02/06/2026
Duerme en los brazos del Señor Jesucristo O. CARLOS ELIZALDE hermano que dejó una huella profunda en el grupo de obreros de Hermosa Provincia y en nuestra colonia.
Aunque nuestros corazones sienten tristeza por su partida, también se llenan de gratitud al recordar la vida ejemplar de nuestro hermano fue un hombre de fe, de convicción y de servicio. Su amor por la obra de Dios se manifestó no solo con palabras, sino con hechos. Aun cuando los años avanzaban y las fuerzas físicas disminuían, él continuó sirviendo con el mismo entusiasmo y la misma disposición que caracterizaron toda su vida.
Muchos lo recordaremos recorriendo las calles de la colonia, procurando mantenerlas limpias y ordenadas, realizando esta labor con humildad y responsabilidad. Para él, servir era una bendición y una oportunidad de mostrar amor a Dios y al prójimo.
De igual manera, su presencia constante en la guardia del templo cada martes era una muestra de su fidelidad. Con un corazón íntegro y reverente, cumplía su deber con alegría, entendiendo que cada servicio, por pequeño que pareciera, era valioso delante de Dios.
Nuestro hermano nos enseñó que la edad no es impedimento cuando existe amor por la obra del Señor. Nos enseñó que la verdadera fortaleza no se encuentra solamente en el cuerpo, sino en el alma que permanece firme, en el espíritu que confía en Dios y en el corazón que nunca deja de servir.
Los jóvenes encontraron en él un ejemplo digno de imitar. Su vida les recordó que el servicio realizado con amor trae bendición, que la fidelidad tiene recompensa y que la mayor dicha del ser humano es permanecer en el pueblo de Dios, trabajando para Su obra con sinceridad y entrega.
Que Dios conceda consuelo y fortaleza a su familia y a todos los que hoy sentimos su ausencia. Y que la memoria de nuestro amado hermano permanezca entre nosotros como el recuerdo de un siervo fiel, trabajador y comprometido, que honró a Dios con su vida y con sus obras.