Dulce Madre

Dulce Madre Dulce Madre, no te alejes tu vista de nosotros no apartes

"ESCUCHA, PONLO EN TU CORAZÓN, HIJO MÍO EL MENOR, QUE NO ES NADA LO QUE TE ESPANTÓ, LO QUE TE AFLIGIÓ, QUE NO SE PERTURBE TU ROSTRO, TU CORAZÓN; NO TEMAS ESTA ENFERMEDAD NI NINGUNA OTRA ENFERMEDAD, NI COSA PUNZANTE, AFLICTIVA. ¿NO ESTOY AQUI, YO, QUE SOY TU MADRE? ¿NO ESTÁS BAJO MI SOMBRA Y RESGUARDO? ¿NO SOY, YO LA FUENTE DE TU ALEGRÍA? ¿NO ESTÁS EN EL HUECO DE MI MANTO?

31/12/2019

Les Pido Oración por el creador de está página. Ruego a nuestra Madre Santísima interceda ante su Amadisimo Hijo Señor Jesús.
Por mi Salud física y espiritual.
Mil Gracias

27/12/2019

Hermoso Testimonio

15/10/2019

Que recurrir a María sea cosa utilísima y santa no pueden dudarlo sino los que no tienen fe. Pero lo que quiero probar es que la intercesión de María es necesaria para nuestra salvación; necesaria, no absolutamente, sino moralmente, para hablar con propiedad. Y digo yo que esta necesidad brota de la misma voluntad de Dios, que quiere que todas las gracias que nos dispensa pasen por las manos de María, como lo dice san Bernardo y es sentencia común entre teólogos y doctores, como lo dice el autor de El reino de María. Esta sentencia la sostienen Vega, Mendoza Paciuchelli, Séñeri, Poiré, Crasset e innumerables autores. El P. Natal Alejandro, autor por cierto muy mirado en las proposiciones que sostiene, dice ser voluntad de Dios que todas las gracias las debemos esperar por medio de María. “El cual –son sus palabras– quiere que todos los bienes los esperemos de él, pero pidiendo la poderosísima intercesión de la Virgen madre cuando la invocamos como se debe”. Y cita para confirmarlo el célebre dicho de san Bernardo: “Esta es su voluntad, que todo lo obtengamos por María”. Lo mismo siente el P. Contenson, quien explicando las palabras de Jesús en la cruz a san Juan: “He aquí a tu madre”, añade: “Como si dijera: nadie participará de mi sangre si no es por la intercesión de mi Madre. Las llagas son fuentes de gracias, pero a nadie llegarán sus raudales sino encauzados por María. Juan, discípulo mío, tanto más serás amado por mí cuanto más la ames”.Esta proposición de que cuantos bienes nos llegan del Señor nos llegan por medio de María no agrada a cierto autor, el cual, por lo demás, aunque habla con no poca piedad y doctrina de la verdadera y falsa devoción, sin embargo, al hablar de la devoción hacia la Madre de Dios se muestra muy tacaño en reconocerle esta gloria, que no han tenido inconveniente en proclamar san Germán, san Juan Damasceno, san Anselmo, san Buenaventura, san Antonino, san Bernardino de Siena, el venerable abad de Celles y tantos otros doctores que no han tenido dificultad en afirmar que, por lo dicho, la intercesión de María no es sólo útil, sino necesaria. Dice el mencionado autor que semejante proposición de que Dios no concede ninguna gracia sino por medio de María es una hipérbole salida de la boca de algunos santos por un fervor exagerado, los cuales, hablando con propiedad, sólo querían decir que habiendo recibido por María a Jesucristo, por sus méritos recibimos todas las gracias. De otro modo, dice, sería un error creer que Dios no puede conceder las gracias sin la intercesión de María, ya que el Apóstol dice que no tenemos más que un solo Dios y un mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo (1Tm 2, 3). Hasta aquí lo que dice ese autor.Pero, con su permiso, le responderé con la misma doctrina que enseña en su libro: que una es la mediación por estricta justicia y otra la mediación de gracia por vía de intercesión. Es muy distinto decir que Dios no pueda, a decir que Dios no quiera conceder las gracias sin la intercesión de María. Con mucho gusto confieso que Dios es el manantial de todo bien y Señor absoluto de todas las gracias, y que María es una criatura que todo lo que tiene lo ha recibido por gracia de Dios. Pero ¿quién puede negar que es sumamente razonable y conveniente afirmar que Dios, para exaltar a esta maravillosa criatura que lo ha honrado y amado más que todas las demás juntas, y que el Señor, habiendo elegido a María por Madre de su Hijo y redentor de todos, quiere que todas las gracias que se han de conceder a los redimidos pasen y se distribuyan por las manos de María? Confieso que Jesucristo es el único mediador de justicia con todo derecho, que con sus méritos nos mereció la gracia y la salvación; pero afirmo que María es mediadora por gracia y que si todo lo que obtiene es por los méritos de Jesucristo, porque lo pide en nombre de él, es que las gracias que obtenemos todas las conseguimos por su intercesión.Nada hay en esto que sea opuesto a los dogmas sagrados, sino que, por el contrario, todo ello es conforme al sentir de la Iglesia, que en las oraciones que ella aprueba nos enseña a recurrir constantemente a esta Madre de Dios y a llamarla: Salud de los enfermos, refugio de pecadores, auxilio de los cristianos, vida y esperanza nuestra. La misma santa Iglesia en el Oficio de las festividades de María, aplicándole palabras del libro de la sagrada Escritura, nos da a entender que por ella nos colma Dios de esperanza: “En mí está toda esperanza de vida y de virtud” (Ecclo 24, 25). Por María encontraremos la vida y la salvación eterna: “El que me encuentre, encontrará la vida y alcanzará del Señor la salvación” (Pr 8, 35). Y en otro lugar: “Los que se guían por mí, no pecarán; los que me esclarecen, tendrán la vida eterna” (Ecclo 24, 30-31); cosas todas que expresan la necesidad que tenemos de la intercesión de María.

04/10/2019

Como la cierva herida lleva su dolor a donde va con la flecha que la hirió, así la Madre de Dios, después del vaticinio de Simeón, como vimos en la consideración del primer dolor, llevó siempre consigo su dolor con el recuerdo continuo de la pasión de su Hijo. Halgrino, explicando el pasaje de los Cantares: “Y los cabellos de tu cabeza son como púrpura del rey puesta en flecos” (Ct 7, 5), dice que estos cabellos de María eran los pensamientos continuos de la pasión de Jesús que le hacían ver a cada instante la sangre que un día había de brotar de sus llagas. “Tu mente, María, y tus pensamientos estaban teñidos con la sangre de la pasión del Señor, de tal manera que era como si viera constantemente manar la sangre de las llagas”. El mismo Hijo era la saeta en el corazón de María, que cuanto más amable se le mostraba tanto más le hería con el dolor de tenerlo que perder con muerte tan despiadada. Pasemos a considerar la segunda espada de dolor que le hirió en la huida a Egipto que tuvo que emprender con su Hijo por la persecución de Herodes.

Cuando oyó Herodes que había nacido el Mesías, temió neciamente que le iba a arrebatar su reino, por lo que san Fulgencio, recriminando su locura, le habla así: “Herodes, ¿por qué te turbas de ese modo? Este rey que acaba de nacer no viene a destronar reyes batallando, sino a subyugarlos de modo admirable con su muerte”. Esperaba el impío que los Reyes Magos le trajeran noticias de dónde había nacido el rey a fin de quitarle la vida; pero al verse burlado por los Reyes Magos ordenó la matanza de todos los niños de Belén. Por eso el ángel se apareció en sueños a san José y le mandó: “Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto” (Mt 2, 13). Y aquella misma noche avisó a María y tomando el niño emprendieron la huida. “El cual, levantándose, tomó al niño y a su madre, de noche, y huyó a Egipto” (Mt 2, 14). “Oh Señor –dijo entonces María (como piensa san Alberto Magno)–, ¿tiene que huir de los hombres el que ha venido a salvar a los hombres?” Y entonces comprendió la afligida madre que ya comenzaba a realizarse en su Hijo la profecía de Simeón: “Éste ha sido puesto como signo de contradicción” (Lc 2, 37), viendo que, apenas nacido, era perseguido a muerte. Qué sufrimiento el del corazón de María, dice san Crisóstomo, oír que le intimaba la orden de ir con su Hijo a tan duro destierro. Huye de los tuyos a los extraños, del templo a la sede de los demonios. ¿Qué mayor tribulación que ver al recién nacido colgado del cuello de su madre y ésta obligada a emprender la fuga?

29/09/2019

MARÍA PRESENCIA EL PASO DE JESÚS

¡Qué exceso de dolor fue para ella ver los clavos, los martillos y los cordeles que llevaban delante los verdugos y todos los horribles instrumentos para matar a su Hijo! ¡Y qué espada para su corazón al oír la corneta que anunciaba la sentencia contra su Jesús! Pero he aquí que después de haber pasado los instrumentos, el pregonero y los ministros de la justicia, alza los ojos y ¿qué ve? Ve a un joven cubierto de sangre de pies a cabeza, con una corona de espinas, con una pesada cruz sobre las espaldas; lo contempla y casi no lo conoce, diciendo entonces con Isaías: “No tenía apariencia ni presencia” (Is 53, 2). Sí, porque las heridas, las moraduras y la sangre coagulada le hacían semejante a un leproso, de modo que estaba desconocido: “Despreciado, varón de dolores, desecho de hombre, no lo tuvimos en cuenta” (Is 53, 3).

Pero, al fin, el amor se hizo reconocer; y una vez que lo hubo conocido, como dice san Pedro de Alcántara: “Qué lucha se entabló entre el amor y el temor en el corazón de María. Por una parte, deseaba verlo; mas, por otra, le daba temor ver algo tan digno de compasión. Finalmente, se miraron; el Hijo, apartándose de los ojos un grumo de sangre que le impedía la visión, como le fue revelado a santa Brígida, y la Madre miró al Hijo. Y sus miradas llenas de dolor fueron como otras tantas flechas que traspasaron aquellas dos almas enamoradas. Margarita, hija de santo Tomás Moro, cuando vio que su padre iba hacia la muerte, no pudo decir más que: ¡Padre, padre!, y cayó desvanecida a sus pies. María, cuando vio a su Hijo que iba hacia el Calvario, no se desvaneció, no; porque como dice el P. Suárez, la Madre de Dios no podía perder el uso de la razón; ni murió, pues Dios la reservaba para un mayor dolor; pero si no murió sí sufrió un dolor capaz de causar mil muertes.Quería la Virgen abrazarlo, como dice san Anselmo, pero los esbirros la rechazan, injuriándola, y empujan hacia adelante al adorado Señor; y María lo sigue de cerca. Virgen santa, ¿a dónde vas? ¿Al Calvario? ¿Te atreverás a ver colgado de la cruz al que es tu vida? San Lorenzo Justiniano imagina que el Hijo le dice: Oh Madre mía, detente: ¿a dónde quieres ir? Si vienes conmigo serás atormentada con mi dolor y yo con el tuyo. Pero a pesar de que ver morir a Jesús le ha de costar un dolor tan acerbo, la amante María no quiere dejarlo. El Hijo va delante, y la Madre junto a él para ser con él crucificada. Dice Guillermo: La Madre llevaba su cruz y le seguía para ser crucificada con él.

Escribe san Juan Crisóstomo: Hasta de las fieras nos compadecemos. Si viéramos a una leona que va detrás de su cachorro que lo llevan a matar, daría compasión. ¿Y no dará compasión ver a María junto a su Cordero inmaculado que es llevado a la muerte? Tengamos compasión de ella y procuremos acompañar a su Hijo y a ella también nosotros, llevando con paciencia la cruz que nos manda el Señor. Pregunta san Juan Crisóstomo: ¿Por qué Jesucristo quiso estar solo en los demás sufrimientos y en cambio, al llevar la cruz, quiso ser ayudado por el Cireneo? Y responde: Para que comprendas que la cruz de Cristo no te sirve de nada sin la tuya. No basta para salvarte la sola cruz de Jesús si no llevamos con resignación la nuestra hasta la muerte.

La Asunción de María
15/08/2019

La Asunción de María

10/06/2019

Si se levantan los vientos de la tentación: si te arrastran hacia los acantilados de la desesperación... mira la estrella; invoca a María.

Si están a punto de ahogarte las olas de la soberbia, la ambición, la envidia, la rivalidad...mira a la Estrella; Invoca a María.
San Bernardo

20/04/2019

Mi Jesús, tiene sueño,
por el camino se me durmió
tres veces el pobrecillo.

Hijito, duerme, duerme,
que en esta noche,
no habrá quien te despierte.
De mañanita, llorando,
por los caminos del cielo,
salió mi niño a buscar
su rebaño de corderos.

Todos andaban perdidos
Entre los barrancos negros....
En un bosque de alaridos
y brazos en alto tensos,
entró mi Niño temblando
de soledad y de miedo...

Las flores eran de sangre,
las ramas eran flagelos,
las maldiciones volaban,
como pájaros, al viento.

¡Era tan largo el camino,
estaba el aire tan negro,
que mi Niño se cayó
tres veces en el sendero;
y cuando a los ojos de agua
se acercó a beber sediento
le dieron a beber mirra
aquellos crueles veneros!

Por fin se subió mi Niño
sobre las ramas de un cedro
por ver si de las alturas
divisaba sus corderos.
Su séptuple canto
triste rodó por el universo.

Como un gorrioncito herido
-todo púrpura su pecho-
quedó dormido mi Niño
sobre las ramas del cedro;
las nubes le acariciaban
con devoción los cabellos..

Dormidito lo encontraron
en el camino del cielo,
y dormidito, a mis brazos,
de noche, me lo trajeron.

Tiene en sus pies dos claveles,
y en sus manos dos luceros
y en su Corazón un sol
tres veces santo y abierto.

Hijito, que entre mis brazos
yaces cansado y deshecho,
duérmete sin ansiedades
por tus perdidos corderos.

En esta noche de luna
los has juntado en el cielo;
por la inmensidad azul
vagan cándidos,
paciendo entre rosas inmortales
y remansos de luceros.

Innumerables y puros,
como los copos de invierno,
de todos los horizontes
ascienden al firmamento
Cuando la luz te despierte
ya sin dolor y sin sueño,
¡oh cómo habrás de alegrarte
por tus hallados corderos!

Hijito, que entre mis brazos yaces
desnudo y deshecho,
sigue durmiendo en la cuna
de mi amor y de mis besos....
Estos besos son los últimos
pero mi amor es eterno.

Sigue durmiendo en mis brazos,
aunque sabes que tu sueño
es espada de dos filos
que me traspasa por dentro...
Duerme que, para velarte,
está mi dolor despierto.

Mi Jesús tiene sueño,
por el camino se me durmió
tres veces el pobrecillo.

Hijito duerme, duerme,
que en la alborada vendrá
la luz divina que te despierte.

Dirección

Guadalajara
44890

Teléfono

0 443331155916

Página web

http://www.catholic.net/

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