06/08/2026
6 Agosto
La Transfiguración del Señor
2 Pedro 1, 16-19: “Nosotros escuchamos esta voz venida del cielo”
Salmo 96: “Reina el Señor, alégrese la tierra”
San Mateo 17, 1-9: “Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto”
En días pasados, pedí a niños muy pequeños que iluminaran con colores algunas láminas
bíblicas. Algunos de ellos son tan pequeñitos que casi no tienen costumbre de usar los colores
y para quienes las primeras veces es difícil combinar los colores. Así uno de ellos, tomó un
color muy oscuro y empezó a rellenar el rostro de Jesús. Cuando terminó era imposible
reconocer el rostro del maestro sentado en medio de sus discípulos. Él lo hacía en su
ingenuidad y con orgullo mostraba su trabajo. Yo me quedé pensando como nosotros,
borramos y oscurecemos el rostro de Jesús cuando por nuestras ambiciones y egoísmos lo
cubrimos con nuestros propios colores a nuestro capricho. La Trasfiguración es todo lo
contrario: manifestar el verdadero rostro de Jesús para que sus discípulos, que lo verán velado
por el dolor y la cruz, no se olviden de ese rostro resplandeciente. Es difícil reconocer el rostro
de Jesús en muchas ocasiones, pero al mismo tiempo que ese rostro resplandeciente se nos
manifiesta, nos recuerda que sigue presente en el rostro de todos y cada uno de los hermanos.
Los rostros de los campesinos desilusionados con sus labores que no son reconocidas en su
justo valor; los rostros de las mujeres despreciadas, abusadas y violentadas; los rostros de los
niños que miran con incertidumbre el futuro; los rostros de miles de obreros que han perdido
la esperanza; los rostros de las familias destrozadas por la migración y los egoísmos, en fin,
miles de rostros que hoy nos hacen presente el rostro de Jesús. La manifestación de Jesús en
este día nos dé valor para descubrirlo, limpiarlo y tratarlo con dignidad en esos rostros
deformados. El rostro resplandeciente nos ayude a llenar de luz, la oscuridad de nuestros
caminos. El rostro en comunión con la ley y los profetas, nos aliente en nuestra búsqueda de
verdadera justicia. Que la Palabra del Padre que resuena en este acontecimiento: “Éste es mi
Hijo, mi escogido, escúchenlo”, nos lleve a descubrir y a escuchar a Jesús en cada uno de los
rostros de nuestros hermanos.