05/06/2026
5 Junio
San Bonifacio
2 Timoteo 3, 10-17: “Todos los que quieran vivir como buenos cristianos serán
perseguidos”.
Salmo 118: “Quienes aman tus leyes, de inmensa paz disfrutan”.
Mc 12,35-37: ¿Cómo dicen que el Mesías es Hijo de David?
¡Qué difícil es dialogar cuando se tienen posturas irreductibles! Todos los
argumentos son nada frente a la obstinación y ceguera. Jesús discute con los
fariseos porque le dan un sentido errado a lo anunciado en la escritura. El
Mesías que ellos esperan es un rey a la manera de David guerrero, capaz de
formar un ejército para liberarse de la dominación romana, y hacer de Israel
una gran nación. Jesús les dice que el Mesías no es sólo un hombre
descendiente de David, les recuerda que en la escritura David se refiere al
Mesías llamándole “mi Señor” (en el lenguaje del pueblo judío esto equivale a
llamarle mi Dios), de esta forma el Mesías es mucho más que un hombre
descendiente de un Rey, es Dios mismo que se encarna en la humanidad. Pero
el pueblo judío con el respeto enorme que le tienen al nombre de Dios, no se
atreven ni siquiera a nombrar a Dios, por eso no es raro que la postura de
Jesús les sorprenda y entonces se produzca el gran escándalo: Jesús con sus
palabras se está autoproclamando Señor, Dios. Lo contemplan, conocen sus
obras, escuchan sus palabras, pero para ellos es imposible concebirlo, no
pueden aceptar que Él es el Mesías. Ésta al final será la causa de su condena
a muerte. También hoy tenemos posturas encontradas y para muchos es
imposible aceptar que Dios no solamente vive en cielo, sino que habita al ser
humano, con toda la riqueza, toda la limitación y finitud que eso conlleva. Dios
da a la mujer y al hombre una dimensión superior al resto de la creación, es
entonces, un Dios con nosotros y un Dios en nosotros. El Mesías se ha hecho
cercano, como uno de nosotros, comparte nuestra humanidad, pero nos da una
dimensión de cielo, de infinito y de eternidad. No queda atrapado en la
mezquindad del hombre, sino que nos eleva al cielo partiendo de la misma
tierra. ¿Nosotros aceptamos a Cristo como nuestro Mesías y Nuestro Señor, sin recortarlo a nuestro capricho? Aceptémoslo y descubramos la gran verdad
que hoy nos proclama.