20/03/2023
Hoy recordamos con cariño y admiración a san José, el hombre que formó a Jesús.
Qué encargo más grande el que recibió José al ser escogido como el custodio del Hijo de Dios, sin duda una pesada cruz. Proveer, además del sustento, toda la experiencia que un padre puede dar a un hijo para enfrentar lo que venga. Con las limitaciones de todo hombre, nuestro querido José se puso manos a la obra, acogió a María como su esposa y al Hijo como a su hijo.
Poco a poco, José se fue dando cuenta que aquel niño era un niño fuera de lo común, hecho para emprender la obra más grande del mundo, su salvación. Ninguna empresa ha sido más grande y qué dicha para él, haber puesto su granito de arena, en esta historia. Y así de fundamentales son la sopa de frijoles, el enseñar a caminar y el jalón de orejas en la vida de los pequeños a quienes nos han encomendado. Prepararlos para lo que venga y especialmente a reconocer y a abrazar la cruz que toca cargar.
Algunos dicen que la educación es la herencia más grande que un padre puede dar a sus hijos, otros dirán que casas y dinero en el banco. Lo cierto es que más que prepararlos para la vida, hay que prepararlos para la muerte, y una muerte santa, porque de ella depende el futuro. Aunque pueda sonar pesimista o fatalista, la vida es en sí un camino de preparación para la plenitud de la verdadera vida.
Ver a nuestros hijos, como hijos e hijas de Dios lo cambia todo. San José nos inspire a ser tutores santos para una vida plena.