24/08/2026
Después del servicio de esta mañana, hoy toca disfrutar de mis hijos y sus familias. Salir juntos, compartir, comer, reír y simplemente agradecer por el privilegio de tenernos. Y mientras los veía, no pude evitar sentirme profundamente agradecida con Dios.
¿Has escuchado esa frase que dice: “nadie puede dar lo que no tiene”? Durante mucho tiempo podría haber parecido cierta para mí. Mi infancia fue difícil; viví en dos internados y atravesé carencias de muchos tipos. Sin embargo, un día decidí rendirle mi vida por completo a Dios y permitirle cambiar la historia.
Yo no podía modificar lo que había vivido, pero sí podía decidir que aquella estructura del pasado no se repetiría en mis hijos. Y Dios, en Su gracia, me enseñó a construir algo diferente: una familia unida, cercana, que disfruta estar junta, que se ama y que hoy puede vivir cosas que para mí, en otro tiempo, parecían muy lejanas.
Así que quizá sí podemos dar algo que no recibimos, cuando primero dejamos que Dios sane, transforme y enseñe nuestro corazón.
Hoy miro a mis hijos, miro a sus familias, y pienso: gracias, Señor, porque el pasado no tuvo la última palabra. Por Tu gracia, ellos tienen un presente distinto, y creo que también caminarán hacia un futuro aún mejor.
Y hoy también quiero declarar algo sobre ti que estás leyendo esto: tu historia no tiene que repetirse en tus hijos. Lo que te faltó a ti no tiene por qué faltarles a ellos. Lo que te dolió no tiene que convertirse en su herencia.
Declaro que Dios te dará sabiduría para construir diferente, gracia para sanar lo que necesite ser sanado y fuerzas para establecer en tu casa una nueva manera de amar, de hablar, de relacionarse y de caminar juntos.
Que tus hijos y tus generaciones puedan disfrutar frutos que quizá tú no recibiste, pero que por la gracia de Dios comenzarán contigo. Y que un día puedas mirar hacia atrás y decir: “Aquí cambió nuestra historia.” ❤️