31/12/2019
MARTES 31: YO TE BENDIGO, TE GUARDO Y TE CONCEDO MI FAVOR
(Jn 1,1-18)
Por: Nubia Celis, Verbum Dei
“¿Cómo te pagaré, Señor, todo el bien que me has hecho? ¿Qué puedo decir y qué te puedo dar? De lo más profundo de mi corazón solo brota un “Gracias”. Durante todo este año, has sido ese Alfarero que con cariño y firmeza ha moldeado mi barro; has sido también ese Buen Pastor que me ha llevado hacia aguas tranquilas, alimentándome y curándome una y otra vez. Trescientos sesenta y cinco días de fidelidad y misericordia me confirman que tus palabras son verdaderas.
Gracias porque sé que valgo mucho para ti (Is 43,3), me llevas tatuada/o en la palma de tu mano y sigues dándolo todo por mí (Jn 3,16). Me has cuidado como a la niña de tus ojos, librándome de los peligros y apartándome del mal camino (Sal 91). Como el águila incita a su nidada y revolotea sobre sus polluelos, así desplegaste tus alas y me tomaste llevándome sobre tus plumas (Dt 32,11).
Sabes que este año ha habido “de todo”: caídas y levantadas, triunfos y frustraciones, muertes y resurrecciones. Has reído y llorado conmigo. Hemos probado el desierto y la sequedad del sufrimiento, me has indicado el camino en medio de la desolación y has permitido que pasara por esas pruebas que al final, acrecentaron mi fe.
Perdona, Señor, que tantas veces no supe reconocerte y me perdí. Perdón por no valorar tu amor y por desperdiciar tanta gracia. Te entrego en este día mi viejo corazón lleno aun de vanidades y mentiras; quema con tu gracia mis pecados y dame un corazón limpio, despejado y libre (Ez 37). Quiero empezar el año con un traje nuevo, el que tú me quieres dar, ése que tienes preparado para mí (Lc 15).
Tu perdón me regenera y me llena de alegría. Me das un nombre nuevo y todo en mí es resurrección (Ap 21,1-8). ¿Qué puedo hacer con tanto amor? Tanto gozo no me lo puedo callar; el mundo entero debe saber que la auténtica vida está en ti, que tú eres la Luz verdadera que ilumina a todo hombre (Jn 1,8).
Despedir este año a tu lado es abrir el corazón y las manos a un tiempo nuevo, lleno de esperanza y buenas nuevas para todos. Un año nuevo sin miedos ni prejuicios, porque tú eres el Dueño del tiempo y de la historia y nada se escapa de tus manos”.
“Yo te bendigo y te guardo; mi rostro brilla sobre ti y te concedo mi favor. Hoy, de nuevo, te muestro mi rostro y te doy mi paz” (Num 6,24). Camina valiente y sin temor pues yo estaré contigo todos los días hasta el final (Mt 28); que nada te tambalee, levanta tu frente y recibe el nuevo año con paz y alegría porque yo creo en ti y te sostengo con mi mano victoriosa. Pongo en tus manos doce meses, que son doce semillas ¡siembra, trabaja, ama, lucha! Porque estoy en medio de ti, exulto de gozo y bailo por ti con gritos de alegría (Sof 3,17)”.