y frías en su interior. Y es fácil entender dónde está la verdadera belleza y dónde, en cambio, hay todavía necesidad de conversión, perdón y curación.

Si de verdad deseamos descubrir y cultivar la belleza divina que nos rodea y para la que hemos sido creados, así como difundirla a nuestro alrededor, debemos aprender a leerla tanto en el rostro tierno de un niño como en las arrugas de un anciano, en la vivacidad de un joven como en la compostura de un adulto, en los adornos de la fiesta como en la vestimenta y en las herramientas de trabajo. Debemos escuchar las historias de amor únicas que cada una de estas realidades nos cuenta, reconociéndolas como pequeños destellos en el cielo.

El amor es el ornamento más hermoso del hombre: el amor que transfigura, transforma, ennoblece y lleva a lo alto; que nos hace ligeros, libres, cercanos a Dios, incluso a través de los altibajos de la vida.

San Pablo VI, al meditar sobre el misterio de la Asunción de la Virgen, decía que para comprender su significado «debemos convertir en superlativos y absolutos los términos que usamos en el lenguaje terrenal […], para imaginarnos, a pequeña escala, lo eterno» (Homilía, 15 agosto 1969). Y a propósito de este encuentro, en la Madre de Dios, entre lo infinito y lo finito, el Papa Francisco escribía: «María es la que sabe transformar una cueva de animales en la casa de Jesús, con unos pobres pañales y una montaña de ternura» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 286).

El milagro que María, la doncella de Nazaret, vivió en su corazón inocente, y que la llevó a la gloria del Cielo, es el encuentro de extremos, como ella misma da testimonio en las palabras inspiradas del Magníficat, que hemos escuchado en el Evangelio (cf. Lc 1,46-55). En este cántico, a través de las humildes expresiones de su fe, la Madre del cielo nos habla de modo sencillo de grandes misterios: Dios que en ella se hace hombre para salvar a los hombres, el Eterno que en ella se manifiesta en el tiempo para abrirnos también a nosotros el camino de la eternidad, mostrándonos al mismo tiempo, en su condición de “humilde sierva”, la “pequeña dimensión” en la que también nosotros podemos encontrar al Señor, como decía san Pablo VI.

La sublimidad del Misterio que celebramos, entonces, no debemos buscarla lejos. Podemos encontrarla allí donde hay verdadera caridad: en los ojos de un padre y una madre que vuelven a casa después de una jornada de trabajo, cansados pero felices de estar con sus hijos; en los rostros de los abuelos y las abuelas que, a pesar de las dificultades de la edad, se reactivan con energías inesperadas al cuidar a los nietos; o incluso en el compromiso de jóvenes que se esfuerzan por crecer limpios y honestos, listos también para ir contra la corriente respecto a “lo que todos hacen”; finalmente, en la obra de tantos hombres y mujeres que diariamente, con fe y dedicación, contribuyen a llevar un poco de Cielo sobre la tierra y la tierra hacia el Cielo.

Queridos hermanos, el rostro bellísimo de la Asunción es único, supera toda representación posible y, sin embargo, al mismo tiempo nos es conocido: es el de las personas que están a nuestro lado, incluso en este momento, de los hermanos y hermanas con quienes compartimos, en la fe, la ofrenda diaria de nuestra vida. Por eso, en la mujer del Apocalipsis la comunidad de los creyentes se ve a sí misma, y el Concilio Vaticano II describe a María como «imagen y principio de la Iglesia, […] signo de esperanza cierta y de consuelo» (Const. dogm. Lumen gentium, 68). En su humanidad santa, por gracia de Dios, está también la nuestra, estamos llamados a vivir su misma plenitud de vida y a compartir su misma gloria.

San Agustín, hablando de la resurrección de Cristo, invitaba a los cristianos de su tiempo a hacer de ella la brújula y el punto de referencia de su existencia. Decía: «Resucitó Cristo, y ya no morirá […]. Cambia de parecer, sigue a tu luz; levántate con la que resucitó» (Comentarios a los salmos126, 7).

Hagamos nuestra su invitación. Sigamos la luz del Resucitado, cambiando de rumbo si es necesario. Hagámoslo, particularmente hoy, mirando a María, que Dios coronó de gloria en alma y cuerpo, y que nos ha dado como Madre, guía, compañera de viaje y protectora en el camino del Cielo.

-S.S. León XIV
(Homilía 15 de agosto 2026)

AVISO IMPORTANTE 🚨
13/08/2026

AVISO IMPORTANTE 🚨

¡ATENCIÓN FIELES Y BIENHECHORES! 🚨
12/08/2026

¡ATENCIÓN FIELES Y BIENHECHORES! 🚨

AVISOS PARROQUIALESDOMINGO 09 DE AGOSTO
12/08/2026

AVISOS PARROQUIALES
DOMINGO 09 DE AGOSTO

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44270

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