28/08/2026
Santa Mónica oró por más de 17 años por la conversión de su hijo Agustín. Lágrimas, paciencia y una fe que nunca se rindió, incluso cuando todo parecía indicar que sus oraciones no serían escuchadas.
Agustín, lejos de Dios durante años, terminó convirtiéndose en uno de los santos y doctores más importantes de la Iglesia. Su madre no vivió para verlo obispo, pero sí alcanzó a ver el milagro que tanto pidió: su regreso a la fe.
Su historia es un recordatorio para todos los que oran por la conversión de alguien que aman: la constancia en la oración tiene fruto, aunque no siempre en el tiempo que esperamos.
"Hijo de tantas lágrimas no puede perderse." palabras que un obispo le dijo a Santa Mónica sobre Agustín, y que se cumplieron.