18/08/2026
OPTAR POR LOS POBRES ES OPTAR POR LA SANTIDAD
«La santidad de la Iglesia de los pobres es la santidad del siervo [de Jahvé] , el siervo que en un primer momento busca la justicia y el derecho para las naciones, que en ese hacer justicia carga sobre sí el pecado del mundo, y cargándolo lo quita y lo transforma en salvación.
En ese hacer lo del siervo y hacerlo como el siervo, la Iglesia se hace cristianamente santa. De esa forma recobra el amor como la forma de santidad, y en sus dos vertientes fundamentales: la eficacia del amor para la liberación y la gratuidad del amor en forma de martirio. Por simple que parezca, la Iglesia de los pobres es la que recobra la fundamental verdad evangélica: nadie tiene más amor que el que da la vida por los hermanos. Y desde ese dar supremo comprenderá por analogía todo lo que es amor y santidad.
La Iglesia de los pobres ve la santidad en salvar al mundo, pero en salvarlo como el Siervo y como Jesús, no desde el poder sino desde abajo, desde la pobreza, la solidaridad con los pobres, con su causa y destino, desde la persecución y desde el martirio. Recobra por ello la más profunda dimensión de la santidad de Jesús que es la kénosis. Pero si llega a hacerlo —y no hay más que recordar los miles de cristianos amenazados, perseguidos, calumniados, capturados, torturados y asesinados en América Latina— es porque los pobres la obligan objetivamente a hacerlo. La santidad de la Iglesia, la dimensión kenótica dé su santidad no aparece en la intención de querer abajarse para salvar al mundo, sino en la exigencia objetiva y estructural que los pobres representan. Optar por los pobres es automáticamente optar por la forma de santidad del Siervo».
- Jon Sobrino, "Resurrección de la verdadera iglesia".