10/03/2025
Cuidado con el legalismo.
“Y les dijo: ¿Es lícito en los días de reposo hacer bien, o hacer mal; salvar la vida, o quitarla? Pero
ellos callaban” (Marcos 3:4).
Era sábado y un hombre estaba sufriendo. Los fariseos habían seguido a Jesús hasta allí, buscando una manera de acusarlo. Fue entonces cuando el hombre con la mano seca entró en escena. Este hombre había estado sufriendo física, social y económicamente. Como solía hacer, Jesús lo vio y tuvo compasión. Pero también vio a los fariseos y su desprecio legalista por los necesitados.
Incluso cuando invitó al hombre a que se acercara a Él, Jesús les habló diciendo: “¿Es lícito en los
días de reposo hacer el bien o hacer el mal, salvar la vida o quitarla”? ¿El legalismo o el amor?
¿La ley o la vida? Ellos guardaron silencio.
Ese es el peligro del legalismo. El legalismo te vuelve insensible, frío e indiferente. Te endurece
el corazón. Te hace incapaz de ver la misericordia de Dios y te hacer perder de vista el amor, la
misericordia y la salvación que todas las personas necesitan. ¿Qué gobierna tu corazón: el
legalismo o la misericordia? ¿Cuántas veces has priorizado las reglas, en lugar de ver a la persona
que está a tu lado en necesidad? Es una advertencia muy seria para cuidar en la vida.
Jesús tiene un corazón misericordioso para con todos. Es bueno con los que sufren. Sana a los
enfermos, alimenta a los hambrientos y resucita a los mu***os. Lo que hace por los discípulos y
por el hombre del texto, lo hace por todos los que claman a Él con fe. Jesús se entristeció por la
dureza de los fariseos. Al igual que en su crucifixión, Jesús se preocupa incluso por quienes lo persiguen. Este tipo de compasión solo puede venir de Dios.
En Cristo, tenemos un Dios que ama,
que perdona, y que se preocupa por nosotros. Él quiso hacerte el bien. Él no fue indiferente a tus
necesidades. Él te puso en medio de su corazón y quiso salvarte la vida. Amén.