23/10/2022
AL PRINCIPIO SON DOS, Y AL FINAL TAMBIÉN
El matrimonio es más que un contrato civil, es compromiso a muerte ante el Creador y la sociedad como testigo de la unión. Las argollas de matrimonio son el símbolo social de que ya no nos pertenecemos sino que pertenecemos a otra persona. Que ya tenemos dueño, que ya no estamos disponibles porque ahora hemos prometido lealtad a nuestra pareja hasta que Dios nos llame a su presencia.
Tu marido y tú forman parte de un equipo llamado matrimonio, es un amor incondicional, así que cuando las cosas se pongan difíciles ambos sabrán que se tienen el uno al otro para apoyarse y encontrar juntos una solución.
Además, cuando te casaste prometiste dedicar tu vida a amar de forma incondicional a tu esposo.
El creador del matrimonio instauró por medio de la Biblia un manual para la familia, y en el libro de Tito, versículo 2 nos indica que las mujeres ancianas y sabias deben enseñar a las jovencitas a amar a sus esposos y a sus hijos siendo sensatas y cuidadosas de su hogar.
En este pasaje bíblico, la primera enseñanza es amar a tu marido, ya que la relación con él comenzó primero que tu relación con tus hijos.
Tus pequeños crecen cada vez más, y llegará el momento en el que ellos tendrán que emprender su propio camino e inevitablemente se irán de tu hogar. Si en todos los años que llevas casada tú preferiste darle mayor prioridad a tus hijos, cuando ellos se marchen quedara un vacío en tu matrimonio y se darán cuenta que ya no tienen temas de conversación ni nada en común que los siga uniendo.
"Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.”
Marcos 10:9