29/05/2024
Mayo 27, 2024
Sermón XVII de Juan Wesley
Notas introductorias sobre el Sermón XVII de Juan Wesley sobre la "Circuncisión del Corazón".
Fue predicado este sermón ante la Universidad de Oxford, en 1733. No estará fuera de lugar hacer dos o tres observaciones. Descubrimos, en primer lugar, que se puede muy bien tener una concepción escrituraria del Evangelio, sin g***r por ello de su consuelo, ni haberse por completo apropiado la plena redención que suministra.
Además, aunque el señor Wesley, al predicar este sermón, fue tan sincero y estaba tan lleno de entusiasmo como posteriormente, no despertó ninguna persecución, ni provocó resentimiento alguno. Los hombres no se oponen a las opiniones elevadas de las verdades bíblicas; lo que les ofende es que se apliquen esas verdades a la conciencia del individuo, y que se interrumpa el adormecimiento del alma.
Descubrimos, pues, que la predicación se hace ofensiva a muchos, únicamente cuando el predicador da su mensaje con ese poder que sólo la experiencia del corazón puede impartir. Ese mismo sermón predicado con poco efecto en 1733, habría despertado la persecución en 1740, y la razón de esto es obvia.
De este sermón, y de otro predicado por la misma época sobre “Contristando al Espíritu,” el profesor Burwash ha sacado los puntos siguientes:
1. Que esta idea de la justicia interior ya se había concebido perfectamente.
2. Que era una justicia ética, desarrollada interiormente, y no un estado meramente imputado.
3. Que la atribuía a la obra del Espíritu Santo.
4. Que hacía muy enfática la necesidad de cooperar con el Espíritu en esta obra.
5. Que aún no hacía distinción alguna entre la obra preliminar, convincente del Espíritu y la regeneración.
6. Que su concepción de la fe era general e indefinida, por lo que se explica el suplemento de la definición, a la que llama la atención en una nota.
ANALISIS DEL SERMON XVII
Las verdades más profundas de la religión, sólo se saben por medio del Espíritu de Dios, de aquí que el hombre natural las rechace. La circuncisión del corazón no consiste en el bautismo ni en otra forma exterior, sino en el estado recto del alma.
I. Se define esta condición del alma. Generalmente como justicia, especialmente como:
(1) La humildad que, oponiéndose a la justicia propia, nos convence del pecado y de nuestra insuficiencia: de lo que se sigue el desprecio del amor mundano.
(2) La fe que nos revela el llamamiento cristiano a glorificar a Dios, y el poder que Dios tiene de resucitar nuestras almas muertas en el pecado. Esta fe es un asentimiento inmovible a todas las Escrituras, pero especialmente al hecho de que Cristo ha hecho satisfacción por el pecado, y es además una revelación de Cristo en nuestros corazones, producida en nosotros por el Espíritu Santo. Libra esta fe del yugo del pecado, suministra gran consolación por medio de la esperanza, y nos fortifica para limpiar los lugares más recónditos del alma.
(3) La caridad—que es el amor de Dios—se necesita para perfeccionar esta obra. Esta no se opone al amor de nuestros prójimos o al deleite en los dones de Dios, pero hace de Dios el objeto supremo del deleite y los deseos, y quiere y desea todas las demás cosas sólo cuando tienden hacia Él.
II. ¿De qué manera me juzgaré a ver si estoy en ese estado?
(1) ¿tengo una profunda convicción de la corrupción de mi naturaleza y de que necesito a Dios?
(2) ¿Tengo fe en la obra de Dios por medio de su Espíritu?
(3) ¿Tengo el testimonio del Espíritu?
Quienquiera que no posea estos requisitos, debería ser sincero consigo mismo. Si hemos de ver este reino de Dios, debemos procurarlo, debemos esforzarnos.
La substancia de la ley perfecta hace de Dios el objeto supremo de los afectos, los deseos y las intenciones.
En síntesis:
“El sermón define la circuncisión del corazón no como una forma exterior sino como el estado recto del alma caracterizado por la humildad, la fe, la esperanza y la caridad”. Wesley analiza en qué consiste cada una de estas virtudes y cómo demuestran que el alma ha sido renovada por Dios.